La
fauna serrana aparece mimetizada dentro del paisaje,
pasando desapercibida para el observador poco
experimentado. Entre los reptiles, que encuentran en
estos hábitats áridos y templados un lugar óptimo
para vivir, destaca por su tamaño y belleza el lagarto
ocelado. Más pequeñas, pero mucho más ágiles son
las lagartijas como la cenicienta, la ibérica
y la colirroja, esta última ligada
principalmente a los arenales costeros. El eslizón
tridáctilo, de diminutas extremidades, parece una
pequeña culebra aunque está más emparentada con los
lagartos. La víbora hocicuda es el único reptil
de picadura ponzoñosa existente en la provincia; de
pequeño tamaño y con un característico “zig – zag”
de color oscuro sobre su espalda, permanece escondida a
la sombra de los matorrales durante el día, esperando
el paso de algún incauto ratoncillo. Más abundantes
son las inofensivas culebras como la bastarda,
la de herradura, la de escalera o la coronela
meridional, auténtica expertas en la
predación de huevos y pollos de aquellas especies de
aves que nidifican en el suelo. Las lluvias torrenciales
y la formación consiguiente de pequeñas charcas,
suelen producir la eclosión masiva de los huevos de
algunos anfibios, como el sapo corredor y el común
que comienzan entonces un nuevo ciclo de vida, mientras
que la rana común se refugia en balsas y aljibes
abandonados.
Los
mamíferos suelen ser escasos en las zonas áridas,
aunque hay que destacar la presencia del omnívoro jabalí
que, frente a la ausencia de predadores naturales, ha
incrementado notablemente su población. Escondidos en
la serranía se hallan el tejón y otros hábiles
predadores como la gineta, la comadreja y
el zorro que controlan la población de
micromamíferos, como el ratón de campo, la musaraña,
el topillo común o el lirón careto. Las
cuevas y minas abandonadas constituyen el refugio
adecuado para varias especies de murciélagos entre
las destacan el común, el ratero y el troglodita.
El
grupo más abundante y rico de vertebrados terrestres es
el de las aves. Las águilas perdiceras,
colonizan algunos barrancos de la serranía donde cazan
reptiles, conejos, liebres y a otras aves
como la perdiz. Aún nidifican en la sierra
rapaces amenazadas como el halcón peregrino, el búho
real y la lechuza común, siendo las más
abundantes de la zona el cernícalo vulgar y el mochuelo
común que, aunque de carácter nocturno, puede
observarse fácilmente durante el día dentro de sus
territorios de caza. Los pequeños pájaros están
ampliamente representados,
destacando algunas especies íbero africanas como
las collalbas negra y rubia que nidifican
en pequeñas oquedades, construcciones abandonadas o en
el mismo suelo. Otra insectívora nidificante es la golondrina
dáurica que, en ocasiones, comparte con algunas
especies de murciélagos las galerías de antiguas minas
abandonadas donde instala sus nidos. Los camachuelos
trompeteros, habitantes de los oasis saharianos,
abundan durante el invierno y han nidificado
en la sierra durante los últimos años.
También crían
otros paseriformes entre los que pueden citarse el pardillo
común, el triguero, el verderón común,
el jilguero, la curruca cabecinegra o el roquero
solitario. En los acantilados e islotes costeros, se
asientan importantes colonias nidificantes de gaviota
patiamarilla y ocasionalmente algunas parejas de cormorán
moñudo, no siendo rara la presencia del paiño
común, el ave marina más pequeña de Europa.
Durante el invierno suelen observarse otras especies
pelágicas como el alca común, el frailecillo,
alcatraz común, las gaviotas sombría y
de Audouin, el cormorán grande y las pardelas
cenicienta y pichoneta, entre otras.

