Referencias históricas.

La presencia del hombre en esta serranía se remonta a la prehistoria. Entre los primeros asentamientos pertenecientes a la Cultura de los Millares (2550-1800 a.d.C.) destacan algunos vestigios como el de Tejar, situado entre Níjar y el Joyazo, los Cerricos y el recinto de Inox. La Cultura del Argar (1800-1300 a.d.C.), caracterizada por avances en las técnicas agrícolas, en las vías de comunicación y en los aprovechamientos minerales y por una complejidad mayor de la organización social que la del período anterior, presenta algunos yacimientos significativos como los del Marchal de Inox, el Cerro de Los Tiestos, el Cerro del Rayo y Cerro de Enmedio.

Pese a la presencia constatada de romanos y visigodos en el complejo serrano, como demuestra el origen íbero-romano de Lucainena de las Torres, la “colonización” de la misma se produjo principalmente durante el período musulmán, concentrándose en su inicio en torno a la República marítima y comercial de Pechina (siglo VIII), asentada sobre la antigua Urci romana y, posteriormente, visigótica. La fundación árabe de Níjar es posterior y se produjo durante el Califato Omeya, en el siglo X; su nombre probablemente proceda del primer emir Abderramán III, “Al Nasir”, quien también propició la fundación de Almería capital. Durante el Reino Nazarí de Granada se fundaron los castillos de Huebro, Tarbal e Inox. En 1488 se produjo la capitulación ante los Reyes Católicos de la Taha de Níjar, que incluía también a Turrillas y a Lucainena del las Torres.

La Matanza. © FJAD.Durante el siglo XVI Níjar se convierte en refugio de moriscos que enseñaron a los “cristianos viejos” sus depuradas técnicas de riego agrícola y la artesanía de la seda y la alfarería. Durante la revuelta navideña de 1568 los moriscos procedentes de Lucainena, Níjar, Tarbal y Turrillas se refugiaron en el castillo del Peñón de Inox. Allí fueron masacrados por el mayor ejército cristiano de la época que hizo más de 3.000 esclavos entre mujeres y niños que partieron hacia no se sabe dónde desde el poblado de La Matanza.  

El aprovechamiento de los escasos recursos hídricos constituye una constante en el paisaje humano. © FJAD.Hasta el siglo XVIII la comarca quedó prácticamente deshabitada frente a los continuos asaltos de la piratería, epidemias como la peste y plagas de langosta. Sin embargo, esta despoblación generalizada contrasta con la sobreexplotación ganadera, provocada por La Mesta, que concentraba en los campos de Níjar hasta 600.000 cabezas de ganado procedentes de Baza y de Granada y que debió causar verdaderos estragos en la vegetación primitiva. El Reglamento de Defensa de la Costa promulgado por la Carlos III a mediados de este siglo favoreció el asentamiento de nuevas poblaciones y la consolidación de otras dedicadas al cultivo del cereal de secano y a la ganadería.  

El siglo XIX y el primer tercio del XX se caracterizaron por el auge de la minería, cómo ocurrió en otras comarcas dentro del ámbito provincial. Uno de los puntos principales estaba ubicado en Lucainena de las Torres donde aún se conservan los hornos de fundición y grandes montañas de escorias de mineral de hierro, que era transportado a través de una línea férrea hasta la localidad costera de Agua Amarga. También se construyeron cables transportadores que deslizaban los pesados minerales desde los roquedales del Colativí y de Huebro hasta el Cabo de Gata.