Principales
características de su flora y fauna.

Vivir
en el desierto no es tarea fácil; animales y plantas han de
adaptase a los rigores que ofrecen estas áreas. La insolación
(superior a las 3.100 horas anuales), el viento, la pobreza del
suelo y, sobre todo, la escasez de agua condicionan directamente a
las comunidades vegetales que colonizan estos eriales. Sin
embargo, la flora del Desierto de Tabernas es muy rica, contando
con diversos endemismos. Apenas unas gotas del preciado líquido
son la ración anual para cada planta, conseguida a través de la
utilización de toda clase de adaptaciones específicas.
Flora:
Algunas plantas efímeras carecen de los mecanismos
suficientes para sobrellevar los largos períodos de
sequía, sin embargo disponen de un metabolismo muy
acelerado y de períodos vegetativos muy cortos; así, sus
semillas germinan y crecen con suma rapidez, completando su
desarrollo en breve tiempo, suficiente como para florecer y
generar nuevas semillas a la espera de otro período
húmedo. A este grupo pertenecen el raspa lengua, el matagallo
o la gamonita. La floración coincide con el
“despertar” casi sincrónico de multitud de insectos que
las polinizarán, presentando entonces el desierto un
aspecto tan espectacular como efímero.
Otras
especies afrontan el rigor del medio mediante la suculencia
o capacidad de almacenar agua en su interior, como la chumbera
y la pita, especies foráneas pero bien adaptadas a
estos medios.
Otro
procedimiento consiste en desarrollar amplios sistemas radiculares
para captar agua, bien de carácter superficial y horizontal lo
que produce el distanciamiento entre las plantas, o bien profundos
y verticales aprovechando la existencia de aguas subterráneas y
dotándose de órganos ajenos a la radiación solar, como bulbos,
tubérculos y rizomas. Algunas
formas vegetales suelen desarrollar hojas duras y muy pequeñas
para reducir la evapotranspiración, como la salicornia,
la cual coloniza gran parte de los márgenes de las ramblas.
