El show de Herrero: HABLÓ EL BURRO DE OREJAS
Parecía superada la dantesca actuación de Luis Herrero. Pero aún durante
estos días, me ha sorprendido ver como algún medio sigue criticando a las
instituciones venezolanas por haber expulsado a un provocador, que para más
tristeza, ostenta un cargo político en Europa. Que preciosa la imagen y el
talante que “nuestros” representantes van diseminando por el mundo.
Indudablemente la opereta estaba finamente orquestada. Herrero -que fue a
Venezuela como observador internacional invitado por la oposición- sabía de
sobra que su comportamiento le podía acarrear la expulsión. En el fondo era
lo que buscaba e hizo todo lo posible para lograrla. Quebrantó el “Manual
para las Misiones de Observación Electoral de la Unión Europea”,[1]
que indica entre otras cosas que:
-Los observadores
mantendrán una estricta imparcialidad en la ejecución de su cometido y en
ningún momento manifestarán sus inclinaciones o preferencias respecto de las
autoridades, partidos o candidatos nacionales o de cualquier cuestión
debatida en el proceso electoral.
-Los observadores
desempeñarán su cometido con discreción y no perturbarán el proceso
electoral.
-Los observadores se
abstendrán de hacer comentarios personales o prematuros, basados en sus
propias observaciones, a los medios de comunicación o a cualquier persona
interesada.
-Durante todo el tiempo
que dure la misión, incluido el tiempo transcurrido fuera del trabajo, los
observadores de las elecciones deberán comportarse de manera irreprochable,
emitir juicios sensatos y guardar la mayor discreción personal posible.
Mencionar que algunas de
estas normas de conducta que Herrero se saltó, también están contenidas de
forma muy parecida en la “Declaración
de Principios para la Observación Internacional de Elecciones” y en el “Código
de Conducta para Observadores Internacionales”.[2]
Ambos documentos fueron aprobados por Naciones Unidas y refrendados por la
Comisión Europea y la Asamblea Parlamentaria – Consejo de Europa.
Herrero, que como
eurodiputado debería ser el primero en respetar y asumir esta serie de
compromisos, dio una magistral y bonita lección a la ciudadanía. Si un
representante político puede defecar en este tipo de directrices que emanan
de la Unión Europea y de Naciones Unidas, el resto ¿por qué no?
El Consejo Nacional
Electoral de Venezuela también ha venido dictando en diferentes citas
electorales, una serie de normas sobre el régimen de observación electoral,
que redundan en los principios de respeto a la soberanía, neutralidad,
imparcialidad, transparencia, etc. Por lo tanto Herrero no sólo incumplió
las declaraciones internacionales mencionadas anteriormente, sino también
desobedeció las reglas del juego autóctonas.
Y es que la injerencia
estridente y descarada de un extranjero no es una manía de Chávez, sino que
muchos estados lo dejan bien claro incluso en sus propias constituciones. En
México, el artículo 33 de su constitución, en su segundo párrafo, indica
claramente que “Los extranjeros no podrán, de ninguna manera, inmiscuirse
en los asuntos políticos del país.”. En Costa Rica, el artículo 19
revela sobre los extranjeros que “No pueden intervenir en los asuntos
políticos del país….”. En Ecuador, el artículo 14 relata que “Los
extranjeros están excluidos del ejercicio de los derechos políticos.”.
El segundo párrafo del artículo 97 de la constitución salvadoreña afirma que
“Los extranjeros que directa o indirectamente participen en la política
interna del país pierden el derecho a residir en él.”. En Honduras, el
artículo 32 expone que “Los extranjeros no podrán desarrollar en el país
actividades políticas de carácter nacional ni internacional, bajo pena de
ser sancionados de conformidad con la Ley.”.
En su artículo 4, la constitución brasileña enseña que “La República
Federativa de Brasil se rige en sus relaciones internacionales por los
siguientes principios” y entre los puntos indicados, destaca el I que
dice “independencia nacional” y el IV que dice simplemente: “no
intervención”, entendiéndose que se alude a cualquier persona física o
jurídica extranjera. Por último, el artículo primero de la constitución
nicaragüense dice que “Toda injerencia extranjera en los asuntos internos
de Nicaragua o cualquier intento de menoscabar esos derechos, atentan contra
la vida del pueblo...”.
Los escándalos del PP y las elecciones en Euskadi y
Galicia.
Por si a esta comedia le
faltaba algo de cinismo y humor, a Luís Herrero, hijo de ministro
franquista, no se le ocurrió otra cosa que calificar a Chávez de “dictador”.
Se fue a platicar de democracia un tertuliano de la incendiaria Cadena COPE.
Será que como en su país nadie puede criticar al jefe de estado, él va a
desfogarse a otros lugares.
Teniendo en cuenta las
diferentes normativas que se vulneraron en materia de observación electoral
y teniendo en cuenta los dicharachos e incoherencias del tal Herrero, sería
interesante preguntarse qué había detrás de este show. Evidentemente, por
una parte, se pretendía dar un pequeño empujón a la dividida oposición
venezolana. Sin embargo, el motivo principal del desatino habría que
buscarlo en el propio estado español. El Partido Popular al cual pertenece
Herrero, atraviesa en los últimos tiempos una etapa bastante complicada y su
imagen se ha deteriorado bastante a raíz de dos recientes y sonados casos
-uno de corrupción y otro de espionaje- que podrían afectar a gente del
partido. Ambos tienen como epicentro dos comunidades autónomas que son
auténticos baluartes del PP (Madrid y País Valenciano).
En medio de este
terremoto político, se avecinan para el primero de marzo dos elecciones
autonómicas de vital importancia, en las que según los sondeos, el PP podría
cosechar un buen varapalo. En Euskadi las encuestas le dan entre 11 y 12
escaños en el parlamento vasco, frente a los 15 que tiene actualmente. En
Galicia, socialistas y nacionalistas revalidarían su pacto para gobernar e
incluso podrían sacarle más diferencia al PP.[3]
A contrarreloj, la
derecha quiere apagar el fuego y echar balones fuera para regresar cuanto
antes a la normalidad e intentar revertir los presagios en Euskadi y
Galicia. Los que van a Venezuela a dar lecciones de democracia, en España
critican con dureza al juez que investiga el caso de corrupción y recurren a
mil filigranas con tal de desviar la atención mediática. En esta coyuntura,
lógicamente, se vislumbra con más nitidez a qué fue Herrero a Venezuela. Y
ciertamente logró su objetivo, aunque eso sí, la próxima vez que quieran
armar bulla, por favor, que recurran a alguien menos soez y altanero.