ALGO MÁS QUE PALABRAS
PERSONALISMOS PROPAGANDÍSTICOS
26-02-05
Ahora
que los gobiernos suelen confundirlo todo y confundirnos a todos, puesto
que no pocos titulares de Instituciones están bajo sospecha para
desgracia de los ciudadanos, también a uno le invade la duda sobre el
terco deseo de fomentar grandilocuentes conmemoraciones culturales, por
parte de las diversas Administraciones, con los consentidos derroches
habidos y por haber. De pronto, cualquier organismo estatal, autonómico
o local, se vuelve editor de panfletos, convoca premios millonarios y
festines con mantel mariscado; aunque los eventos nada tengan que ver
con la historia de su historia cultural. Por supuesto, previo omitir,
todo lo que huele al Dios de la historia. Es el nuevo tabú. El hombre se
cree asimismo el Creador. Y estos loros de la falsa sapiencia, no iban a
ser menos. Ese Dios, alianza de culturas, no suele tener cabida en este
tipo de pomposos actos discriminatorios, más rimbombantes que un
peñasco. Mejor así, porque casi siempre detrás de todos ellos, se
esconden más personalismos propagandísticos, avivados por el político de
turno, que otra cosa. Esa es la cuestión que clama al cielo, mientras
unos viven del cuento, otros malviven en polígonos de mierda. ¿Qué
cultura es esta que no lucha por la igualdad?
La retraída cultura simplista que hoy se subvenciona y protege, por
parte del papá Estado, aparte de ser aburrida y repelente, ciega más que
despierta y ensordece en vez de encandilar. Sus endiosados cultivadores,
que siempre responden al dictado y a la voz de su amo, por aquello de
que no le retiren las migajas, olvidan la verdadera razón de ser de la
cultura, la que salvaguarda lo humano, la que humaniza, la que se
desvela y afana por el ser y para todo ser. Esa sería la mejor manera de
profundizar en la pluriculturalidad, con la escucha y la participación
masiva, jamás restrictiva. No hay otra forma. El saber no debe entender
de colores partidistas, sino de universalidades. Sin embargo, los hechos
cantan por si solos: se ha perdido la buena educación del entendimiento,
porque la cultura verdadera, los poderes la amortajan. Ahí es donde debe
estar el cultivo, más que en llegar a ser, antes hay que hallarse los
unos con los otros, a través de los mundos vividos, activando
actividades que fomenten espacios donde gastarse y desgastarse el
tiempo, más en donarse que en endiosarse, más en reclutar que en
recluir.
La cultura no debe ser privilegio de algunos, puesto que nace con la
vida vivida. Olvídense de las titulaciones academicistas. También ha de
huirse de los figurines pesebristas. A mi juicio, habría que dar una
especial prioridad a los sembradores de concordias desinteresadas. El
interés todo lo prostituye. Para ver otros horizontes más sosegados, hay
que instruir desde la ética y reconstruir estéticas perdidas, capaces de
reanimar doquier significado por insignificante que nos parezca. Ya está
bien de tanto desbocado brindis, pagado con el dinero de contribuyentes
incapaces de llegar a final de mes, trabajando a destajo, lo que
evidencia que, esta cultura aborregada, no necesita Ministerio, ni
Consejería o Concejalía. Tal y como está el patio de voceros
hazmerreíres, creo que urge el propósito de enmienda, la petición de
disculpas por parte de los cacatúas bravucones, que bajo la madriguera
de la cultura, acrecientan su patrimonio descaradamente, importándoles
un pito elevar el pensamiento a nuevas cimas de libertad. La cultura es
más un amor al arte y el arte es sobre todo un señorío del alma, que
extiende su mano al abrazo. Para más ofensa, todavía la libertad es una
fruta prohibida para muchos, a pesar de la abundante cosecha de
emisarios de la ilustración.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -