Fuga radioactiva de Ascó: Las Nucleares son así
Almediam. 17-04-08
Por
David
Hammerstein*
Si
hay un fallo técnico o humano en un parque eólico o en una planta solar,
no pasa nada grave, no hay secretismo ni hay miedo. En cambio, el enorme
peligro gestionado mediante la falsedad y el engaño es intrínsico a la
actividad de una planta atómica. La gestión nuclear es una actividad muy
privada y llena de secretismo a la vez que sus peligros son grandiosos,
irreversibles, se socializan y difunden sin control, y los impactos
biofísicos de la contaminación y residuos radioactivos se eternizan en
el tiempo.
Desde hace cuatro meses se viene ocultando la verdad y los datos
objetivos sobre los fallos de la central atómica de Ascó, en Tarragona.
Solo la insistencia de unos ecologistas valientes ha obligado al
reconocimiento de la verdad por parte de la Administración.
Seguramente, será difícil llegar saber el alcance real y los daños
potenciales en las personas y el medio ambiente a causa del impacto de
la fuga radioactiva. La naturaleza opaca del engranaje y lobby nuclear
junto al optimismo irresponsable de las retóricas pro-nucleares, no
permite una reflexión pública abierta y honesta, no permite un "debate
nuclear" transparente y contrastado, como ha propuesto el Gobierno
Español.
Es rotundamente falso lo que se afirma en la editorial pro-nuclear del
"El País" del 17 de Abril del 2008: "La
tecnología nuclear dispone de sofisticados sistemas de seguridad para
evitar cualquier daño humano o medioambiental. Cuando se aplica con
criterio y prudencia, la generación electronuclear es tan segura como la
hidráulica" Según este diario, lo
realmente preocupante del incidente radioactivo de Ascó es que se dañe
injustamente la imagen maltrecha de la energía nuclear en un momento en
que algunos intereses industriales buscan "el renacimiento" nuclear".
Parece que buscan ocultar la irracionalidad y la enorme imprudencia
ética, social, y política de la energía atómica, intentando reducirla a
una simple cuestión de marketing para construir una opinión pública a
favor.
Hoy
la tecnología nuclear no dispone de sistemas de seguridad capaces de
poder evitar las grandes destrucciones y peligros socioecológicos que
comporta en todo su ciclo de producción, desde la extracción de
materiales hasta el transporte de elementos radioactivos, y pasando
por el tratamiento de los residuos radioactivos generados. La tecnología
nuclear tampoco tiene respuestas ante posibles atentados terroristas, ni
ante la proliferación de armamento y tráfico nuclear, ni ante desastres
naturales imprevisibles como son los terremotos. La producción atómica
tampoco tiene soluciones ante la necesidad de cantidades ingentes de
agua y su calentamiento. La creencia sobre la eliminación de "los fallos
humanos y los fallos técnicos" de la gestión nuclear, se asienta más
bien en una ilusión prometeica o en un peligroso delirio humano de
omnipotencia.
¡Ya está bien de engaños a la ciudadanía!. Ha llegado la hora de dejar
atrás esta anacrónica, antieconómica y peligrosa tecnología. Por culpa
de un poderoso e influyente lobby atómico (que aún hoy tiene acólitos
muy activos como son Sarkozy y Brown), todavía hay grupos que proponen
perpetuar este modelo energético centralizado, autoritario, peligroso, y
muy vulnerable, pero que solo produce un poco más del 1% del total de la
energía consumida a escala mundial, y alrededor del 5% a nivel europeo.
La energía atómica se encuentra en un declive inexorable, diga lo que
diga "El País" y los pronucleares.
Hay que recordar que las centrales nucleares solo producen electricidad,
y que esta solo corresponde al 16% de nuestro consumo energético. Las
nucleares no mueven coches, ni suelen calentar casas. Por ejemplo, la
Francia nuclear de hoy no es menos dependiente del petróleo que
España. Las soluciones energéticas democráticas, limpias y responsables
existen y son múltiples: eficiencia, ahorro, diseños inteligentes, y
fuentes renovables de energía. La energía de origen nuclear es ya una
fuente residual que de seguro nos dejará una herencia muy amarga y
persistente.
*David
Hammerstein, eurodiputado de Los Verdes