Fauna:
Los animales capaces de vivir en este tipo de hábitats
necesitan, al igual que la vegetación, adaptarse a los
rigores del medio. Las precipitaciones juegan un papel
fundamental en los ciclos biológicos del desierto. Cuando
éstas aparecen se produce una explosión en la población
de insectos, lo que es aprovechado por animales
superiores. Se
han catalogado hasta quince clases de mamíferos, setenta
de aves, once de reptiles y tres de anfibios, así como un
número muy elevado de invertebrados.
La
distribución espacial de la fauna está condicionada por
diversos factores. La
presencia de manantiales de agua o la propia humedad de
las ramblas atraen a la mayor parte de éstos. Asimismo,
las zonas de solana y las de umbría condicionan su
distribución, siendo estas últimas las que concentran
los mayores contingentes.
Podrían
distinguirse fundamentalmente tres clases de hábitats: montes,
ramblas y llanuras. En los primeros abundan las plantas
labiadas, como el tomillo o el espliego,
constituyendo la base de la cadena alimenticia.
La
presencia de abejas y de otros insectos que liban sus néctares
conforman la dieta principal de especies como el abejaruco,
que construyen sus nidos en profundas cavidades horadadas
en los taludes de las ramblas para así protegerlos de
predadores como la culebra de herradura o la bastarda.
Conocida por todos la perdiz roja, que se adapta
bien a estos secarrales montanos, anida escondida entre
los espartales, pasando inadvertida y mimetizada con el
paisaje.
Algunos
halcones peregrinos y águilas perdiceras y
reales, que viven en la vecina Sierra Alhamilla,
utilizan a estas zonas como territorios de caza, siendo
utilizados durante la noche por el búho real. Entre
sus presas encuentran los conejos y otros pequeños
roedores como el ratón de campo, el lirón careto
o reptiles como el lagarto o la lagartija
colirroja. También los zorros caminan al
atardecer entre los atochares, en busca de algún nido que
sacie su hambre.