Fauna
Al igual que las diferentes comunidades
vegetales, los animales que
viven en esta Comarca están
condicionados por diferentes
parámetros ambientales y
antrópicos, entre los
destacan su singularidad
geomorfológica y climática,
la presencia de importantes
masas forestales dentro de
un contexto altamente
desertizado, el carácter de
isla biogeográfica de
Sierra María y la constante
presión humana a la que se
han visto sometidos estos
espacios deste la
prehistoria, provocando la
extinción o disminución
poblacional de diferentes
especies. Sin embargo,
actualmente se mantiene una
elevada diversidad faunística
que coloniza los distintos hábitats
que componen el área.
El grupo más numeroso es el de los
invertebrados. Hasta la
fecha se han catalogado 244
especies, incluyendo a un
elevado número de elementos
endémicos. La Sierra de María
está considerada como Zona
de Interés Lepidopterológico
por la Junta de Andalucía.
Entre los ropalóceros o
mariposas diurnas destacan
la Apolo de Sierra María
(Parnassius apollo
ssp. mariae) como
endemismo local, Pseudacchazara
hippolytes como
endemismo del Sudeste ibérico
y Aricia marronensis y
Plevivula nivescens como
endemismos ibéricos. También,
cabe destacar la presencia
de ortópteros exclusivos de
este complejo serrano entre
los que se encuentran Engylloides
carrascoi, Euginus
puntacus y Steroplensus
squaniferus,
descubiertos por el entomólogo
Bolívar durante la primera
década del siglo XX.
Entre de los vertebrados, las aves son el
grupo mejor representado con
más de un centenar de
especies, que incluyen a las
que viven de forma
permanente o sedentarias, a
las que pasan el invierno o
a las que llegan a la zona
para nidificar, abandonándola
el resto del año. Como dato
significativo destaca que más
del 85% de las aves
registradas se reproducen en
la Comarca.
El importante porcentaje que ocupan las
áreas forestales va a
potenciar el desarrollo de
comunidades orníticas específicas.
Entre las rapaces características
de estos hábitats destacan
el azor, el gavilán
y el alcotán como
expertos cazadores dentro de
la espesura del bosque.
También, con vocación
forestal, están presentes
otras rapaces de mayor porte
como el águila calzada,
el ratonero común o
el águila culebrera,
cuyo nombre hace alusión a
una de sus preferencias dietéticas,
destacando entre las
nocturnas el autillo
y el búho chico.
Los paseriformes o pajarillos del bosque velezano cuentan con auténticos
especialistas en el
aprovechamiento de
estos medios, como el agateador
común, el pito
real, los carboneros
común y
garrapinos, los herrerillos
común y capuchino,
el piquituerto común
capaz de abrir un
piñón con su potente
pico, las currucas
tomillera y carrasqueña,
el mosquitero y
el zarcero común,
el diminuto mito,
la vistosa oropéndola
o la paloma torcaz y
la tórtola común,
que visitan el área
para nidificar durante
la primavera.
Los mamíferos de estos bosques mediterráneos
aparecen actualmente
representados por un
reducido número de
especies. Entre los
grandes ungulados
destaca el omnívoro jabalí,
capaz de recorrer
decenas de kilómetros
en sus desplazamientos
nocturnos. El gato
montés, único
felino salvaje de
estas serranías,
encuentra en estos páramos
uno de los últimos
refugios para esta
especie, cada vez más escasa en la Península Ibérica.
Otros hábiles predadores, como la gineta,
la comadreja y el zorro,
así como el omnívoro
tejón, recorren
estos y otros hábitats
de los llanos y
sierras, pudiendo dar
caza a conejos,
liebres, ratones
de campo, topillos
comunes, lirones
caretos o incluso
a la ardilla,
que probablemente
presenta en Sierra María
una subespecie de este
emblemático roedor ibérico,
como nos comentaba el
doctor Valverde, el más
insigne naturalista
que ha trabajado en
Almería.
Sin embargo, el panorama actual es mucho
menos complejo que el que se
contemplaba hace tan sólo
400 años, cuando abundaban
por estos páramos corzos,
ciervos, cabras
montesas, osos
y lobos, como lo
ponen de manifiesto las
ordenanzas de prohibición
de caza emitidas por el
Marquesado de los Vélez
durante el siglo XVI. Como
dato curioso destaca la
existencia en la actualidad
de rebaños de arruis,
el equivalente africano a la
cabra montés, que ha
sido introducida en las
vecinas sierras murcianas
como pieza de caza mayor,
desplazándose desde éstas
a algunas de las serranías
velezanas. Entre los
vertebrados de sangre fría
existe constancia de la
presencia de reptiles como
la víbora hocicuda,
las culebras bastarda y
de escalera y de
anfibios como la salamanquesa
común, entre otras.
Los roquedales y cortados, abundantes en
estas serranías, son el hábitat
preferido por algunas
rapaces como el halcón
peregrino, el águila
real y el búho real,
todas ellas amenazadas, así
como por distintos pájaros
entre los que pueden
destacarse el vencejo
real, el avión
roquero, los roqueros
rojo y solitario,
el treparriscos, el cuervo,
la grajilla, la corneja
negra, la chova
piquirroja o la paloma
bravía. Entre las
especies desaparecidas de
este hábitat a lo largo del
último siglo pueden citarse
al quebrantahuesos,
al buitre leonado y,
más recientemente, al águila
perdicera, llegando
todas ellas a nidificar en
el área. La extinción de
los dos primeros necrófagos,
pudo estar en relación con
los cambios producidos en
los hábitos ganaderos; los
cadáveres abandonados de
estos animales domésticos
constituían antaño parte
importante de su dieta. La
desaparición del águila
perdicera pudo estar
condicionada por el aumento
poblacional del águila
real con la que entra en
competencia directa, según
afirman algunos estudios. En
cualquier caso, la caza de
este tipo de aves, cuyo número
siempre suele ser escaso
dada la gran extensión que
ocupan sus territorios, ha
sido la principal causa de
que ésta y otras rapaces ibéricas
se encuentran al borde de la
extinción.
En este sentido, cabe destacar el
proyecto que se está
llevando a cabo por
parte de la Consejería
de Medio Ambiente y de
la Asociación
Naturalista Mahimón,
encaminado a la cría
en cautividad y
reintroducción
progresiva del buitre
leonado en la
Comarca de los Vélez,
donde ya cuenta con
comederos estratégicamente
situados para
garantizar su
supervivencia en
libertad, así como
otra iniciativa
tendente a potenciar
la nidificación del cernícalo
primilla, especie
amenazada que utiliza viejas construcciones para criar.
Las zonas más despobladas de las serranías,
como los pedregales y
algunos matorrales poco
densos constituyen un hábitat
propicio para diversos
paseriformes como la cogujada
montesina, el colirrojo
tizón, las collalbas
gris, negra y
rubia, la curruca
rabilarga o el acentor
alpino, especie ligada a
la alta montaña mediterránea
y que visita estas cumbres
serranas durante el periodo
invernal.
Las llanuras cerealistas, junto con los
espartales y tomillares, que
ya fueron definidos con
anterioridad, constituyen un
hábitat bien diferenciado
del resto de los
ecosistemas. A priori,
su austeridad, en cuanto al
tapiz vegetal que los
caracteriza se refiere,
parecería indicar cierta
pobreza de las comunidades
de vertebrados que pudieran
albergar. Por el contrario,
constituyen hábitats
especialmente importantes
para el asentamiento de una
variada ornitofauna, en
especial de las denominadas
aves esteparias. Entre estas
últimas destacan especies
nidificantes como la
alondra común, la totovía,
la calandria, las cogujadas
común y montesina,
la terrera común, el
sisón, la ortega,
el alcaraván, la perdiz
y la codorniz, entre
otras. Junto a estas pueden
aparecer diferentes
paseriformes capaces de
colonizar distintos
biotopos, incluyendo a otros
tipos de cultivos y a zonas
fuertemente antropizadas,
entre los que se encuentran
los alcaudones real y
común, las bisbitas
común y campestre,
el triguero, el jilguero,
el pinzón vulgar, el
papamoscas cerrojillo,
el mirlo común, los vencejos
pálido y común,
el avión y la golondrina
comunes, el gorrión
común, el cuco,
el críalo, y aves
multicolores como la abubilla,
el abejaruco o la carraca,
entre otras muchas.
Por último, como habitantes de las
riberas y sotos fluviales,
pueden citarse a especies
con tendencia a vivir cerca
del agua, como el carnicero
común, los ruiseñores
común y bastardo,
el chochín o el escribano
soteño, entre las aves
y el sapo común y el
corredor o la rana
común, entre los
anfibios.
Mención aparte merece la tortuga mora,
cuya área de distribución
incluía antaño a las áreas
más bajas de la Comarca,
donde actualmente está prácticamente
extinguida. Sin embargo, los
Vélez poseen en Las
Almohallas un centro de
recuperación y de cría en
cautividad de esta especie,
que ha sido pionero en
Andalucía. Pese a haber
contribuido positivamente al
mantenimiento de este
quelonio amenazado de
extinción, podrían
buscarse emplazamientos
alternativos en sierras
costeras almerienses, donde
aún abundan en libertad y
donde las condiciones
bioclimáticas contribuyen a
aumentar el éxito
reproductor de elementos en
cautividad.
Así mismo, están presentes rapaces
diurnas, como el cernícalo
vulgar o el aguilucho
cenizo y
nocturnas, como las lechuzas
campestre y común
y el mochuelo
que es capaz de
cazar, tanto de día,
como de noche,
contribuyendo a
controlar las
poblaciones de ratones
caseros y de
campo, entre
otros roedores.