LA IMPARABLE SUBIDA
DEL PRECIO DEL PETRÓLEO
¿ES
POR LA ESPECULACIÓN O ES POR SU CRECIENTE ESCASEZ?
Almediam. 25-06-08
Por
David
Hammerstein*
"Solo
cuando un alcohólico admite su enfermedad es capaz de curarse. Algo
similar ocurre con nuestra funesta adicción al petróleo."
¿Qué tienen en común las protestas de los camioneros, los
motines en África por el precio del combustible, las OPAs frenéticas de
fusiones en el sector de las materias primas, o las ganancias fabulosas
de las empresas petrolíferas?
Todos los indicios apuntan hacia un creciente desajuste
entre los recursos petrolíferos limitados y escasos, y la demandas
crecientes de este oro negro convertido en un
totem central de
nuestra civilización industrial. Se trata en definitiva de una crisis
socio-ecológica que se crea a partir de la escasez de materias primas
como son el petróleo, el gas y los alimentos. Sin embargo, algunos
comentaristas y políticos, como Zapatero, achacan las causas de la
crisis del precio del petróleo a la coyuntura de una simple especulación
económica. Desde este crónico estado de negación y de ceguera ante el
problema, les cuesta aceptar que la época de petróleo barato se ha
terminado para siempre.
Por
supuesto hay un factor de especulación ya que esta es una parte
fundamental de la economía en general y de todos los movimientos del
mercado mundial: La carestía inflacionaria aparece cuando el recurso en
juego escasea.
Pero ¿cómo podrían tener tanto éxito los especuladores si no fuera por
el actual contexto de una demanda creciente de petróleo y a punto de
superar la oferta a causa de las nuevas economías emergentes como la
China, la India, y otros países. Otros factores añadidos y causantes de
la subida del precio del crudo son las mismas expectativas de un
continuado aumento de su consumo, son también los indicios de que las
reservas de petróleo de calidad escasean, y también es el contexto de
gran tensión política y bélica en el Oriente Próximo.
Entonces ¿debemos inculpar a los chinos por su creciente
consumo a pesar de que todavía están muy alejados de los estándares de
consumo propios de los países más desarrollados? Pero si solo tienen un
coche por cada quince habitantes, y comen una tercera parte de la
proteína animal y de pescado que comemos nosotros. Simplemente copian
nuestro histórico y anacrónico modelo de desarrollo económico. Este "maldesarrollo"
ignora los elevadísimos costes ambientales y de supervivencia global que
comporta al ser muy intensivo en el consumo de recursos de todo tipo, y
al tiempo es incapaz de internalizar la escasez y la finitud de los
recursos en su misma lógica económica, y en su práctica social y
política,
Hasta
hace unos años, solamente una quinta parte de la población mundial era
sobre-consumidora de los frágiles y finitos recursos planetarios
mediante economías intensivas en el consumo de recursos, principalmente
los Estados Unidos, Japón y Europa, además de las elites en todo el
mundo. Eran los que se movían mediante coches, comían carne diariamente,
bebían refrescos embotellados, y hacían sus compras en grandes centros
comerciales. Sin embargo, en los últimos años, centenares de millones
de estas opulentas nuevas clases medias de los "países emergentes" del
Sur están entrando en este elitista grupo de sobre-consumidores
mundiales y llaman a la puerta del gran banquete de consumo insensato de
los limitados recursos terrestres. No es una sorpresa el hecho de que no
ya no salgan las cuentas entre una demanda insaciable y un planeta
enfermo y amenazado que ya no da más de sí. La tragedia y la crisis está
servida si no hay cambios radicales en estas tendencias expansivas y
sobre-consumidoras del desarrollo.
Las
respuestas iniciales de nuestros grandes líderes parecen las propias de
un "enganchado a su adicción", que exige más y más de la misma droga que
le mata. Más producción de crudo de los Saudíes. Más bajada de la la
presión fiscal sobre la gasolina. Más sustracción de las tierras
fértiles de la agricultura para ahora producir el alimento de los
coches: los agro-combustibles. Más excavar las entrañas de nuestro
planeta y más destruir sus ecosistemas vitales en la búsqueda
desesperada de nuevos yacimientos de petróleo. O incluso, la locura de
este delirio adictivo llega a querer cambiar la droga dura de petróleo
por una droga aún más potente y peligrosa como es la nuclear, y aún a
pesar de todos los daños ecológicos y de los peligros a la seguridad y
el terrorismo que acompañan a la energía atómica.
Achacar la crisis del petróleo a la "especulación"
económica, es sencillamente no querer enterarse de las malas noticias
que nos llegan de la realidad: la dura verdad de que estamos entrando en
los últimos pero largos coletazos del fin de la civilización del
petróleo.
Cuanto antes seamos capaces de enfrentarnos con la verdad
de nuestra precaria existencia, y con los límites y peligros de recursos
como el petróleo, antes podremos trazar los radicales giros sociales,
culturales y económicos necesarios para construir una sociedad basada en
las energías renovables, el ahorro y la eficiencia.
*David
Hammerstein, eurodiputado de Los Verdes