ALGO MÁS QUE PALABRAS
LA NATURALEZA ES VIDA
25-03-05
Nunca es tarde si la dicha es buena. Eventos como la primera
exposición universal del nuevo siglo, les afana en presentar un modelo
de sociedad planetaria basado en la convivencia entre la tecnología, el
progreso y la naturaleza. El divorcio entre lo humano y la naturaleza es
bien patente. Eso de conservar limpio el paisaje, compartir cauces y no
dilapidar aguas, respetar las playas como el mar las ha creado, cuidar
el aire y mantener el silencio, es cuestión educativa y moral. Sin
embargo, los comportamientos éticos, por parte de todos, son bien
distintos.
Debiera ser empeño prioritario de todo Estado proveer a la defensa
y tutela de los bienes colectivos, entre los que se encuentra la
atmósfera natural. Una cosa es predicar y otra dar trigo. La realidad
nos traslada un ambiente de ruido que nos ahoga, auténticas montañas de
basura que vuelven los entornos irrespirables, insolidaridad con el
agua, cemento y asfalto en primera línea de playa… ¿Para qué tantas
campañas de desarrollo sostenible, si después las propias
administraciones no actúan a tiempo o hacen la vista larga ante
determinados atropellos?
Está visto que las estrategias forestales o los planes no funcionan
cuando tienen que funcionar. Entre las manos del hombre y los embistes
de la propia naturaleza, el desierto nos alcanza. Podemos tener las
mejores estrategias a favor de la conservación y del uso sostenible de
la diversidad biológica, pero si luego sólo quedan en el papel, en las
buenas intenciones, de nada sirven. La naturaleza que es sabía ya no
puede más, está agotada de tanto regenerarse de la destrucción humana.
Hoy por hoy nuestro mundo dista años luz de ser reflejo de la obra
originaria, donde la poesía emanaba en doquier esquina, la paz y el
sosiego en cualquier punto habitable. Ahora los árboles se mueren de pie
porque no pueden ni respirar, o los quitamos de un plumazo para levantar
avenidas de asfalto. Hay pues necesidad de educar en la responsabilidad
ecológica, ante el aluvión de irresponsabilidades con nosotros mismos y
con los demás.
Esta educación no puede basarse simplemente en las buenas palabras,
sino que conlleva una conversión autentica en la manera de pensar y en
el comportamiento. Una rosa, por ejemplo, se ha quejado frente a mi
ventana empapada de alcohol y cristales. La visita de la juventud, los
fines de semana, la dejan medio muerta. Es más, quiere morirse. La
estrella que me alumbra, otro ejemplo, está ciega de humos. Desea otro
planeta. Todo este desorden humano, cuando el universo es un orden
ético, requiere otras morales y otros mimos, otras esencias y
existencias, sino queremos cavar nuestra propia fosa.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -