Cultivo y zonas antrópicas. 

La riqueza en nitrógeno por el uso de abonos de las tierras de labor provoca, al ser abandonadas, la colonización por diversos matorrales nitrófilos como las bojas pestosas (Artemisia barrelieri y Artemisia herba alta ssp. valentina), la bufalaga marina, la escobilla o los cardos borriqueros y diferentes tipos de malas hierbas. Estas áreas, las de cultivo y los núcleos de población presentan menores índices de diversidad biológica que las anteriormente descritas y suelen estar colonizadas por especies animales que presentan un mayor o menor grado de antropofilia. 

Abubilla. © JJMG.Entre las aves el ejemplo más claro es el del gorrión común, aunque otras muchas están ligadas también a estos medios como el estornino negro, la collalba rubia, la lavandera blanca, la abubilla, el verdecillo, el verderón común, la golondrina común, el avión común, el triguero, la grajilla y diversas especies de mosquiteros, destacando en los campos de cereal la presencia de la codorniz.

Los mamíferos más abundantes son el ratón casero, la rata común, el zorro y el murciélago común y, entre los reptiles, la lagartija ibérica, las salamanquesas común y rosada y la culebrilla ciega, experta devoradora de lombrices.  

Roquedales y cantiles. 

En este hábitat, aunque con una cobertura vegetal escasa, se desarrollan las denominadas comunidades rupícolas, concentrando el mayor porcentaje de plantas endémicas como Lafuentea rotundifolia y Teucrium freyni o las rarísimas Sarcocapnos enneaphylla ssp. saetabensis y Cosentinia vellea

Halcón peregrino (hembra). © JJMG.En estos tajos nidifican algunas rapaces amenazadas como el halcón peregrino, el búho real, algunas parejas de águila perdicera y, probablemente, una de águila real. Ligadas a estos riscos aparecen también los vencejos real, pálido y común, el avión roquero y la collalba negra y, entre los reptiles mejor adaptados, la lagartija ibérica, el lagarto ocelado y la salamanquesa común.  

Ramblas y lagunas de agua dulce.  

Las ramblas constituyen por sí mismas uno de los ecosistemas más singulares del mediterráneo árido. El origen etimológico de la palabra, que proviene del árabe “amba”, significa arena y es que en las ramblas el agua encauzada es un elemento restringido solo a ciertas épocas del año. Dependiendo del grado de humedad y de la salinidad del suelo suelen desarrollarse distintas comunidades de arbustos y de matorrales. Entre las más características destacan los tarayales, los zarzales, los juncadales, los azufaifares y los retamares, aunque quizá sea la adelfa el elemento más representativo y mejor conocido. En sus paredes blandas horadan sus nidos dos aves iberoafricanas, que llegan durante la primavera para criar en estas latitudes, el abejaruco y la carraca. También regresan para nidificar en estos taludes el gorrión chillón, la grajilla y el cernícalo vulgar

Sapo corredor. © FJAD.Los arbustos constituyen un refugio ideal para algunas currucas como la tomillera, la cabecinegra y la capirotada, el alzacola y distintas especies de mosquiteros. Las espinas de estos arbustos sirven a los alcaudones real y común para clavar a sus presas, generalmente insectos y pequeños reptiles, a los que devorarán posteriormente. Los anfibios más frecuentes son el sapo común y el corredor

En las desembocaduras de los ríos y en algunas zonas pueden encontrarse lagunillas o pozas de agua, enriqueciéndose notablemente el número de especies presentes. Aparecen entonces comunidades vegetales de agua dulce como los juncadales, cañaverales, carrizales y espadañales, que pueden dar refugio a multitud de aves acuáticas y de paseriformes ligados a estos medios (ruiseñores, buitrones, chochines,...) que serán analizadas en el capítulo correspondiente a zonas húmedas. También constituyen un hábitat adecuado para algunos reptiles como el galápago leproso y la culebra de agua, anfibios como la rana común y mamíferos como ratas, ratones y topillos

Playas y acantilados marinos.  

La vegetación de estos medios requiere adaptaciones específicas a la salinidad ambiental y, en ocasiones, al sustrato, así como a la falta de agua. Cambrón. © JJMG. Dentro de esta franja litoral, las zonas volcánicas constituyen biotopos bien diferenciados, ocupando extensiones considerables en del sector Suroeste de la Sierra de Cabrera y en otros puntos, como se indicó en la introducción geológica.

Entre las especies botánicas capaces de colonizar estos suelos volcánicos destaca el cornical, ampliamente representado en el litoral del levante almeriense, acompañado por otros arbustos como el palmito, única palmera de carácter europeo, y matorrales espinosos como el cambrón y el arto.

Sin embargo, las comunidades más abundantes están compuestas por matorrales como los tomillares entre los que destaca la hiel de la tierra del Cabo (Teucrium charidemi), endemismo compartido con la Sierra de Cabo de Gata.  

Amapola amarilla. © JJMG.Sin estar necesariamente circunscritas al sustrato volcánico aparecen multitud de plantas, como la siempreviva morada, la margarita de mar y Silene litorea que llenan de colorido las rocas costeras durante la primavera. Durante el verano florece en la arena de algunas playas, como la de Los Nardos en Pulpí, la azucena de mar especie rara y cada vez más escasa; también, sobre dunas costeras aparece otra planta endémica, Linaria nigrican, así como otras de distribución más amplia como la amapola amarilla.

En los suelos hipersalinos destacan comunidades de plantas halófilas entre las que merecen especial atención por su escasez y rareza el “garbancillo” (Halocnemum strobilaceum), presente en Andalucía, como único lugar, en las Salinas de Terreros (Pulpí) y Limonium estevei, especie endémica que aparece, entre otros lugares, en la Rambla de Macenas.

Los vertebrados que pueblan o visitan las playas y acantilados marinos están representados por aves acuáticas y marinas. En las playas menudean durante el invierno bandos de limícolos entre los que destacan distintas especies de correlimos, zarapitos, ostreros y vuelvepiedras, que buscan frenéticamente los pequeños microorganismos que componen su dieta entre la arena y las rocas de las playas. También durante el periodo invernal no es rara la presencia de aves marinas tan curiosas como el frailecillo y el alca torda u otras de mayor porte como los cormoranes grande y moñudo o el alcatraz común, que descansan en los acantilados rocosos. Las gaviotas y los charranes están ampliamente representados. Durante el invierno abundan las gaviotas sombrías, mientras que otras como la reidora, la de Audouin y la patiamarilla permanecen a lo largo del ciclo anual, nidificando esta última en diferentes puntos del litoral. Buscando alimento desde el aire es frecuente observar a charranes como el común y el patinegro y a otras aves pelágicas, como las pardelas y los paiños que nidifican en la cercana Isla de Terreros. Por último, merece la pena destacar la presencia durante los pasos migratorios de grandes rapaces como el águila pescadora, el halcón de eleonor, el ratonero común o el milano real