3.- LA COMARCA DEL BAJO ALMANZORA: BREVE SECUENCIA HISTÓRICA

Cráneos del H. De Neamderthal y Cromagnon.Las primeras noticias de la comarca proceden del ingeniero Luis Siret y sus excavaciones arqueológicas sacando a la luz los primeros testimonios humanos, destacando del período Paleolítico la cueva de Zájara I (Cuevas del Almanzora), ocupada por el hombre de Neanderthal. Este grupo humano será sustituido hace unos 35.000 años por el hombre de Cromagnon (Homo Sapiens Sapiens), antecedente del hombre actual y que ocupó los yacimientos de Zájara II y la Palica (Antas).

Durante la época neolítica los primitivos cazadores - recolectores simultanean esta actividad con la agricultura y  ganadería hacía el IV milenio a.C., apareciendo los primeros poblados al aire libre, como Cabecicos Negros junto a la desembocadura del río Antas. Pero los primeros asentamientos estables y permanentes pertenecen a la Cultura de Almería, fase anterior a la metalurgía del Cobre y perfectamente datada en el yacimiento de Almizaraque, en Herrerías, donde apreciamos una plena sedentarización con cabañas y grandes silos de almacenamiento.

La metalurgia del cobre se remonta a mediados del III milenio a.C., en Los Millares, ligada a grandes poblados fortificados, el desarrollo de grandes necrópolis junto a éstos y una ocupación en espolones amesetados dominando las ramblas y ríos.

Vista aérea del yacimiento argárico de Fuente Álamo.Pero cuando el Levante almeriense y el Bajo Almanzora adquieren auténtico protagonismo en la Prehistoria es con la cultura de El Argar o Edad del Bronce (1900-1300 a.C.), identificada por este yacimiento del municipio de Antas. Los poblados, muy abundantes en el valle del Almanzora (Fuente Alamo, Almizaraque, El Oficio...) y con una abundante actividad metalúrgica, se localizan en empinadas laderas y cerros escarpados de fácil defensa.

La riqueza mineral despertará desde antiguo el interés de los pueblos más desarrollados del Mediterráneo Oriental y ese contacto más fundamental para el desarrollo de la zona. Las huellas visibles son la colonia tiria de Baria (la actual Villaricos) y el cercano yacimiento de Cabecico de Parra, pues cumplían los requisitos de emplazamiento fácilmente defendible, puerto natural protegido, y tierra cultivable alrededor.

La costa se convierte en protagonista del desarrollo comercial. Diversas factorías se instalan en el litoral para comercializar el mineral de la sierra e instalar fábricas de salazones. La actividad paralela a la cerámica (tinajas y recipientes para almacenar y transportar el producto), astilleros (construcción de naves), cecas...

El desarrollo económico y comercial se mantuvo durante la dominación romana. Cartagena, capital de los mastienos, pueblo íbero de la costa del Sureste, fue conquistada por Publio Cornelio Escipión en el 209 a.C. y casi simultáneamente Baria. La comarca quedó englobada en la provincia Tarraconese, cuyo límite Sur iba desde Urci (El Chuche) hasta Acci (Guadix). De esta ocupación romana quedan abundantes testimonios en Villaricos o en El Roceipón (cerca de Vera).

La crisis bajoimperial (s. III, IV y V) supuso la descomposición política del estado y un rápido proceso de ruralización marcando el inicio de la Edad Media. Ahora desaparece gran parte del hábitat de la costa, demasiado peligroso ante piratas y asaltantes, incontrolados por un poder político débil, y además la minería y la industria de salazones se abandonan ante el cierre del comercio mediterráneo. Se retornará a la agricultura y  a los fértiles valles del interior.

Los bizantinos establecidos en nuestra costa mediterránea serán expulados a principios del siglo VII por lo ocupantes visigodos, de quienes quedarán escasos testimonios en la zona: un grupo de sepulturas de la necrópolis de Villaricos y Almizaraque, y la ocupación del cabezo de Montroy.

El desembarco musulmán del 711 inicia una nueva etapa islámica y de difícil convivencia con los vecinos cristianos del Norte. La inseguridad de la zona del Bajo Almanzora se acrecentará en el siglo XIII con la conquista cristiana del vecino reino de Murcia y la conversión de aquella zona en frontera oriental del reino nazarí de Granada. Esa situación de inseguridad se aprecia en el abandono de la costa y la instalación de la población en el cerro de Montroy, junto a Villaricos, o en el cerro del Espíritu Santo, primitivo solar de Vera.

La conquista del último territorio musulmán de la Península Ibérica en 1492 por los Reyes Católicos marca el inicio de la Edad Moderna, pero en el caso de nuestra comarca retrocede al 10 de Junio de 1488 con la toma de Vera por el Rey Fernando el Católico tras una corta campaña militar.

En días sucesivos se entregarán villas y fortalezas de la comarca, río Almanzora, sierra de los Filabres y Campos de Níjar, al amparo de unas capitulaciones muy benóvelas para los musulmanes al permitirles mantener íntegramente sus bienes raíces así como libertades personales, leyes internas, religión y cultura.

Pero pronto faltó la voluntad política de cumplir lo pactado y la convivencia entre vencedores y vencidos fue haciéndose cada vez más difícil. Tras la primera gran rebelión morisca de 1500 se ordenó la conversión forzosa de los moriscos que desearan permanecer en el reino de Granada, aunque en lugares exentos de fortificaciones. Se empujará al bandolerismo a muchos de los cristianos nuevos o “monfíes”.

Almería en época romana. Principales núcleos y vías de comunicación.

En municipios como Cuevas la mayoría permanecerá como moriscos, que mantenían clandestinamente sus cultos y costumbres para mantener las ricas huertas del valle del Almanzora, con una agricultura intensiva. En cambio en las localidades costeras el porcentaje cristiano era más elevado por el peligro berberisco y su carácter de zona estratégica. El litoral quedará despoblado salvo en núcleos contando con sólidos castillos donde defenderse.

El terremoto de 9 de Noviembre de 1518, destruyó la antigua ciudad musulmana de Vera instalada en el cerro del Espíritu Santo. Esta catástrofe natural unida a la sangría humana de la expulsión morisca decretada por Felipe II en Marzo de 1570, convierten a este siglo XVI en especialmente negativo. Castillo de Villaricos. El impacto económico será gravísimo, pues numerosos lugares quedaron totalmente despoblados y las tierras asoladas, obligando a darlas para la repoblación. Los nuevos pobladores recibían unas condiciones muy beneficiosas: casas en propiedad previo pago de un censo y posesión de tierras, distribuidas en suertes, además del diezmo eclesiástico. Esta distribución quedaría reflejada en un libro de apeo guardado en el municipio.

La situación de inseguridad general en la costa por las invasiones de los piratas berberiscos, obligará a levantar y mantener un cinturón de torres costeras. El 28 de Noviembre de 1573 un contingente de corsarios cayó sobre Cuevas, ocupada por repobladores recién llegados, causando 20 muertos y un botín de 300 cautivos conducidos al Norte de África.

El siglo XVIII marcará un cambio en la crisis de la Edad Moderna. La recuperación económica se constata al pasar la población de Cuevas de 2.120 habitantes en 1718 a 6.636 en 1787, lo que se relaciona con una ampliación del área de cultivos en la comarca de Almanzora. Herrerias, Almizaraque y Palomares producían maíz, trigo y cebada, mientras que secanos más estériles daban una planta de gran importancia en la economía del siglo XVIII: la barrilla, planta alcalina que crecía espontáneamente junto al mar y que se utilizaba para obtener sosa y fabricar jabones.

El siglo pasado fue decisivo para nuestra provincia por la “fiebre minera” acelerando el desarrollo económico provincial. La actividad tenía una tradición milenaria, pero ahora tiene un desarrollo espectacular al hilo de la revolución industrial.

Barranco del Jaroso. Vista del desagüe.Sierra Almagrera es una pequeña muralla junto al mar, con una extensión de 8 kms. de Norte a Sur y poco más de 4 de Levante a Poniente. La galena argentífera se descubrió en Barranco Jaroso en 1838 con la mina Carmen, produciendo tal fiebre que sólo tres años después había 100 minas funcionando y 3.000 denunciadas. Paralelamente 14 fundiciones rodearon la sierra y cubrieron el cielo con densas nubes de humo noche y día, y docenas de barcos ocupaban la costa.

La pequeña sierra se convertirá en una copiosa fuente de divisas del Estado español, prácticamente en bancarrota tras la invasión francesa, la guerra colonial en Hispanoamérica y las posteriores guerras civiles.

Instalaciones de la mina Sta. Ana – Herrerías. (Demolición en Nov. 1993).La comarca tendrá en el período 1840-80 un crecimiento constante y vestiginoso, y Cuevas del Almanzora pasará en ese corto espacio de 40 años de ser una ignorada villa perdida en el rincón de una desconocida provincia de Almería, a convertirse en una ciudad cuyo nombre sonaba en los centros económicos de España y Europa.

Esta riqueza atrajo también un estilo de vida cortesano por el nutrido grupo de personas selectas que se movía por la comarca: ingenieros, técnicos, intelectuales, especuladores y capitalistas de distinta naturaleza. El cosmopotilismo era muy marcado.

El punto de partida del negocio fue la liberal ley minera de 1825 estableciendo la libertad de explotación del subsuelo. Ello unido a las necesidades de plomo en una Europa en pleno proceso de industrialización y urbanización dispararán la demanda de este material, de fácil explotación con pocas inversiones y nulos medios técnicos. Esta primera “Edad del plomo” abarca de 1838 (descubriendo del filón Jaroso) a 1885 (depresión internacional de los precios del metal).

Castillete de la mina del Pilar de Jaravia (Pulpí).La prohibición de exportar mineral en bruto obligará a la fundición previa del plomo, realizada en pequeñas fundiciones artesanales o boliches funcionando con rudimentaria tecnología y combustible vegetal de las cercanas.

Las causas de la crisis de esta minería serán las mismas que la desarrollada en la sierra de Gádor un poco antes: la enorme subdivisión de la propiedad con explotaciones minúsculas, la carencia de medios de transporte, la precariedad de medios técnicos, unido a un feroz individualismo de los propietarios impidiéndoles hacer causa común frente al necesario desagüe de las minas.

Cercano al final de siglo comenzará el segundo y último gran episodio de la minería provincial, “la Edad del Hierro” (1885-1914), unida a la bonanza de la industria siderúrgica mundial en la época de rearme militar previo a la Primera Guerra Mundial.

El desarrollo de esta minería vendrá especialmente de manos de sociedades extranjeras o vizcaínas realizando grandes inversiones en infraestructuras pues el transporte hasta los puntos de embarque necesitaba sistemas mecánicos por el escaso precio unitario. El resultado será la aparición de ferrocarriles mineros (Bédar - Garrucha, Sierra Alhamilla), planos inclinados automotores (Cala de las Conchas), cables áereos, vías férreas hipomóviles (Herrerías - Villaricos), embarcaderos de hierro (Almería, Garrucha, Villaricos, Cala de las Conchas...).

D. Ramón Orozco, importante empresario local enriquecido con la minería.Ahora se exporta en bruto el mineral a los centros consumidores europeos, salvo el triturado o la calcinación en hornos para concentrar su pureza metálica, por lo que no hay industria metalúrgica asociada (caso del plomo).

Ferrocarril y boom minero irán indisolublemente unidos en Almería, pues el ferrocarril Linares - Almería y el que atravesaba la cuenca del Almanzora hacia Murcia tendrán dos rasgos esenciales: su vinculación netamente minera y su carácter colonial pues el recorrido proyectado estaba al servicio de los intereses exportadores.

Pero fue un desarrollo tan espectacular como breve. El cierre del mercado europeo con la Primera Guerra Mundial, la crisis de la siderurgia británica en los años 20 y el descenso de producción industrial con la crisis de 1929, reducen la demanda, coincidiendo con una elevación de costes con el agotamiento de las vetas más superficiales, el encarecimiento de la mano de obra por la emigración y una legislación más social. En los años 30 prácticamente cierran todas las explotaciones.

Un intento de reactivación será en 1949 cuando el INI crea la empresa pública Minas de Almagrera S.A. en el marco de una política autárquica, construyendo un poblado minero, Corea, y un socavón general de entrada a Sierra de Almagrera. En 1959 se cerraban las instalaciones.

Las fábricas, chimeneas, hornos y máquinas de vapor, símbolos de la Revolución Industrial, se integrarán en el paisaje almeriense y quedaron como un mudo mensaje de la gloria efímera, además del agotamiento de los recursos, la deforestación y la emigración de las gentes.

La situación actual ha mejorado las expectativas económicas de la comarca del Bajo Almanzora en las últimas décadas, tras el esplendor fugaz de la minería. Sin embargo hay una fuerte contradicción económica entre el interior menos desarrollado y la pujanza económica de la costa.

Efectivamente la vega del río Almanzora ha perdido gran parte de su potencialidad agrícola de regadío con hortalizas, críticos y frutales de todo tipo, mientras el secano menos fértil se dedica a cultivos herbáceos con barbecho, almendros y olivos prácticamente residuales por la dura sequía atravesada. La reciente construcción del pantano de Cuevas ha recuperado parte de las expectativas agrícolas.

En cambio el turismo de la costa muestra una gran fuerza y acoge un sector importante de la población activa. Nuestra provincia quedó al margen del “boom” turístico de los años 60 y parte de los 70, lo que fue positivo al preservar espacios con una mayor calidad ambiental y una menor masificación constructiva. La singularidad de un medio ambiente almeriense poco degradado se convertirá en el principal reclamo turístico de los visitantes de Mojácar, Garrucha y en general de todo el Levante almeriense.