Principales
comunidades de flora y de fauna.
Realizar
un análisis de las principales comunidades de flora y
de fauna de un área tan extensa y tan diversa como la
que se analiza en este capítulo es una tarea compleja,
que requiere un importante esfuerzo de síntesis por
parte de los autores, así como otro no menos notable de
abstracción por parte del lector. En las siguientes líneas
se van a señalar a grandes rasgos los biotopos más
significativos, señalando tan sólo los elementos
principales que componen estos ecosistemas.
Pese
a su austeridad la vegetación del área presenta una
flora muy rica, compuesta por más de 1200 especies,
entre las que destacan varios endemismos que le
confieren una singularidad botánica excepcional. Esta
elevada diversidad florística se debe a diferentes parámetros
como, la gran variedad de suelos o la presencia de
microclimas o áreas especialmente húmedas en algunos
barrancos serranos. Asimismo, fenómenos de mayor
magnitud como las glaciaciones “arrinconaron” a
algunas plantas hasta estas latitudes, donde actualmente
sobreviven; asimismo, la unión física entre el Sur
peninsular y el Norte de África, en diferentes períodos
geológicos, explicaría en parte la presencia de un
elevado número de iberoafricanismos.
Pinares,
encinares y comunidades arbustivas.
De
la hipotética riqueza forestal que otrora debió
existir en la zona aún quedan algunos rodales y pies
testimoniales, como los que se han comentado con
anterioridad. Los encinares mejor conservados,
que mantienen una elevada biodiversidad y por ende
poseen un valor ecológico excepcional, se encuentran en
algunos puntos de las laderas Norte de las Sierras de Bédar
y de La Alcornia, apareciendo elementos dispersos en las
cumbres de la Sierra de Cabrera. Los pinares,
situados preferentemente sobre suelos calizo-dolomíticos,
aparecen diseminados por algunos puntos del bajo
Almanzora, siendo la especie dominante el pino
carrasco.
Destacan entre estos algunos pinares muy
antiguos situados en la Sierra de la Alcornia y Bédar,
zona noroccidental de la Sierra de Cabrera y algunas
repoblaciones recientes llevadas a cabo en los Hurtales
(Cabrera) o las correspondientes al Pantano de Cuevas
del Almanzora en la Sierra de Almagro, que presentan un
bajo grado de integración en el medio.
Sin embargo, el
pinar por excelencia del área es el situado en la
Sierra de los Pinos, dentro del término municipal de
Cuevas del Almanzora; aquí se conserva la estructura
ecológica de lo que debieron ser los primitivos pinares
de la región, con la integración de diversos arbustos
y matorrales que lo convierten en uno de los hábitats más
singulares y mejor conservados de la comarca.
Los
matorrales arbustivos y subarbustivos ocupan una
superficie notablemente mayor dentro del área que la de
las “áreas forestales” antes señaladas,
apareciendo distribuidos atendiendo al tipo de suelo y
humedad del mismo, altitud, así como al grado de
antropización, entre otros parámetros. Entre estas
comunidades de altos matorrales destacan como “cabezas
de serie” los coscojales, los palmitares,
los lentiscares y los retamares.
Éstas
agrupan comunidades vegetales de distinta
composición, en las que están presentes diversos
arbustillos e incluso arbolillos como la coscoja,
el lentisco, el palmito, el espino
negro, la efedra, el bayón, el acebuche,
el algarrobo, así como distintos tipos de retamas
(Retama sphaerocarpa, Genista
ramosissima y Genista spartoides ssp.
retamoides) y de esparragueras (Asparragus
albus, Asparragus horridus).
Bosquetes,
matorrales arbustivos y subarbustivos poseen una fauna
característica, aunque no exclusiva de este tipo de hábitats.
Las aves están ampliamente representadas; especies
sedentarias como el pito real o el mirlo común,
y otras no nidificantes como el lúgano, del pinzón
vulgar o el carbonero común constituyen quizá
el grupo de paseriformes con un Acarácter forestal A más
marcado. Algunas aves visitan estos medios durante la
primavera para nidificar, como la tórtola, el críalo
y el autillo; además de este último dos pequeñas
rapaces, el cernícalo vulgar y el mochuelo
común, están presentes la mayoría de los hábitats
descritos. Durante el invierno menudean por estos páramos
pequeños pajarillos como el mosquitero común,
las tarabillas común y norteña o el colirrojo
tizón que deslumbra al observador con su rojo
obispillo. Los reptiles encuentran en estos medios un
buen lugar para esconderse de sus predadores y para dar
caza a sus presas. El mayor de ellos, el lagarto
ocelado, está presente en casi todo el área
costera; diminutas en comparación con el anterior son
la lagartija colilarga y el eslizón ibérico,
auténtico “eslabón evolutivo” entre lagartos y
ofidios; estos últimos están bien representados por culebras
como la bastarda, la de herradura, la lisa
meridional y la de escalera. La
tortuga mora, auténtica joya de la fauna
almeriense, se adapta bien a este tipo de
terrenos, estando distribuida principalmente por
las Sierras de Cabrera, Bédar y Los Pinos donde
ocupan las zonas basales y de media montaña. Los
mamíferos también están representados en este
tipo de hábitats donde el mayor de ellos, el
jabalí, no cuenta en la actualidad con
enemigos naturales por lo que su población está
en ascenso.
Entre
los roedores más abundantes destacan el lirón
careto, el ratón de campo, la rata común,
la rata campestre, así como pequeños insectívoros
como la musaraña y la musarañita, el más
pequeño de los mamíferos europeos con un peso
aproximado de dos gramos y una frecuencia cardíaca
superior a las 1.000 pulsaciones por minuto. Todos ellos
formarán parte de la dieta de pequeños y medianos
cazadores tan expertos como la gineta, la comadreja,
la garduña o el zorro, el cual está
presente en casi todos los hábitats del espacio.