Matorrales y pastizales 

En sentido amplio, los matorrales nevadenses corresponden a un conjunto de hábitats con características ecológicas similares, que cubren desde los pastizales, los tomillares y los espartales, hasta densos matorrales, compuestos mayoritariamente por especies espinosas y aromáticas y que aparecen como etapas de degradación de los bosques preexistentes. En estos parajes existe una variada comunidad faunística propia de estos ecosistemas. 

Estos matorrales y pastizales constituyen una de las áreas más ricas en cuanto a mariposas exclusivas, tanto de la sierra, como ibéricas, se refiere. Entre las primeras destacan Plebicula golgus, Parnasius apollo nevadensis, Agriades glandon ssp. zullichi, Agrodiaetus thersites ssp. tova o Lycaeides idas nevadensis y entre las segundas Erebia hispania, estando casi todas en peligro de extinción. Sierra Nevada está considerada como Área de Especial Interés Lepidopterológico dentro de Andalucía, habiéndose descrito entre los ropalóceros o mariposas diurnas 118 especies, 23 de las cuales constituyen endemismos en diferentes grados de exclusividad. 

También son frecuentados por predadores propios de otros biotopos, como el bosque o el roquedal, que los utilizan como zona de caza. Es el caso del águila real, el águila perdicera, el halcón común, el ratonero común, el búho real y, ocasionalmente, el buitre leonado que antaño habitaba de forma sedentaria esta serranía. La avifauna de estos páramos es rica y abundante, estando representada por especies comúnmente conocidas como el pardillo, el jilguero, el verderón común, el verdecillo, el triguero, el escribano hortelano, el gorrión moruno, los zorzales real, charlo y común, la perdiz, la codorniz, la tarabilla común, las currucas rabilarga, zarcera, tomillera y carrasqueña, la bisbita campestre, la abubilla, el mirlo común, el abejaruco, el chotacabras pardo, las collalbas negra, gris y rubia, el alzacola, y algunos aláudidos como la totovía o la cogujada común.

Verderón común. © JAOU.La avifauna de estos páramos es rica y abundante, estando representada por especies comúnmente conocidas como el pardillo, el jilguero, el verderón común, el verdecillo, el triguero, el escribano hortelano, el gorrión moruno, los zorzales real, charlo y común, la perdiz, la codorniz, la tarabilla común, las currucas rabilarga, zarcera, tomillera y carrasqueña, la bisbita campestre, la abubilla, el mirlo común, el abejaruco, el chotacabras pardo,las collalbas negra, gris y rubia, el alzacola, y algunos aláudidos como la totovía o la cogujada común.

Los matorrales, pastizales, áreas pedregosas y roquedales son un hábitat propicio para el desarrollo de distintas especies de reptiles como la víbora hocicuda. La pupila vertical, el hocico pronunciado o el dibujo en zigzag de su dorso la hacen fácilmente distinguible del resto de los ofidios de esta serranía. Aunque es la menos venenosa de las víboras ibéricas su picadura ponzoñosa, que se advierte por dos incisiones intensas en la piel, puede ser grave aunque raramente causa la muerte del individuo, por lo que se recomienda el traslado urgente a un centro médico. Otras serpientes, por lo general inofensivas, son las culebras bastarda, lisa meridional, de herradura, y de escalera, y la coronela meridional. También están presentes en este hábitat las lagartijas colirroja, ibérica, colilarga y cenicienta y los eslizones tridáctilo e ibérico. Entre los anfibios podemos citar a los sapos partero, corredor y de espuelas o al sapillo moteado. Por último, los mamíferos aparecen representados por pequeñas especies de herbívoros e insectívoros, a los que se puede añadir a los ya descritos el lirón careto, la liebre común, el conejo común o el ratón de campo. 

Ríos y sotos fluviales  

Los sotos fluviales constituyen un biotopo bien diferenciado. © FJAD.La presencia de sotos fluviales y de cursos de aguas permanentes a largo del ciclo anual constituye una de las principales características que diferencian a esta serranía del resto de las grandes montañas almerienses, contribuyendo directamente a aumentar la biodiversidad del espacio. Esta situación ha condicionado la formación de hábitats específicos con una flora y fauna determinadas. La vegetación de ribera está condicionada por diferentes factores, desde los antrópicos, hasta los edáficos. En cuanto a estos últimos, la clase de suelo influye directamente en la aparición de un tipo de flora determinada. Así, en los suelos silíceos, que en el sector almeriense suelen situarse sobre cotas superiores a los 1.400 m ocupando el piso supramediterráneo, la vegetación arbórea está compuesta principalmente por fresnos y por sauces de las especies Fraxinus angustifolia y Salix artrocinerea, respectivamente, acompañados por arces, alisos, majuelos, escaramujos, agracejos y zarzas.

Sobre suelos con un pH más básico, como corresponde a los calizos y que ocupan alturas inferiores a los descritos anteriormente, el paisaje vegetal está dominado por choperas, saucedas y olmedas. En aquellas áreas que se encharcan de forma regular aparecen olmos, álamos y sauces blancos, acompañados por un sotobosque donde predominan escaramujos, zarzas, zarzamoras y majuelos, entre otras especies. En aquellos terrenos donde la presencia de agua es más irregular, estando ausente durante el verano, las especies más representativas son diversas variedades de sauces entre los destacan el púrpura o el eleagno.  

La calidad y pureza de los cursos de aguas permanentes que nacen en Sierra Nevada potencian el desarrollo de una variada fauna, tanto de vertebrados, como de invertebrados. Las aguas procedentes de los deshielos y las correspondientes a los acuíferos garantizan la presencia de tan preciado elemento a lo largo del ciclo anual. Pese a esto, en los ríos, riachuelos y arroyos de esta serranía, los vertebrados acuáticos propiamente dichos solo tienen un representante autóctono, la trucha común, probablemente una subespecie que vive en las cabeceras fluviales. Junto a estos elementos conviven otras poblaciones de trucha común y arcoiris procedentes de repoblaciones, que ocupan los tramos más bajos de los cursos fluviales. Sin embargo, esos cursos de agua y sus aledaños, los sotos fluviales, mantienen una rica fauna de invertebrados que hacen de estos ecosistemas un territorio adecuado para diversos anfibios, reptiles, aves y mamíferos. No sólo abundan insectos y otros artrópodos, sino que también se encuentran diversas especies de planarias, sanguijuelas, caracoles, bivalvos y diferentes crustáceos, entre los que destaca el cangrejo de río

El anfibio emblemático de este hábitat húmedo es el gallipato, una especie muy parecida a los tritones cuya área de distribución se restringe a la Península Ibérica y Norte de África, apareciendo en algunas montañas del Atlas marroquí. Este auténtico fósil viviente puede alcanzar hasta 30 cm de longitud en individuos adultos, llegando a vivir más de 20 años. Habita grandes charcas, albercas de riego y estanques de huertos y jardines, donde se alimenta de diversos microorganismos como larvas de mosquitos, pulgas de agua, planarias y un largo etcétera, para lo cual permanece estático a la espera de que alguna incauta presa se sitúe a su alcance. Dentro de este grupo están presentes también la rana común, la ranita de San Antonio y el sapillo pintojo.

Entre los reptiles más representativos de este biotopo destacan los galápagos leproso y europeo, de apariencia muy similar; sin embargo la segunda especie posee tonos más claros, así como rayas laterales en el cuello que lo diferencian de la primera. También están presentes dos especies de culebras acuáticas, la de collar y la viperina; esta última, que por su aspecto se asemeja a una víbora, es totalmente inofensiva para el nombre, al igual que la anterior. 

El mamífero mejor adaptado a estos medios acuáticos es la rata de agua, apareciendo también otros pequeños roedores como el musgaño de Cabrera. Este en micromamífero de tan singular nombre no es sino una musaraña acuática, que no sobrepasa los 10 cm de longitud. De carácter insectívoro, estos diminutos y voraces cazadores acuáticos se alimentan principalmente de pequeños crustáceos, insectos, lombrices, caracoles y grandes coleópteros, entre otros, aunque no desdeñan atacar a ranas, pequeños peces, polluelos de pájaros e incluso a otros diminutos roedores. Parecen existir indicios de la presencia de la nutria común, aunque actualmente esté probablemente extinguida en esta sierra. La reintroducción controlada de este extraordinario mamífero podría constituir un atractivo reto para los especialistas en conservación de la naturaleza, así como la recuperación para esta serranía de una de las joyas biológicas de la naturaleza ibérica. 

Las aves constituyen el grupo más ampliamente representado entre los vertebrados superiores. La riqueza piscícola de estos ríos montanos no podía quedar desaprovechada para auténticos especialistas como el martín pescador, que vive en los tramos altos y cabeceras de los cursos de agua. Este hábil cazador, capaz de sumergirse hasta medio metro de profundidad, engulle a sus presas a favor de escama, es decir, comenzando desde la cabeza; nidifica en los taludes que rodean a los ríos construyendo galerías similares a las que realiza el abejaruco. Otro auténtico especialista de los cursos de agua es el mirlo acuático, excelente buceador capaz incluso de andar bajo la agua mientras busca su alimento, que consiste principalmente en larvas y ninfas de insectos. Sus consistentes nidos siempre están cerca del agua, utilizando para su construcción hierbas y musgos de distinto tipo. 

Petirrojo. © JJMG.Otros paseriformes que frecuentan este tipo de hábitat son las lavanderas blanca, cascadeña y boyera, la bisbita ribereño, el petirrojo, los papamoscas cerrojillo y gris, los mosquiteros común, papialbo y silbador, los zarceros común y pálido, los aviones común y roquero o el roquero solitario, entre otros muchos. Como pequeña rapaz nocturna destaca el autillo, que se asemeja a un búho real a escala reducida. 

Por último, cabe destacar algunas lagunas situadas en la alta montaña, sobre todo en la vertiente granadina, que poseen un indudable valor paisajístico y ecológico. Son visitadas por gran parte de la fauna alpina durante el seco estiaje y poseen una rica e interesante comunidad de zooplancton entre los que destacan rotíferos y crustáceos.

Hábitats artificiales.

Sierra Nevada, al igual que el resto de los macizos montañosos de la Península Ibérica, no ha estado exenta de la intervención directa del hombre a lo largo de los últimos milenios. Además de los asentamientos urbanos en ambas vertientes de la serranía que se sitúan mayoritariamente en las zonas basales y medias de la misma, cabe destacar la incidencia de distintas actividades humanas a lo largo de la historia, como las deforestaciones masivas que comenzaron el siglo XVI, las repoblaciones del siglo XX, la realización de caminos forestales, el pastoreo, la producción agrícola, la minería, las roturaciones de terreno o la caza, entre otras. De esta forma, las comunidades relícticas de fauna y flora se restringen, como ya se ha comentado, a las zonas de alta montaña, roquedales y algunas manchas boscosas.

Cuando la presencia humana se incrementa suelen aparecer curiosos de ecotonos o zonas de tránsito entre dos ecosistemas diferentes, donde especies domésticas y salvajes comparten y compiten por ocupar los mismos nichos ecológicos. Algunos animales silvestres suelen aprovechar los recursos alimenticios humanos como fuente de alimento, presentando un elevado índice de antropofilia. Quizá el caso más representativo sea el del gorrión común cuya adaptación a los medios ocupados por el nombre es tan elevada, que es raro encontrarlo en zonas agrestes y apartadas. Otras especies de etología o comportamiento similar al anterior son el ratón casero, la rata común o aves como la paloma zurita o el mirlo común.

Entre los micromamíferos destaca el topillo europeo. © JAOU.También otras aves como la perdiz común, la codorniz, el jilguero, la urraca, o mamíferos como el conejo común, el topillo europeo y el ratón de campo, luchan por encontrar un lugar dentro de estos medios antrópicos, aún manteniendo su estado salvaje. Entre los insectívoros que cumplen un papel fundamental en el control poblacional de invertebrados, favoreciendo por lo tanto a las actividades agrícolas, destacan en este hábitat anfibios como la salamanquesa o el sapo común, aves como las golondrinas común y dáurica, el avión común, el vencejo común, la totovía, la alondra común y mamíferos como la musaraña común, el topo común y el erizo común

Algunos predadores aprovechan la presencia de presas potenciales en estos hábitats, efectuando paralelamente un control sobre la dinámica poblacional de las mismas, sobre todo en cuanto a roedores se refiere. En este grupo podrían incluirse a algunos reptiles como el lagarto ocelado o la culebra de escalera que, como el resto de las especies pertenecientes a este orden, han sido injustamente tratadas por la cultura judeocristiana, como se desprende de la actual animadversión que la mayoría de estos seres vivos producen injustificadamente en la población. Entre las aves la lechuza común, experta cazadora de roedores y tradicional moradora de los viejos campanarios de las iglesias, es cada vez más escasa, entre otras causas por la superchería y la incultura que han vinculado a estas bellísimas rapaces con el anuncio de “malos presagios”. Otras “aves de rapiña”, como aún se las denomina en algunos trasnochados “manuales”, son los ratoneros comunes y los cernícalos, conocidos equívocamente en muchas comarcas almerienses con el nombre de gavilanes. Además del cernícalo vulgar, hay que destacar la presencia del raro y escaso cernícalo primilla especie en franco retroceso dentro de la fauna ibérica. Por último, cabe citar la presencia de algunos hábiles cazadores entre los mamíferos como la comadreja o el zorro, presentes en casi la totalidad de los hábitats descritos, el omnívoro tejón y la gineta, un primitivo carnívoro perteneciente a los vivérridos, cuya colonización y distribución en la Península Ibérica es reciente. Algunos expertos consideran que la presencia de este bello animal es el resultado de una introducción forzada, ocurrida probablemente durante la dominación árabe quienes conocedores de sus habilidades cazadoras sobre los roedores la habrían adoptado como animal doméstico e introducido posteriormente en Europa.