Alrededor
de la Ermita de Torregarcía, en dirección hacia la
rambla de las Amoladeras y colonizando dunas costeras,
se asienta la comunidad de vegetación climática más
árida del Continente europeo, encabezada por el azufaifo.
Este alto matorral espinoso de distribución íbero -
Norteafricana desarrolla profundos sistemas radiculares
que, en ocasiones, alcanzan cotas superiores a los 50
metros en busca de niveles freáticos subterráneos. En
torno a él se desarrollan diversas comunidades de
matorral, entre las que destaca el salado negro,
o el singular jopillo de lobo. Este micro
ecosistema ofrece cobijo a los pequeños invertebrados y
vertebrados que habitan en la zona. Entre los primeros
destaca la mariposa Tarucus theophrastus
que en se alimenta de las hojas del azufaifo durante su
fase de oruga.Algunos de los invertebrados más
conocidos son el alacrán o escorpión
amarillo y la “tarántula” o “araña
lobo”. El primero, de hábitos crepusculares y
nocturnos, pasa el día bajo las rocas protegiéndose
del sol; durante la noche entra en una frenética
actividad dentro de sus territorios de caza; al
localizar una presa clava su aguijón ponzoñoso que se
aloja en el vértice del abdomen, paralizando a su
víctima que es devorada posteriormente. Las “arañas
lobo” construyen en el suelo orificios
forrados en su parte exterior por materiales
vegetales.
Su sistema de caza consiste en aprovechar la
curiosidad de otros insectos que, al introducirse o
acercarse a su nido, son atacados rápidamente por ésta
que clava sus poderosos quelíferos (“mandíbulas”)
sobre la presa.
Reptiles
como la lagartija colirroja y mamíferos
como el erizo
moruno y el común, musarañas y musarañitas
o el conejo, diezmado por una agresiva
neumonía, son algunas de las especies más
frecuentes.
El grupo
más abundante dentro de la fauna es el de las aves,
entre las que destacan los sílvidos como las currucas
cabecinegra, capirotada, mirlona y tomillera,
alguna de las cuales nidifican entre los intrincados
espinos de estas formaciones vegetales, asegurándose
así un sistema eficaz contra sus predadores
potenciales. Los alcaudones real y chico
o común, además de nidificar en los azufaifares
los utilizan como despensa alimenticia, clavando en sus
afiladas espinas los pequeños reptiles e insectos que
componen su dieta. En los taludes arcillosos de las
ramblas colindantes, donde abundan adelfas y tarayes,
nidifican durante la primavera dos especies que pasan el
invierno en África: el abejaruco y la carraca.
Estas aves multicolores excavan galerías en dichas
paredes, llegando en ocasiones a profundidades
superiores a los dos metros para proteger así sus
nidos.
Por
último, dentro de esta síntesis de la fauna y de la
flora deben destacarse los fondos marinos ligados, tanto
a la costa volcánica, cómo a la llanura litoral, que
constituyen un capítulo específico dentro de esta
obra. Presentan una elevada biodiversidad con más de
1.300 especies, así como unos paisajes únicos dentro
del Mar Mediterráneo. Existen fondos rocosos y de arena
muy ricos en especies de alto valor culinario. Pero sin
duda, los más característicos son los fondos formados
por praderas submarinas de Posidonia oceanica,
auténticos bosques submarinos de un
extraordinario valor ecológico.
