Sierra
Alhamilla actúa como un “filtro verde” dentro de la
aridez circundante, lo que potencia el desarrollo de una fauna
más diversa y menos condicionada a las restricciones de los
subdesiertos que la rodean. Entre los animales los más
abundantes y menos estudiados son los invertebrados.
Los
reptiles, adaptados bien a los distintos pisos bioclimáticos
de la montaña, aparecen representados por el lagarto
ocelado, las lagartijas colirroja, ibérica,
cenicienta y colilarga, diferentes
especies de culebras como la bastarda, de herradura
y de escalera y eslizones como el ibérico
y el tridáctilo. Los anfibios aparecen ligados a
balsas, charcas y cursos de agua semi permanentes, como lo
situados en la parte meridional de la sierra donde aparecen la
rana común, el sapo corredor y el común y
la salamanquesa común.Durante 1995 encontramos en
unos roquedales situados junto al Puntal, dos ejemplares de la
lagartija moruna (Lacerta perspicitallata)
con sus curiosas y características “ventanillas
transparentes”, situadas en el párpado inferior; esta
especie distribuida en el Noroeste de África e introducida en
Menorca no aparece citada dentro del ámbito andaluz, por lo
que constituye una singularidad zoológica que podría ser
investigada por herpetólogos especializados.
El
mayor de los mamíferos presentes es el jabalí, capaz
de recorrer durante la noche decenas de kilómetros en busca
de alimento, permaneciendo habitualmente escondido durante el
día.
Como expertos cazadores se pueden citar al zorro que
se adapta bien a todos los hábitats de la serranía, la gineta,
la comadreja y el tejón o pequeños roedores
como el ratón de campo, la rata común, el lirón
careto y el conejo, entre otros. Existen
referencias históricas de la presencia del gato montés,
hoy supuestamente extinguido en esta serranía.
Las
aves constituyen el grupo de vertebrados mejor representado. Sierra Alhamilla es una de las Zonas de Especial Protección
para las Aves, declaradas por la Unión Europea; sin embargo,
llama la atención la escasez de estudios publicados acerca de
las comunidades orníticas específicas de esta serranía, con
la notable excepción del trabajo de Jesús García Latorre
(1997) en el que aparecen citadas 46 especies invernantes en
el área.
En
los encinares y pinares de las cumbres y de la media montaña
aparecen algunas especies ligadas, aunque no exclusivas, a las
masas boscosas. Entre éstas destacan pájaros carpinteros
como el pito real y aves forestales, atraídas quizá
por las repoblaciones de coníferas, como el piquituerto
común y el carbonero garrapinos, destacando entre
las nidificantes habituales el carbonero común, el herrerillo
común y la paloma torcaz muy abundante en el área.
Otros pajarillos presentes en estos medios y en los matorrales
circundantes son el escribano montesino, el chochín,
el alzacola, el petirrojo, el verderón común,
el verdecillo, el pardillo, las currucas
tomillera, rabilarga y cabecinegra, los alcaudones
común y real, el zorzal común, el colirrojo
tizón, o tarabilla común, entre otros muchos. Los
roquedales y los márgenes de las ramblas donde aparecen
escarpados taludes constituyen hábitats propicios para
nidificación de especies tan dispares, el roquero
solitario, el vencejo real, el avión roquero,
la abubilla, las vistosas carracas o los
multicolores abejarucos.
En
ambos márgenes de las zonas basales de la sierra los
espartales y tomillares constituyen áreas adecuadas propicias
para el desarrollo de comunidades de aves esteparias, entre
las que destacan el sisón, el alcaraván, la ortega
o el camachuelo trompetero y de pequeños aláudidos
como la alondra común, la calandria, las terreras
común y marismeña y las cogujadas común y
montesina, así como la rara alondra de Dupont,
que se distribuye en distintos puntos de la solana de la
sierra, como en los alrededores de la barriada almeriense de
Las Cuevas de los Úbedas y en la finca nijareña de El
Jabonero.
Entre
las “rapaces forestales” adaptadas a las masas boscosas de
pinar y de encinar destaca la presencia de dos especies
sedentarias, el azor y el gavilán. Los cantiles
y roquedales de estos barrancos serranos constituyen un
refugio importante para otras rapaces amenazadas como el águila
perdicera que, dentro de su escasez, presenta en esta
serranía densidades de población elevadas dentro del ámbito
provincial; también aparece aquí la mayor y quizá la más
bella de las rapaces nocturnas, el búho real y el
cazador alado más experto y veloz, el halcón peregrino.
De distribución más amplia y menos determinada por hábitats
concretos nidifican también la lechuza común, el cernícalo
vulgar y el mochuelo común. Completando esta lista
de ilustres predadores alados pueden observarse, en diferentes
épocas del año, especies como el ratonero común, los
aguiluchos cenizo y pálido, el águila
culebrera, así como otras grandes rapaces de carácter
divagante por estos lares entre las que se pueden destacar el águila
real, el milano negro, el halcón abejero o
el buitre leonado.