Lagarto ocelado. © JJMG.La fauna serrana aparece mimetizada dentro del paisaje, pasando desapercibida para el observador poco experimentado. Entre los reptiles, que encuentran en estos hábitats áridos y templados un lugar óptimo para vivir, destaca por su tamaño y belleza el lagarto ocelado. Más pequeñas, pero mucho más ágiles son las lagartijas como la cenicienta, la ibérica y la colirroja, esta última ligada principalmente a los arenales costeros. El eslizón tridáctilo, de diminutas extremidades, parece una pequeña culebra aunque está más emparentada con los lagartos. La víbora hocicuda es el único reptil de picadura ponzoñosa existente en la provincia; de pequeño tamaño y con un característico “zig – zag” de color oscuro sobre su espalda, permanece escondida a la sombra de los matorrales durante el día, esperando el paso de algún incauto ratoncillo. Más abundantes son las inofensivas culebras como la bastarda, la de herradura, la de escalera o la coronela meridional, auténtica expertas en la predación de huevos y pollos de aquellas especies de aves que nidifican en el suelo. Las lluvias torrenciales y la formación consiguiente de pequeñas charcas, suelen producir la eclosión masiva de los huevos de algunos anfibios, como el sapo corredor y el común que comienzan entonces un nuevo ciclo de vida, mientras que la rana común se refugia en balsas y aljibes abandonados.

Los mamíferos suelen ser escasos en las zonas áridas, aunque hay que destacar la presencia del omnívoro jabalí que, frente a la ausencia de predadores naturales, ha incrementado notablemente su población. Escondidos en la serranía se hallan el tejón y otros hábiles predadores como la gineta, la comadreja y el zorro que controlan la población de micromamíferos, como el ratón de campo, la musaraña, el topillo común o el lirón careto. Las cuevas y minas abandonadas constituyen el refugio adecuado para varias especies de murciélagos entre las destacan el común, el ratero y el troglodita.

Cernícalo vulgar. © JJMG.El grupo más abundante y rico de vertebrados terrestres es el de las aves. Las águilas perdiceras, colonizan algunos barrancos de la serranía donde cazan reptiles, conejos, liebres y a otras aves como la perdiz. Aún nidifican en la sierra rapaces amenazadas como el halcón peregrino, el búho real y la lechuza común, siendo las más abundantes de la zona el cernícalo vulgar y el mochuelo común que, aunque de carácter nocturno, puede observarse fácilmente durante el día dentro de sus territorios de caza. Los pequeños pájaros están ampliamente representados,  destacando algunas especies íbero africanas como las collalbas negra y rubia que nidifican en pequeñas oquedades, construcciones abandonadas o en el mismo suelo. Otra insectívora nidificante es la golondrina dáurica que, en ocasiones, comparte con algunas especies de murciélagos las galerías de antiguas minas abandonadas donde instala sus nidos. Los camachuelos trompeteros, habitantes de los oasis saharianos, abundan durante el invierno y  han  nidificado en la sierra durante los últimos años.Collalba rubia. © JJMG. También crían otros paseriformes entre los que pueden citarse el pardillo común, el triguero, el verderón común, el jilguero, la curruca cabecinegra o el roquero solitario. En los acantilados e islotes costeros, se asientan importantes colonias nidificantes de gaviota patiamarilla y ocasionalmente algunas parejas de cormorán moñudo, no siendo rara la presencia del paiño común, el ave marina más pequeña de Europa. Durante el invierno suelen observarse otras especies pelágicas como el alca común, el frailecillo, alcatraz común, las gaviotas sombría y de Audouin, el cormorán grande y las pardelas cenicienta y pichoneta, entre otras.