La prioridad de ZAPATERO: "SALVEMOS AL CARBÓN"
El
GOBIERNO DESOYE AL G-20, APOYA MASIVAMENTE EL CARBÓN y RECORTA LAS
ENERGÍAS RENOVABLES

Almediam. 27-09-09
Por
David
Hammerstein

¿Qué pasó con el
tan pregonado "nuevo modelo económico"? ¿Qué sucedió con el repetido
discurso a favor de la "sociedad del conocimiento", la "economía
sostenible" y las energías limpias y renovables de las que tanto ha
hablado nuestro presidente de Gobierno?. Más allá de su retórica pública
en torno a la lucha contra el cambio climático ahora parece que el
Gobierno de Zapatero está empeñado en favorecer la fuente de energía
cuya combustión provoca más contaminación atmosférica por emisiones de
CO2. El mundo parece estar al revés para el presidente de Gobierno, ya
que ahora Zapatero prefiere que las empresas españolas de producción
eléctrica dependan del consumo del carbón español y menos de las
energías renovables mediante una política energética en la que el
Estado continue subvencionando una caduca minería extractiva sin
viabilidad económica para favorecer la producción de un carbón nacional
barato y dirigido al consumo de las industrias térmicas de producción de
electricidad.
Es precisamene en
el actual periodo de recesión económica y de caida de la demanda
eléctrica y de carbón cuando la política del Gobierno español quiere
aumentar aún más las ayudas económicas a esta actividad anacrónica y no
rentable que apenás existe en suelo del occidente europeo, países como
Francia, Inglaterra o Bélgica ya cerraron sus minas de carbón. Con
inmensas cantidades de dinero público el presidente Zapatero quiere
fomentar la quema de carbón en las centrales térmicas en lugar de
continuar con el crecimiento de las energías renovables y limpias. Con
este alargamiento artificial y económicamente ruinoso de la vida de la
minería del carbón en España se tirarían por la ventana los compromisos
de reducción de las emisiones contaminantes a la atmósfera y la real
liberalización del mercado energético, y además se burlaría el
cumplimiento de la legislación europea por parte del Gobierno español.
Se trata de todo un ejercicio irracional de proteccionismo estatal en la
defensa numantina de un sector industrial en declive y sin viabilidad
económica en respuesta a las presiones neocaciquiles de empresas sucias
y sindicatos mimados que históricamente subsisten gracias a ingentes
cantidades de dinero público.

Resultan
escalofriantes, semisecretas y de dudosa legalidad las cifras
económicas totales implicadas en salvar al "carbón nacional". Como
botón de muestra, este pasado enero el Gobierno ha condonado más de
5.000 de euros de deuda acumulada en el periodo 1998-2001 (un billón de
las antiguas pesetas ) a los empresarios mineros españoles,
especialmente las empresas asturianas y leonesas, y ahora intenta poner
en práctica unas ayudas estatales a las empresas mineras en los
Presupuestos de 2010 para que las empresas eléctricas compren el carbón
nacional a precios baratos y competitivos en relación al carbón
proveniente de fuera del territorio nacional. Pero a pesar de que el
gobierno no puede condonar deudas tributarias ni deudas presupuestarias,
ni practicar el proteccionismo dentro de la Unión Europea, parece ser
que las citadas ayudas que se quieren justificar por los costes sociales
y técnicos derivados de planes de modernización, reestructuración y
racionalización de la actividad de las empresas mineras, se regularán
por el Reglamento de los Presupesto Generales del Estado y por Órdenes
Ministeriales.
El gobierno de
Zapatero parece que juega a hacer equilibrios insensatos e imposibles:
el aumento de los daños y amenazas ecológicas derivados de la
continuidad de la quema de la energía fósil del carbón; el
proteccionismo estatal que viola las reglas del mercado único europeo; y
los actuales privilegios al sector empresarial y sindicatos mineros.
Esta política dantesca e irracional debe cuestionarse con urgencia, y
aún más ante la actual situación de recesión económica, de un creciente
déficit público y de apuros económicos que también afectan a otros
sectores de la economía nacional.
En todal
confrontación con las medidas del Gobierno, conviene recordar que los
líderes mundiales de la cumbre de G-20 ha adoptado una posición clara
sobre las ayudas públicas al carbón: "Los
subsidios a los combustibles fósiles son ineficientes porque fomentan el
despilfarro, reducen nuestra seguridad energética, impiden la inversión
en fuentes de energía limpias y socavan los esfuerzos para hacer frente
a la amenaza del cambio climático".
El derecho comunitario tampoco avala el apoyo al carbón. El
Reglamento (CE) de 2002 se expone que “las ayudas estatales a la
industria del carbón, persiguen la reducción tendencial de los costes de
producción como medio de garantizar el carácter decreciente de las
ayudas estatales, disponiendo que las unidades cuyo funcionamiento no
sea preciso para garantizar el acceso a reservas, deberán incluirse en
un plan de reducción de actividad. Esta reducción origina pérdidas de
empleo y de activos no amortizados, por lo que resulta necesario asumir
costes de las prejubilaciones y bajas incentivadas, así como ayudas a
cubrir pasivos de las empresas que reduzcan su actividad”. Desde la
política europea común solo se avalan las ayudas como medidas de
reconversión y el paulatino cierre del sector, nunca para dar
preferencia a la quema de carbón nacional.
Pero en el sentido diametralmente contrario están obrando el Presidente
Rodriguez Zapatero y el Ministro de Indústría Miguel Sebastián. El
Gobierno Español no solo ignora las recomendaciones del G-20 sino que
vulnera distintas Directivas europeas sobre el mercado energético al
seguir subvencionando con dinero estatal el apuntalamiento del sector de
carbón español que está muy lejos de ser económicamente rentable y que
solo puede sobrevivir con ayudas e incentivos públicos.
El
Gobierno español debe salir del miope cortoplacismo actual y librarse de
unos lobbies industriales enquistados que desangran las arcas públicas.
Hay que tener el coraje de decir la verdad para frenar el despilfarro y
la quema de recursos naturales vitales y de dinero público. Las cuencas
mineras de León y de Asturias no tienen un futuro económico en el carbón
y deben emprender una reconversión económica hacía actividades límpias y
rentables compatibles con los singulares y valiosos entornos naturales
donde se encuentran. No podemos seguir desperdiciando miles de millones
de euros de dinero público sin crear unas alternativas económicas
viables y sostenibles cara al futuro. Ni la economía ni el clima lo
permiten.
David Hammerstein
Ecología y Política