Fauna 

La fauna de este rincón de Almería es una de las menos estudiadas y conocidas dentro del ámbito provincial y cuya peor parte se la llevan, como casi siempre, los invertebrados. En este sentido, parece necesario y conveniente comenzar a realizar un catálogo exhaustivo, haciendo una especial incidencia en los ropalóceros (mariposas diurnas) que pululan por estos parajes. Otro campo tremendamente interesante y relacionado directamente con las cavidades presentes en la zona es el de la bioespeleología, ciencia que estudia a los seres vivos, en su mayoría invertebrados, capaces de vivir en las condiciones extremas de oscuridad, humedad, temperatura, etc., que presentan las simas del área.

La vida del galápago leproso está ligada a la presencia de agua. © JJMG.Es en estos secarrales de Sorbas donde comienza el último “reino” de la tortuga mora que se extiende por las sierras de Bédar, Cabrera, de los Pinos y del Aguilón, llegando hasta otras serranías de la provincia hermana de Murcia. Otro quelonio presente en la zona y ligado a los cursos de agua es el galápago leproso; dentro de Europa está presente tan sólo en la Península Ibérica y desde los Balcanes hasta el Peloponeso; gusta de aguas someras y de curso lento donde se alimenta de insectos acuáticos, gusanos y también de plantas; las parejas se aparean generalmente en el agua y los huevos (de una a media docena) son depositados en la orilla, donde nacerán las pequeñas tortuguitas de apenas 3 cm de longitud.

Culebra de herradura.© JJMG.Ligadas también a estos “sotos fluviales” y a las balsas de agua que aparecen diseminadas por los cortijos abandonados de la comarca aparecen las culebras de agua y algunos anfibios, como la rana común o los sapos corredor y comúnAdaptados a condiciones menos favorables, entre otros reptiles y anfibios representativos del área cabe destacar al lagarto ocelado, a las culebras bastarda, de herradura, de escalera, las lagartijas colirroja e ibérica y las salamanquesas común y rosada

Las aves constituyen el grupo de vertebrados más ampliamente representado en el complejo kárstico de Sorbas. Dentro de éste pueden diferenciarse, a grandes rasgos, tres grandes hábitats: las estepas de las altiplanicies, los roquedales y cantiles y “los sotos fluviales”. 

Jilguero. © JAOU.En las primeras se asientan diferentes especies de aláudidos y aves esteparias entre los que destacan la cogujada montesina y la terrera común y, en menor proporción, la marismeña, llegando a nidificar todas ellas en el área. Menudean por estos páramos otras aves de mediano porte como la perdiz, el huidizo alcaraván, no siendo rara la presencia de pequeños bandos invernales de ortegas y otros paseriformes como el jilguero.  

Tarabilla común (hembra). © JAOU.En las grietas de los roquedales y cantiles aún nidifican las últimas parejas de águila perdicera, que antaño debió ser la más abundante de las grandes rapaces de la comarca. Las “escuchas nocturnas” permiten corroborar la presencia del cada vez más escaso búho real cuyas poblaciones, a nivel provincial, se encuentran en un alarmante retroceso debido a la degradación y/o destrucción de sus hábitats naturales, así como a la caza furtiva que aún soporta la especie. Otras pequeñas rapaces presentes en el área son el cernícalo vulgar y el mochuelo común que se adaptan a los diferentes hábitats descritos.  

Carricerín común. © FJADPor último, los “sotos fluviales” albergan a un nutrido y heterogéneo grupo de paseriformes o pajarillos entre los que destacan diferentes especies de carriceros, mosquiteros, currucas, lavanderas y ruiseñores. Cerca de este tipo de hábitats hemos tenido la oportunidad de ver y de escuchar durante la internada al camachuelo trompetero, por lo que no sería extraño el asentamiento futuro de la especie como nidificante. Otras aves de distribución íbero-africana más frecuentes y que se reproducen en estas localidades son los multicolores abejarucos, carracas y oropéndolas y las collalbas rubia y negra que ponen una nota de color dentro de los tonos ocres que, aún durante la primavera, dominan este árido paisaje.

Los mamíferos de mediano porte son los únicos capaces de sobrevivir en medios tan áridos como estos. En estos secarrales de yeso y en los distintos ecosistemas que albergan están representados pequeños pero excelentes cazadores como el zorro, la gineta, la marta, o la comadreja que aparece representada aquí por una subespecie endémica del Sudeste ibérico. También nos encontramos con el omnívoro tejón, el herbívoro conejo o el insectívoro erizo moruno. En conjunto todas estas especies son difíciles de observar de forma directa al presentar hábitos crepusculares y/o nocturnos. El reconocimiento de huellas y otro tipo de restos orgánicos, herramienta básica del naturalista, son fundamentales para determinar la presencia de los mismos dentro de áreas determinadas. Asimismo, la presencia de micromamíferos en un hábitat concreto suele ir precedida del análisis sistemático de egagrópilas, elementos no digeribles que regurgitan las rapaces y otras aves de su buche; de esta forma podemos afirmar que en los yesos de Sorbas residen también musarañitas, musarañas, topillos comunes, ratones de campo y lirones caretos. Mención aparte merecen los murciélagos orejudo y troglodita, ilustres moradores de cavidades y cuevas donde, sobre todo en el periodo invernal, encuentran refugio; estos extraordinarios mamíferos voladores, precedidos de una mala fama injustificada, son cada vez más escasos y precisan urgentemente de medidas específicas de protección y conservación.