Mantis religiosa. ©  JJMGFauna: Los animales capaces de vivir en este tipo de hábitats necesitan, al igual que la vegetación, adaptarse a los rigores del medio. Las precipitaciones juegan un papel fundamental en los ciclos biológicos del desierto. Cuando éstas aparecen se produce una explosión en la población de insectos, lo que es aprovechado por animales superiores. Se han catalogado hasta quince clases de mamíferos, setenta de aves, once de reptiles y tres de anfibios, así como un número muy elevado de invertebrados. 

Entre las mariposas diurnas destaca la saltacercas. ©  JJMG.La distribución espacial de la fauna está condicionada por diversos factores. La presencia de manantiales de agua o la propia humedad de las ramblas atraen a la mayor parte de éstos. Asimismo, las zonas de solana y las de umbría condicionan su distribución, siendo estas últimas las que concentran los mayores contingentes.

Podrían distinguirse fundamentalmente tres clases de hábitats: montes, ramblas y llanuras. En los primeros abundan las plantas labiadas, como el tomillo o el espliego, constituyendo la base de la cadena alimenticia.

El canto de la perdiz delata su presencia en los amplios espartales. ©  JJMG.La presencia de abejas y de otros insectos que liban sus néctares conforman la dieta principal de especies como el abejaruco, que construyen sus nidos en profundas cavidades horadadas en los taludes de las ramblas para así protegerlos de predadores como la culebra de herradura o la bastarda. Conocida por todos la perdiz roja, que se adapta bien a estos secarrales montanos, anida escondida entre los espartales, pasando inadvertida y mimetizada con el paisaje.

Lagartija colirroja. ©  JJMG.Algunos halcones peregrinos y águilas perdiceras y reales, que viven en la vecina Sierra Alhamilla, utilizan a estas zonas como territorios de caza, siendo utilizados durante la noche por el búho real. Entre sus presas encuentran los conejos y otros pequeños roedores como el ratón de campo, el lirón careto o reptiles como el lagarto o la lagartija colirroja. También los zorros caminan al atardecer entre los atochares, en busca de algún nido que sacie su hambre.