Comunidades de flora y fauna:

La enorme variedad de formas vivas que alberga Sierra Nevada corresponde a la confluencia de multitud de parámetros medioambientales, geográficos y antrópicos, que le confieren un carácter único dentro del Planeta Azul. En ella pueden distinguirse casi la totalidad de los pisos bioclimáticos presentes en el área mediterránea, lo que permite realizar un viaje imaginario desde el desierto sahariano de su base, hasta la tundra ártica de sus cumbres. Esta situación junto a otros factores biogeográficos ha condicionado la aparición de formas vivas exclusivas de la sierra o endemismos, confiriéndole un mayor valor ecológico.

La actividad humana ha modelado su actual aspecto. © FJAD.Sierra Nevada constituye un auténtico paraíso botánico como así lo demuestra su variada flora, compuesta por más de 1.700 especies vegetales, lo que supone casi un 25 % del total de plantas con flores, coníferas y helechos que conforman la flora española.

Además de este alto porcentaje dentro de un marco geográfico tan amplio y variado como el español, esta serranía mediterránea es el lugar de Europa que alberga el mayor número de endemismos; concretamente 242, de los que son exclusivos la sierra 44, estando el resto representados en otros puntos de la Península Ibérica. Esta breve síntesis no estaría completa si no se citara la presencia de plantas de distribución íbero - Norteafricana, común a otras sierras béticas. A esta situación contribuyen la diversidad geológica, tanto del relieve, como de los suelos, la influencia de las glaciaciones del Cuaternario que en sus avances y retrocesos fueron trayendo especies de distribución boreal y africana respectivamente y la existencia de diversos microclimas, que potencian la especialización de las comunidades vegetales que albergan, haciendo de esta gran montaña una isla bioclimática, anclada en el Sudeste Peninsular. 

La fauna, que a diferencia de la flora posee la capacidad de desplazarse en mayor o menor medida, no está tan condicionada por límites bioclimáticos. En líneas generales presenta una gran movilidad, menor en los invertebrados, en dirección ascendente o descendente a lo largo de los distintos pisos que conforman el complejo serrano y en busca de las áreas de alimentación o nichos ecológicos que mejor se adapten a sus características tróficas. Algunas especies de aves y de mamíferos suelen poseer hábitats determinados para criar, mientras que se alimentan en biotopos diferentes. Otras como el zorro o la comadreja poseen una gran capacidad adaptativa que les permite estar presentes en la mayoría de los hábitats nevadenses. Al igual que sucede con la flora, la fauna de Sierra Nevada posee elementos exclusivos, estimándose en 78 los endemismos propios del complejo, de los cuales 37 corresponden a coleópteros, 23 a lepidópteros y los 8 restantes a ortópteros. Entre los vertebrados el grupo más diverso y heterogéneo es el de las aves, aunque probablemente sea la cabra montés la especie emblemática de esta sierra mediterránea.  

Visitantes y habitantes de la alta montaña 

El hielo y la nieve son factores condicionantes de la vida en las áreas más altas de la sierra. © JJMG.En las cumbres más elevadas de Sierra Nevada las condiciones para la vida son extremas. El hielo, la nieve, el viento, la elevada insolación y las bajas temperaturas limitan la aparición de la misma. Las comunidades vegetales que se asientan en estas altitudes son de escaso porte y poseen un período vegetativo muy corto. Paradójicamente y coincidiendo con alturas superiores a los 2.800, en la denominada “área de tundra” que corresponde a la vertiente granadina, aparecen distribuidos la mayor parte de los endemismos vegetales. Se trata del área menos afectada por las intervenciones humanas y que concentra a la mayor parte de los “tesoros biológicos” de la serranía.

Las condiciones expuestas anteriormente son igualmente válidas en cotas inferiores, situadas entre los 2.000 y 2.800 m, donde se sitúa el piso oromediterráneo.

Prácticamente la totalidad de las cumbres de este macizo tienen un carácter silíceo, siendo más escasos los suelos calizo-dolomíticos. La vegetación potencial de estos últimos estaría compuesta por enebros rastreros, sabinas rastreras y, en las zonas basales del mismo, pinos silvestres de carácter autóctono (Pinus silvestres ssp. nevadensis), además de otras especies como el majuelo, el agracejo o el endrino bético que aparecen en suelos frescos.

Los bellísimos cerezos rastreros son auténticos bonsais naturales. © AHH.De especial belleza es el cerezo rastrero, especie característica de la alta montaña mediterránea; sus llamativas flores de pétalos rosados y estambres anaranjados aparecen entre abril y principios de junio. Por otro lado, la vegetación clímax de los suelos silíceos estaría encabezada por el piorno moruno y el enebro enano. En la vegetación actual del sector almeriense se entremezclan sabinas y enebros con diferentes tipos de piornales.

Entre estos matorrales espinosos, de porte achaparrado dominan especies como la genista, la arenaria y el piorno moruno, citado ya anteriormente, siendo sustituidos en cotas superiores por zahareñas, cojines y relojes. Entre los endemismos que aparecen en estas altitudes destacan la manzanilla real, la violenta de Sierra Nevada y otros menos conocidos como Arabis alpina o Saxifraga nevadensis. Por último, los pastizales de la alta montaña, denominados aquí borreguiles, aparecen representados puntualmente en lugares como Lagunilla Seca. Estos emplazamientos se sitúan sobre suelos profundos, generalmente encharcados, que durante el invierno aparecen nevados; tras el deshielo crecen sobre su superficie distintos tipos de herbazales, donde dominan especies como la aquilegia, el acónito o la dedalera, que han tenido históricamente una importante trascendencia en la ganadería durante el periodo estival.

En cuanto al reino animal puede afirmarse que no existe una fauna nival propiamente dicha, al contrario de lo que ocurre es otros sistemas montañosos de la Península Ibérica. En todo caso, los únicos habitantes permanentes de estas altitudes están representados, entre los vertebrados, por el acentor alpino, la culebrilla ciega o el topillo nival, capaz de sobrevivir durante el crudo invierno bajo la protección de las sofisticadas galerías que construye bajo la nieve. Otras especies, como la comadreja, se adaptan bien este hábitat tan restrictivo; aunque las guaridas de este ágil mustélido permanecen en los roquedales circundantes, incluyen a los prados nevados de la alta montaña dentro de sus territorios de caza, donde son capaces de atrapar al huidizo topillo nival e incluso a algunas aves como la perdiz roja, adaptada a casi todos ambientes serranos, o al mirlo capiblanco, frecuente en estas altitudes. 

Algunos invertebrados “condenados” a permanecer en las cumbres a lo largo de su ciclo vital, como ocurre con algunos insectos, no abandonan el área con la llegada del invierno, sino que adoptan diferentes estrategias de supervivencia, bien muriendo el adulto tras la puesta de los huevos que eclosionarán durante la siguiente primavera, o bien permaneciendo en estado de aletargamiento durante la estación fría. Las condiciones biogeográficas de aislamiento y las especiales características de este hábitat han ido produciendo en la fauna local de insectos procesos evolutivos comparables a los acaecidos en la flora nevadense. Como resultado de este proceso adaptativo, las cumbres de Sierra Nevada presentan en la actualidad numerosos endemismos entre los invertebrados, habiéndose catalogado 78 especies exclusivas. Quizá el más llamativo de ellos sea el carábido Iberodinus baeticus por su color verde metalizado, contrastando con la mayoría de los escarabajos que viven en estas alturas que son negros o de colores muy oscuros. Más conocidos son los de lepidópteros, como la subespecie local de la mariposa apolo (Parnassius apollo ssp. nevadensis). Este sentido, cabe destacar que la mayoría de los macizos montañosos ibéricos tienen su propia su variedad de esta mariposa. 

El deshielo primaveral coincide con una gran explosión de vida. © JJMG.El momento de mayor esplendor biológico en estas cumbres coincide con el deshielo primaveral. Gran parte de los insectos que permanecían aletargados convierten a esta zona en un gran torbellino de vida, reproduciendose con celeridad para aprovechar el breve período vegetativo del que disponen. Esta situación de estallido vital, tanto de la fauna, como de la flora, atrae a multitud de especies que permanecían en otros hábitats durante el crudo invierno. De esta forma, las cumbres serranas reciben, durante el final de la primavera y el período estival, a diferentes especies de aves que encuentran aquí recursos suficientes para satisfacer sus necesidades alimenticias.

Entre estos pájaros pueden citarse a la alondra común, la cogujada montesina, el colirrojo tizón, el mirlo capiblanco o la chova piquirroja.

Otras especies llegan a nidificar durante esta época en roquedales y cantiles, en éstas y otras cotas inferiores, como las palomas bravía y zurita, los roqueros rojo y solitario, el avión roquero, el vencejo real, las collalbas negra y gris, el gorrión chillón o el escribano montesino, entre otros. También aparecen representadas las rapaces, desde los pequeños cernícalos y mochuelos comunes, hasta las grandes y cada vez más escasas parejas de águilas reales, águilas perdiceras y búhos reales. Algunos mamíferos ascienden hasta estos prados de alta montaña para alimentarse, como el zorro y la garduña, expertos cazadores de lirones caretos y topillos comunes.

La cabra montés es el mamífero más emblemático de este complejo. © JJMG.Entre los grandes mamíferos destaca la cabra montés que utiliza a estas áreas como zona de pasto durante el estío. Ungulado exclusivo de la Península Ibérica presenta la variedad hispanica que habita en las cordilleras paralelas al Mediterráneo, encontrándose principalmente en la Sierra de Cazorla (Jaén).  La mayor parte de la población almeriense se concentra en Sierra Nevada, contando con más de 1.300 ejemplares.

Desde ésta se ha extendido a otros complejos como Filabres, Gádor y La Contraviesa. La sarna, enfermedad producida por un ácaro que afecta a la piel de los animales, constituye junto con la caza furtiva una de las principales amenazas para la especie. Actualmente dicha enfermedad afecta al sector granadino de la población, donde se está realizando un seguimiento exhaustivo de los rebaños, así como la vacunación de los mismos. Iniciar un control del número de ejemplares mediante la caza selectiva no parece procedente actualmente, ya que el sector almeriense actúa como un reservorio genético frente a enfermedades y otros avatares que pudieran poner en peligro el futuro de la cabra montés en estas latitudes.