Por Vicent Boix,
Escritor, autor del libro El
parque de las hamacas y responsable de Ecología Social de
Belianís.
Abril de 2011
Las
noticias desde la nuclear japonesa que inquieta a todo el planeta ya no ocupan
las primeras páginas en los medios de comunicación. El accidente agotó su
vigencia y se ha enfriado de la misma manera que los operarios (liquidadores)
enfrían los núcleos de los reactores de la central. A pesar de ello Fukushima
sigue siendo un asunto muy serio en el presente y su legado será peor.
Conforme
pasan los días el verbo “desconocer” y sus derivados se hacen más habituales en
las noticias referentes a la central: se desconoce la evolución que pueden
experimentar los cuatro núcleos dañados y por tanto se desconoce el riesgo
final. Se desconocen las consecuencias del desastre a largo plazo en las
personas y se desconocen los daños reales existentes tanto en los núcleos como
en los sistemas de contención. Se desconoce, sobre todo, que nuevo problema
puede mañana agudizar este constante dolor de cabeza llamado Fukushima.
Recuerden que el inconveniente principal es la fusión de los núcleos, pero con
el paso de los días se sumó la pérdida de agua en las piscinas donde se almacena
el combustible usado y recientemente miles de toneladas de agua con altos
índices de radioactividad, para las cuales se están improvisando medidas tan
“seguras y científicas” como verterlas directamente al océano. Sobre este
aspecto algunos científicos han añadido un “desconocimiento” más, porque
contrariamente a las tantas veces cacareada seguridad nuclear, al parecer nadie
había contemplado nunca el escenario -ahora real- de evacuación urgente de agua
radioactiva a los mares.