El “turismo de sol y playa”. 

El turismo constituye actualmente el sector productivo más importante y el principal pilar económico de España. El desarrollismo que caracterizó a las décadas de los sesenta y setenta potenció la construcción de cientos de miles de plazas hoteleras, concentradas principalmente en las franjas costeras. El resultado fue un modelo urbanístico caracterizado por elevadas murallas de hormigón, que tienen sus mejores exponentes en localidades como Torremolinos, Fuengirola, la Manga del Mar Menor o Benidorm. Pese a lo obsoleto de este modelo arquitectónico, altamente impactante contra el medio, y que produjo la destrucción irreparable de cientos de kilómetros del litoral ibérico, hay que reconocer la importancia que tuvo en el desarrollo y la consolidación del turismo de “sol y playa” que atrajo, desde el principio, a miles de visitantes europeos. Parte del “secreto” estuvo en la relación de calidad/precio existente, inigualable en el contexto del viejo continente, que permitía pasar largos períodos vacacionales a unos precios especialmente atractivos para la mayoría de los bolsillos de los vecinos del Norte.

El turismo de sol y playa es un producto obsoleto, aunque constituye la segunda fuente de ingresos a nivel provincial. © APR.Las principales características socioeconómicas que marcaron este período en el ámbito provincial y que han sido comentadas con anterioridad, provocaron un distanciamiento del desarrollo turístico almeriense con respecto al "boom" que caracterizó a la mayor parte del ámbito mediterráneo peninsular.

Sin embargo, existen algunos ejemplos que ponen de manifiesto el paso, aunque efímero, de estas tendencias por Almería, como las torres del barrio del Zapillo en la capital, los “rascacielos” de Aguadulce, de la avenida principal de la urbanización de Roquetas de Mar o de algunos hoteles de Almerimar, los cuales contrastan con el modelo arquitectónico menos “agresivo” que ha caracterizado a la mayor parte de los nuevos núcleos turísticos y al desarrollo de los antiguos, en esta costa del Sudeste peninsular. 

Este distanciamiento con respecto a la evolución de otros mercados turísticos, ha contribuido indirectamente al desarrollo de modelos sostenibles, con unas infraestructuras capaces de competir con las mejores dentro del contexto europeo. Por otro lado, ha permitido el desarrollo de una oferta de turismo no masificado, poco común dentro de este ámbito, y de otra aún escasamente dimensionada de turismo rural y de la naturaleza que, potencialmente, pueden cubrir la creciente demanda que se está creando al respecto dentro del ámbito, tanto de España, como del resto de Europa.

En turismo ocupa en la actualidad el segundo lugar dentro de la economía almeriense. Durante los últimos seis años se ha asistido a un crecimiento anual en el número de visitantes, al igual que ha ocurrido en el resto de Andalucía, donde se generaron beneficios superiores a los 1,8 billones de pesetas. Según datos del Sistema de Análisis y Estadística de Turismo de Andalucía (SAETA), organismo dependiente de la Consejería de Turismo y Deportes de la Junta de Andalucía, durante 1998 visitaron la provincia de Almería más de 2.300.000 turistas, lo que pone de manifiesto la importancia que este sector ha alcanzado en el ámbito provincial.

Una de sus características principales dentro de la provincia es la marcada estacionalidad. La “avalancha” de turistas se concentra principalmente durante los meses de julio a septiembre, alcanzándose las máximas cotas de ocupación en agosto. En este sentido, cabe destacar que Almería contó con 22 banderas azules en 1999, lo que supone un atractivo añadido y una garantía oficial de la calidad, tanto de las aguas, como de los servicios e instalaciones. Durante este periodo el origen de los mismos es principalmente nacional, teniendo porcentualmente mayor importancia el andaluz; también llegan a Almería turistas alemanes, británicos, franceses, italianos, belgas y finlandeses, principalmente, aunque se está abriendo el mercado hacia otros países como Portugal y Polonia. El turismo invernal se nutre especialmente de países miembros de la Unión Europea, entre los que destacan el Reino Unido y Alemania, que aportan un considerable número personas, en su mayoría jubilados, que huyen de los rigores invernales de sus países de origen para gozar de la bonanza climática que caracteriza a estas latitudes.

En cuanto a los municipios que concentran la mayor parte de los alojamientos e infraestructuras turísticas destacan, en el Poniente, Roquetas de Mar, El Ejido y el propio municipio de Almería, y en la zona de Levante los municipios de Vera, Huercal-Overa y Mojácar, quedando el resto porcentualmente muy distanciados. Según datos oficiales, esta provincia cuenta en la actualidad con 265 alojamientos, entre hoteles, apartahoteles, pensiones, apartamentos, campings y casas rurales, que en conjunto ofertan aproximadamente 40.000 plazas. La oferta durante los últimos años se ha caracterizado por ser mayoritariamente de tipo medio-alto, acumulando el mayor número de plazas hoteleras en las categorías de tres y cuatro estrellas y distribuyéndose el resto en pensiones de una y dos estrellas, lo que contrasta con la escasa oferta de casas rurales inscritas como tales. La restauración ocupa un lugar destacado en la oferta turística almeriense con más de 630 establecimientos entre cafeterías y restaurantes.

Entre otras ofertas ligadas al “turismo de sol y playa”, cabe destacar la existencia de siete puertos deportivos (Aguadulce, Adra, Almería, Almerimar, Garrucha, Roquetas y San José) que en conjunto ofertan 2.898 amarres, destacando el de Almerimar con 1.100, lo que lo convierte en uno de los de mayor capacidad en el Mediterráneo. También merecen mención los cuatro campos de golf con los que, actualmente, cuenta la provincia, tres de 18 hoyos cada uno en el “poniente almeriense” (Almerimar, Envía Golf y Playa Serena) y otro, de 9 hoyos en Huercal de Almería, estando prevista la construcción de, al menos, dos nuevos campos en el “levante almeriense”. Dentro de este grupo de ofertas complementarias debe incluirse la reciente creación de dos parques acuáticos, uno en Roquetas de Mar y otro en Vera, una reserva zoológica en Tabernas y el aprovechamiento de los ya clásicos poblados del Oeste americano, también en este municipio.

Problemática actual del sector turístico en Almería y soluciones alternativas. 

Pese a la fulgurante evolución del turismo, tanto en el ámbito andaluz, como en el provincial, la mayor parte de los expertos y analistas consideran que el sector de sol y playa ha tocado techo, y que pese a que se continúen batiendo récords durante los próximos años es necesario encontrar sectores complementarios, así como luchar contra la excesiva estacionalidad que lo caracteriza. 

Invadir el litoral de nuevas urbanizaciones, quizá no sea la más inteligente de las medidas a adoptar. © JJMG.Almería puede y debe vender a los touroperadores, tanto internacionales, como nacionales, otro tipo de oferta que no entre en conflicto con la clásica de “sol y playa”, sino que contribuya a su diversificación, anticipándose a las nuevas tendencias que demandan un producto más variado y no anclado, tan sólo, en su fantástico litoral.

Parece necesario potenciar y dinamizar, desde las administraciones competentes, el turismo de interior que posee un tremendo potencial actualmente subexplotado. Yacimientos prehistóricos e históricos, pueblos recónditos y anclados en el pasado, rica y particular gastronomía y un impresionante patrimonio natural, jalonan casi todos los rincones de la provincia. Su aprovechamiento racional y ordenado constituye un atractivo añadido, difícil de encontrar en otros rincones de la Península Ibérica. Hacer compatibles el “turismo de sol y playa”, con el del interior, puede contribuir a romper la marcada estacionalidad que actualmente presenta. Almería debe vender de forma inteligente su patrimonio natural, etnográfico y antropológico que constituye la auténtica esencia de su propia cultura. 

El Plan de Excelencia Turística de Roquetas de Mar, en el que intervienen económicamente tanto el propio Ayuntamiento como la Junta de Andalucía y el Gobierno Central, es un ejemplo de las actuaciones coordinadas que deben de hacerse dentro de zonas turísticas. Entre las acciones de este Plan destacan la mejora de los equipamientos, servicios e infraestructuras, disminución de los impactos ambientales o la explotación racional de sus recursos naturales, cuyo fin es la transformación positiva del entorno. Este tipo de planes, demandados ya por otras comarcas del “levante almeriense”, constituyen un buen punto de partida para mejorar la calidad actual de la oferta. Sin embargo, sería importante comenzar a trabajar en un plan director del turismo en Almería, capaz de coordinar y establecer líneas de actuación en la que se contemplen las posibilidades y necesidades de la provincia en su conjunto, sin caer en el carácter endogámico que en ocasiones caracteriza a los Planes de Excelencia, al circunscribir sus actuaciones al ámbito municipal. 

Ante la avalancha veraniega de visitantes es necesario dotar a estos núcleos urbanos de infraestructuras públicas sobredimensionadas, aunque parezcan exageradas en comparación con la marcada temporalidad del problema. La falta de éstas provoca un fuerte desequilibrio entre las necesidades reales y la escasez de inversiones públicas. Así, actualmente se comprueba en distintas urbanizaciones costeras que los sistemas de depuración de aguas y otros ligados a la salud pública están desfasados y precisan de una adecuada y urgente modernización. No se debe obviar en este apartado el importante gasto de agua dulce que requieren estos núcleos, situados en una de las áreas de Europa donde la escasez de este recurso constituye un problema en sí mismo. 

El turismo rural y de la naturaleza tiene unas posibilidades inmensas en una provincia con las características de Almería. © FJAD.El turismo rural y de la naturaleza es un sector en crecimiento que precisa de un apoyo institucional claro y decidido. Este sector, además de cubrir una demanda que es cada vez mayor, puede contribuir directamente al mantenimiento económico de amplias comarcas rurales que, de otra forma, están condenadas al envejecimiento progresivo de sus poblaciones y a la desaparición de cualquier actividad económica en las mismas. Es necesario crear un sistema efectivo de catalogación de este tipo de alojamientos que no aparecen registrados debidamente en un gran porcentaje, por lo que permanecen en el anonimato, lo cual no es positivo para su propia promoción, ni para la recepción de ayudas o subvenciones de carácter institucional. En este sentido, cabe destacar la reciente inauguración del hotel-apartamento de “Las Menas” en Serón, rehabilitado por la Consejería de Turismo y Deportes y que puede ser la primera piedra de una serie de actuaciones a realizar en áreas deprimidas.

Las áreas litorales constituyen uno de los hábitats más frágiles, desde el punto de vista ecológico, por lo que las intervenciones humanas en las mismas suelen traer consecuencias negativas. Al impacto paisajístico, que tiende a ser disminuido en algunas de las nuevas construcciones, hay que añadir el derivado de las aglomeraciones humanas, como los residuos sólidos urbanos o las aguas fecales, que precisan de sistemas de eliminación adecuados. En ocasiones, coincide con la destrucción de hábitats de un especial valor ecológico como son las zonas húmedas, tal y como ocurrió durante 1998 en las Salinas de Guardias Viejas y que ya fue extensamente comentado en el capítulo dedicado a los humedales almerienses. 

El desarrollo de nuevas infraestructuras en amplias zonas costeras dedicadas al “turismo de sol y playa” constituye actualmente un craso error y entra en la dinámica de una política obsoleta, atendiendo a los parámetros socioeconómicos que, pese a la actual bonanza y crecimiento de este sector, anuncian cambios significativos a medio plazo en lo referente a la dispersión de la oferta turística hacia otros países de la órbita mediterránea. El desarrollo de estados magrebíes como Marruecos o países europeos, como los ligados al Mar Adriático y tristemente castigados por las últimas guerras del siglo XX, que poseen un impresionante potencial turístico, provocarán una competencia, hasta ahora desconocida, en este tipo de mercado. Además, el abaratamiento de los costes, derivado de una mano de obra mucho más barata que la española, contribuirá a la diáspora de los más fieles turistas europeos hacia otros mercados que garanticen una calidad similar y unos precios significativamente inferiores. Quizá la solución esté, como se comentaba con anterioridad, en no aumentar desproporcionadamente este tipo de sector, sino en optimizar los actuales núcleos turísticos y en diversificar sustancialmente la oferta actual.