La ciudad experimentará un gran crecimiento durante los siglos
XVII y XVIII por su actividad comercial y pesquera, pasando de 320 vecinos
contabilizados en 1587 a 1367 según el Catastro de Ensanada de 1753. Ello
hará surgir barrios periféricos rodeando el primitivo casco amurallado,
como el barrio septentrional creado a partir de la fundación en 1606 del
Convento de Padres Mínimos de Ntra. Sra. de la Victoria, en lamentable
estado de ruina desde la desamortización eclesiástica del siglo pasado,
trasladándose su retablo principal a la iglesia de la Virgen del Mar en
Almería (destruido durante la Guerra Civil) y el retablo de la Virgen de
la Victoria se instalará en la iglesia de la Encarnación del propio
Vera.
La singularidad de la iglesia responde a la estructura mudéjar -
andaluz de tipo fortaleza con contrafuertes interiores y una decoración
interior barroca. El edificio será concebido originalmente como baluarte
defensivo relacionado con el sistema de fortificaciones de la costa y como
última defensa de la ciudad de Vera, y por ello su planta rectangular
flanqueada por torres en cada esquina, sobresaliendo una de ellas del
volumen del edificio para albergar el cuerpo de campanas.
La decoración exterior es muy sobria, pues carece de portadas (el
acceso se realiza a través de una entrada practicada en el centro del
muro lateral), adornos o elementos pudiendo hacer vulnerable al conjunto.
En la parte alta presentaba originariamente un grupo de escudos, de los
que sólo se conserva el correspondiente al obispo de Almería, D. Diego
Fernández de Villalán, habiendo desaparecido los representativos del
Papado y del emperador Carlos V.
Interiormente la planta responde al modelo de iglesia cajón de una
sola nave con contrafuertes interiores delimitando tramos, típico del gótico
del Levante español. La construcción es típicamente mudéjar, con rafas
de ladrillo y cajones de mamposteria alternados, intercalándose en las
partes altas y torres paños de sillares o sillarejos.
Los torreones de las esquinas no son macizos sino que encierran
interiormente una habitación con acceso desde cada uno de los chaflanes
de la nave mediante una puerta. Las cubiertas muestran arcos fajones,
arrancando de los pilares y compartimentándolas en tramos cubiertos por bóvedas
de crucería cuatripartitas típicamente góticas.
El retablo del altar mayor ocupa todo el muro frontal del templo y
presenta cuatro pisos: sotabanco, banco, cuerpo principal y ático,
mientras que verticalmente está recorrido por tres calles, una central y
dos laterales. El diseño general muestra una organización arquitectónica
del retablo, a la que se subordina una rica y abundante decoración. El
sotabanco o zócalo inferior cumple la función de levantar y aislar el
retablo del suelo.
El retablo será un elemento fundamental en el ambiente
contrarreformista del barroco. Constituía una aparatosa
y dramática fachada interna que recibía al fiel que penetraba el
espacio sagrado para recordarle el mensaje doctrinal de la iconografía de
Dios - Padre, Hijo y Espíritu Santo, situados por encima del mundo
terrenal, simbolizado en el primer piso. Un microcosmos del cristianismo
resumido en la recargada estructura.
El cuerpo principal presenta tres calles delimitadas por columnas
corintias exentas sustentando un trozo de entablamento roto. Las dos
calles laterales muestran hornacinas sencillas, mientras que la central
dispone un templete albergando la imagen de la Virgen con el niño.
El piso superior o ático descansa sobre un entablamento adoptado a
la curvatura de la bóveda, albergando en el centro una imagen de la
Anunciación. La Virgen de rodillas en el reclinatorio, gira al torso para
mirar el Arcángel San Gabriel, dominando la representación el Espíritu
Santo en forma de paloma sobre una nube con querubines y múltiples rayos
dorados. Empotrado en el tímpano del arco de la bóveda una representación
de Dios Padre en el paraíso celestial sosteniendo la esfera del orbe en
la mano izquierda.
Asimismo es de destacar el retablo de la Virgen de la Victoria de
la Capilla Mayor situada junto al altar procedente del vecino convento
desamortizado de los Padres Mínimos, cuya hornacida central muestra el
hueco vacío de la imagen de la Virgen de la Victoria, patrona de los
Padres Mínimos. La escultura representando la cabeza del árabe simboliza
la lucha contra el infiel musulmán así como la obsesión por el peligro
de los ataques berberisocos, todo ello dentro de la necesidad ideológica
de mostrar el dominio de la religión cristiana frente a la musulmana. Así
la cabeza del moro, la torre de costa o el barco pirata son alusiones a
esta preocupación.
LA
PLAZA MAYOR.
Esta Plazas de Vera es el centro neurálgico de la villa,
albergando el Ayuntamiento, la iglesia y el centro económico.
El edificio del Ayuntamiento es un proyecto de 1881 del arquitecto
Enrique López Rull, habitual proyectista de los edificios de la capital
almeriense. La estética utilizada es el historicismo de la segunda mitad
del XIX, donde la fachada de dos plantas, con zócalo inferior y
balaustrada de coronamiento,
muestra
una disposición simétrica de huecos con típicos arcos segmentados, además
de la cornisa de separación de plantas y reforzamiento de sillares en las
esquinas.
Proyecto
de Ayuntamiento de Vera.
El modelo es muy similar al de la Escuela de Artes de Almería,
destacando la portada monumental de ingreso, encuadrada entre pilastras y
coronada por una especie de frontón curvo albergando el escudo real de
los Borbones. Más abajo sobresale el escudo municipal de Vera, con una
llave entre dos castillos, en clara alusión al otorgamiento real del
fuero a la villa en 1494. Como curiosidad la fachada del Ayuntamiento
aparece claramente descentrada con respecto al eje de la plaza, por
acomodarse al solar preexistente.
ARCHIVO
MUNICIPAL.
El Archivo Municipal de Vera conserva documentación histórica
desde los años inmediatamente posteriores a la conquista castellana de
1488. Así, custodia una serie de libros de actas capitulaciones, donde se
recogen los acuerdos adoptados por la corporación municipal, que se
remontan a 1496 y llegan hasta nuestros días.
La documentación guardada de los siglos XVI, XVII y XVIII es
fundamental para la investigación histórica de la parte oriental del
Reino de Granada, es una época en la que la jurisdicción de la ciudad de
Vera abarcaba un amplio territorio del actual levante almeriense.
Estas especiales características convierten a este centro
documental en uno de los Archivos Históricos más importantes de Andalucía
y lugar de obligada consulta por parte de estudiosos e historiadores. Son
destacables por su riqueza, antigüedad y continuidad los fondos
documentales existentes sobre temas tan variados como la fiscalidad y la
hacienda, la organización y el aprovechamiento de los recursos del
territorio, la demografía, la justicia...
Aparte de su función de servicio a la investigación histórica,
hoy día, el Archivo Municipal de Vera cumple también otra de cobertura a
la gestión administrativa del Ayuntamiento, al tener entre sus
competencias la ordenación de los documentos que se generan en la
actualidad.
CASA
OROZCO.
Cercana a la Plaza Mayor se sitúa la llamada Casa Orozco,
propiedad de D. Ramón Orozco Gérez, natural de Vera y convertido en la más
importante fortuna almeriense del siglo XIX gracias a la mina Observación
del barranco Jaroso y posteriormente la fundición San Ramón en la playa
de Garrucha, colocando a Almería en cuarto lugar de la siderurgia española.
Lamentablemente este proyecto de fundición junto a otros
malogrados le animaron a invertir en bienes raíces, convirtiéndose en
rentista, el mayor propietario de fincas de la provincia tanto en la
comarca del Almanzora como en la propia capital, beneficiándose de la
expansión burguesa del Paseo de Almería pues gran parte de los terrenos
ocupados le pertenecían. En concreto cuando abandone su domicilio de Vera
se instala en Almería, ocupando una inmensa manzana delimitada por la
Puerta de Purchena, circunvalación del Mercado y C/ Aguilar del Campo.
Esta casa familiar de Vera presenta una cronología aproximada de
1840 - 50, es decir, coincidiendo con el “boom” de la minería del
plomo y unos excelentes beneficios. El edificio se sitúa en la transición
del neoclasicismo hacia un historicismo más decorativo, dentro de una
gran monumentalidad y carácter representativo en su tres plantas.
En la baja apenas si encontramos una portada destacada de ingreso,
como era habitual en las viviendas señoriales del Antiguo Régimen. En
cambio las plantas superiores muestran unos huecos simétricos repartidos
por las fachadas, pero sin el habitual arco segmentado historicista de la
segunda mitad del XIX, sino un diseño cuadrangular con recercamiento. El
edificio se corona con una monumental cornisa de remate y una barandilla a
modo de balaustrada.
