ALGO MÁS QUE PALABRAS
BRISA LOCA, VENDAVAL EN POPA
19-03-05
Sopla una brisa loca, sobre todo destructora de corazones, a la que
habría que poner remedio, porque a ésta suele sucederle –como bien saben
los marinos- el recio vendaval. Aprietan, además, otros aires que nos
encarcelan, son aquellos, tan de moda hoy, que nos vuelven un veleta. Se
trata de un modo de vida en el que las cosas nos dominan a su antojo,
tras engatusarnos con historias increíbles basadas en necesidades
ficticias. Respirar tiene su precio en oro, pensamos y asentimos. Todo
sea por una mejor orientación de vida, nos decimos. Y casi, apenas sin
darnos cuenta, nos hemos enajenado, previo hipotecar el pensamiento
libre. De pronto, parece como si el mundo fuese una trama de vendedores,
donde cada cual realiza su propio montaje para engañar, embaucar,
burlar, seducir, embelesar, encandilar, deslumbrar, alucinar, pasmar,
embobar... Lo de dar gato por liebre está a la orden del día en este
desorden de noches, lo sabemos, pero tragamos.
Así hemos llegado al momento presente con una constitución europea
ausente del cristianismo y, sin embargo, presente en todo el pueblo.
Sólo hay que ver la intensa y emocionada participación de las gentes en
los ritos de
la Semana Santa. Buena falta nos hace, porque tal y como
está la situación, ruidosamente arruinada y ruinmente huracanada, los
gobiernos debieran poner todo el empeño posible en dictar normas
consensuadas al máximo. La crispación alcanza límites peligrosos. Ya se
sabe que el consenso no es fácil en un mundo tan desigual. Sin embargo,
sólo así se puede avanzar y entenderse. Está bien eso de proponer
códigos de conducta, de buen gobierno, inspirados en los valores
constitucionales, pero si después no se cumplen los pactos en favor del
bien de la generalidad, ni se garantizan los derechos humanos de los
débiles, de nada sirven las buenas intenciones. El no respetar, por
ejemplo, la vida de los que incluso no se pueden defender, es un nefando
crimen contra la existencia, que habría que poner techo por el bien de
la humanidad entera.
De igual modo, es cierto que no podemos permanecer inermes frente
al diluvio de amenazas terroristas y del crimen organizado, atmósfera
que ha de ser limpiada conjuntamente, tendiendo puentes entre Estados
que pueden ser distintos en identidad pero no distantes en cooperación.
Pienso que, a veces, es más importante combatir las fuentes que
financian el propio terror, caiga quien caiga –como dice un programa de
la tele-, que al brazo ejecutor. Si, por el contrario, no se depuran
responsabilidades a tiempo, las garantías del sistema democrático se
ponen en entredicho, cuestión peligrosa y nada recomendable. Con razón
se dice, que cuando el mal se enquista, lo mejor es salvar la raíz y
podar el árbol para que renazca con otra fuerza más frondosa en
autenticidad.
Las contrariedades pasan factura y acrecientan incertidumbre. Es lo
que hoy se percibe, una especie de tufo que traba, un vacío intelectual
adormecido que es incapaz de ofrecer soluciones y alternativas a valores
profundamente dañados, como es la libertad incondicional, envuelta en
mentiras y desamores, epidemia que deprime en vez de injertar esperanza,
tan simplista como devastadora. Nadie puede dar lo que no lleva consigo,
y la ordinariez de algunos ciudadanos que ejercen algún tipo de poder
(legislativo, ejecutivo o judicial) es bien palpable. A más de uno le
haría falta acudir a alguna escuela para que le enseñasen hábitos
democráticos. Muchos ciudadanos empiezan a estar cansados y sienten
bochorno de oír siempre la misma cantarina de impulsar instrumentos
comunes para que Europa sea un paraíso. Lo malo es que hasta ahora
lidera pocas cosas; si acaso nos llevamos la palma en lo de sangre,
sudor y lágrimas.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -