Las siete virtudes del gobernante (VIi):
VALENTÍA
Por Jesús Martínez Álvarez. Desde México.
09-10-08
VOLTAIRE
afirmaba que la valentía no es una virtud sino una cualidad, quizá queriendo
expresar que la valentía no tiene moral como si la tienen las virtudes. La
realidad prueba que así es: el homicida es valiente y lo es también el que
arriesga su vida para cometer un ilícito.
Al margen de las épocas,
las costumbres, las culturas, la valentía ha sido universalmente apreciada
siempre, y tanto, que hasta el cobarde quiere parecer valiente y el temeroso
hace todo lo posible para ocultar sus miedos.
Por ello es que, a pesar
de su importancia como virtud del gobernante, la abordamos después de haber
expuesto el valor de la integridad, la honestidad y la prudencia,
porque sólo al lado de ellas la valentía adquiere el carácter de virtud.
Sin valentía, el
gobernante tiende a paralizarse o a optar por la decisión menos riesgosa sin
que necesariamente sea la mejor.
El gobernante está
obligado a asumir riesgos, más allá de su propia seguridad, porque lo que
está de por medio es el bien común, que generalmente no se construye con
precaución excesiva o con decisiones a medias.
Los ciudadanos no eligen
a un gobernante para que se mantenga a salvo sino para que ponga en juego su
nombre, su esfuerzo y hasta su vida al servicio de las causas comunes.
Fácil sería para
cualquiera que tenga la responsabilidad de gobernar parapetarse en la
inmovilidad y esperar a que la inercia o el tiempo solucionen lo que le
corresponde a él solucionar. Puede que sobreviva y logre concluir su
periodo, pero ese periodo habrá sido un tiempo socialmente perdido.
Suspendida la comunidad
que dice gobernar, acrecentados los conflictos, arraigados los problemas,
harán erupción algún día y la responsabilidad será de quien los ocultó
bajo la alfombra para no enfrentarlos.
La valentía, ya se sabe,
no implica ausencia de temor, sino capacidad de superarlo, capacidad que a
su vez requiere de visión para orientar el rumbo y decisión para actuar aun
cuando la acción signifique algún costo.
El gobernante tiene la
obligación de analizar los elementos que tenga a la mano (inteligencia
política, no espionaje) y prever posibles escenarios antes de tomar una
decisión, pero no puede, nadie puede, garantizar las consecuencias de sus
decisiones. Por definición, las decisiones son inciertas. Si no fuera así,
no serían decisiones.
Quien acepta la
responsabilidad de gobernar asume, debe asumir, los riesgos inherentes. Si
alguien privilegia la seguridad por encima de su deber… hay otros oficios y
actividades que le esperan. No la tarea de gobierno.
La recomendación genérica
de BALTAZAR GRACIÁN: "pon un grano de audacia en todo cuanto
hagas", es especialmente acertada en el gobierno porque sólo así quien
lo encabeza puede responder a la expectativa de la sociedad, que no quiere
parálisis ni indolencia, sino decisiones valientes que mantengan el barco a
flote, pero sobre todo, que lo hagan avanzar.
En tiempos que van de
prisa, no pueden ser lentos los cambios. Cierto como nunca, quien se detiene
se rezaga porque la velocidad de las transformaciones reclaman prudencia
pero también valor. Sólo quien actúa oportunamente puede ofrecer avances.
La inmovilidad puede ser propia del observador que requiere tiempo para
expresar su análisis, pero no es aliento de gobierno porque éste es acción
sin precipitación, acción sin aletargamiento, es decir, acción responsable y
eficaz.
La valentía es condición
imprescindible para el gobernante y exigencia de los gobernados. Acotada por
virtudes de responsabilidad e integridad, el ejercicio de la valentía, y no
su expresión retórica, constituye el marco de conducta que impulsa a los
pueblos a ampliar sus horizontes. El gobernante que no lo hace, condena a la
sociedad a la inacción, que rápidamente se convierte en inseguridad,
injusticia social, rezago y marginación.
El gobernante debe
ejercer la valentía a favor del bien común, más allá, mucho más allá, de la
satisfacción de su vanidad o de la salvaguarda de su seguridad.
Si usted coincide conmigo
en las siete virtudes que debe cultivar todo gobernante, o si su lista es
diferente, de cualquier manera espero haber contribuido a enriquecer su
reflexión para que entre todos seamos más demandantes y exigentes respecto
de la conducta de quienes nos representan.
jema444@gmail.com
www.jesusmartinezalvarez.com.mx
POSTDATA:
La crisis económica es un
fenómeno global que afecta a todos los países. Los EE.UU., donde se origina
gran parte de ésta, deben, en un acto de responsabilidad social y
solidaridad humana, levantar temporalmente el embargo a Cuba, que padece los
azotes de la naturaleza que han dañado a cientos de miles de personas del
hermano país de Cuba.
Hacerlo no implica
ninguna derrota, sencillamente sería un acto de humanidad.