Formación de azufaifares sobre dunas fósiles. © FJAD.Alrededor de la Ermita de Torregarcía, en dirección hacia la rambla de las Amoladeras y colonizando dunas costeras, se asienta la comunidad de vegetación climática más árida del Continente europeo, encabezada por el azufaifo

Tarucus theophrastus, mariposa asociada al azufaifo.© JJMG.Este alto matorral espinoso de distribución íbero - Norteafricana desarrolla profundos sistemas radiculares que, en ocasiones, alcanzan cotas superiores a los 50 metros en busca de niveles freáticos subterráneos. En torno a él se desarrollan diversas comunidades de matorral, entre las que destaca el salado negro, o el singular jopillo de lobo. Este micro ecosistema ofrece cobijo a los pequeños invertebrados y vertebrados que habitan en la zona. Entre los primeros destaca la mariposa Tarucus theophrastus que en se alimenta de las hojas del azufaifo durante su fase de oruga.Algunos de los invertebrados más conocidos son el alacrán o escorpión amarillo y la “tarántula” o “araña lobo”. El primero, de hábitos crepusculares y nocturnos, pasa el día bajo las rocas protegiéndose del sol; durante la noche entra en una frenética actividad dentro de sus territorios de caza; al localizar una presa clava su aguijón ponzoñoso que se aloja en el vértice del abdomen, paralizando a su víctima que es devorada posteriormente. Las “arañas lobo” construyen en el suelo orificios  forrados en su parte exterior por materiales vegetales. 

Su sistema de caza consiste en aprovechar la curiosidad de otros insectos que, al introducirse o acercarse a su nido, son atacados rápidamente por ésta que clava sus poderosos quelíferos (“mandíbulas”) sobre la presa.

Erizo. © JJMG. Reptiles como la lagartija colirroja y mamíferos como el erizo moruno y el común, musarañas y musarañitas o el conejo, diezmado por una agresiva neumonía, son algunas de las especies más frecuentes.

El grupo más abundante dentro de la fauna es el de las aves, entre las que destacan los sílvidos como las currucas cabecinegra, capirotada, mirlona y tomillera, alguna de las cuales nidifican entre los intrincados espinos de estas formaciones vegetales, asegurándose así un sistema eficaz contra sus predadores potenciales. Los alcaudones real y chico o común, además de nidificar en los azufaifares los utilizan como despensa alimenticia, clavando en sus afiladas espinas los pequeños reptiles e insectos que componen su dieta. En los taludes arcillosos de las ramblas colindantes, donde abundan adelfas y tarayes, nidifican durante la primavera dos especies que pasan el invierno en África: el abejaruco y la carraca. Estas aves multicolores excavan galerías en dichas paredes, llegando en ocasiones a profundidades superiores a los dos metros para proteger así sus nidos.

Por último, dentro de esta síntesis de la fauna y de la flora deben destacarse los fondos marinos ligados, tanto a la costa volcánica, cómo a la llanura litoral, que constituyen un capítulo específico dentro de esta obra. Presentan una elevada biodiversidad con más de 1.300 especies, así como unos paisajes únicos dentro del Mar Mediterráneo. Existen fondos rocosos y de arena muy ricos en especies de alto valor culinario. Pero sin duda, los más característicos son los fondos formados por praderas submarinas de Posidonia oceanica, auténticos bosques submarinos de un extraordinario valor ecológico.