ALGO MÁS QUE PALABRAS
EL
QUE DUDA, DELIBERA
21-02-05
Pudiera
sugerir una contradicción, pero el que duda, piensa y cuando menos se
libera de ataduras. Tenemos el derecho a equivocarnos. Nadie puede
respirar por nosotros. Ya lo expresó Ortega y Gasset: siempre que
enseñes, enseña a dudar de lo que enseñes. Siempre se dijo que el que
más sabe, más cavila. Sin embargo, en los tiempos actuales parece como
si todo el mundo lo tuviese todo muy claro, muy seguro y muy asegurado.
Realmente cuesta entender tanta convicción, si ya la vida es por sí
misma un aluvión de dudas. Antes, no dudar de nada, era sinónimo de no
saber nada. Ahora tenemos un experto en cada ciencia y un especialista
para cada cuestión que solventa cualquier problema. ¡Qué felicidad! Es
palabra de sabio, al que no se le puede contradecir. Son los nuevos
dioses: piensan por nosotros, hablan por nosotros y por nosotros
deciden. Adiós a la incertidumbre.
Personalmente, yo me niego a que alguien firme (y se reafirme), en mi
nombre, ante el examen de la duda. Donde hay olas también existe la mar,
¿dejaré de amar las olas porque producen bravuras que matan? ¿Verdad que
no?, pues lo mismo digo. Dejad agitarme en el titubeo antes que se
duerma el pensamiento o se aletargue de no usarlo. Lo prefiero así,
aunque me invadan las vacilaciones. Es saludable interrogarse antes que
arrodillarse, para ello no hace falta ser hombre de ciencia, sino de
conciencia, sabiduría grabada en el corazón humano. Frente a tanto
sabiondo (sabe-lo-todo), prefiero que me dejen meditar como el río
Guadalquivir del poema de Alberti: “entre Cazorla y Doñana /y no sé
cómo elegir”. Se olvida que el dilema lleva a la reflexión y la
reflexión a la verdad ansiada.
Precisamente, uno de los últimos recelos que me asalta es el de la
clonación embrionaria, todavía tengo mis temores sobre si se consideran
menaje de andar por la vida, como repuesto de vida, o si en realidad son
una apuesta a la vida humana que vamos a dejar al capricho de la
autoridad especialista. La aprensión aumenta cuando servidor percibe
mayoría de especialistas que insisten en decir que toda clonación humana
es intrínsecamente mala y debería prohibirse; resultando especialmente
repugnante la creación de embriones humanos clonados que serán
destinados a la experimentación y a su subsiguiente destrucción. Por
ello, cuidado con legislar deprisa. Casi siempre nuestros políticos
llevan el paso cambiado, nos ponen a un paso ligero cuando hay que ir a
cámara lenta o viceversa. Sus urgencias son para temerles. ¡Cuántas
garantías jurisdiccionales atropelladas por la locura de los
apresuramientos! A veces es mejor que el tiempo esclarezca dudas.
Podemos hablar y no decir nada o querer decir mucho y no acertar a
decirlo, pues aún más complicado es, testificar algo. Cicerón lo decía:
Hablo pero no puedo afirmar nada; buscaré siempre, dudaré con frecuencia
y desconfiaré de mi mismo. Esto debieran tenerlo en cuenta todos los
patios de vecindad del mundo mundial que forman y conforman el sufridor
planeta, manejado por las multinacionales más que nunca, esas poderosas
redes que tan dulcemente degradan al ser humano como al ecosistema. En
una tierra cada vez más interrelacionada, la responsabilidad de las
decisiones debe ser compartida más allá de doquier frontera. Es cuestión
de democratizar todo el sistema internacional, también el europeo, con
sus dimes y dudas, clima propicio para el diálogo, la escucha y el
análisis.
En cualquier caso, siempre será bueno el intercambio de ideas en un
mundo más infeliz que feliz, aunque un informe último del Fondo
Monetario Internacional nos diga que la economía española sigue
creciendo con fuerza y que continuará haciéndolo por encima de la media
de la zona euro. Esto hay que ponerlo en cuarentena o que me expliquen
cuál es el motivo de que una multitud creciente de personas tengan que
acudir a diario a los albergues en busca de un plato que llevarse a la
boca. Yo no veo tal avance, y si lo es, es más desigual que igual. Que
se lo digan a esas familias que se gastan todo el dinero en hipotecas
para poder dormir bajo techo.
Tal vez, por esa perplejidad de hechos y realidades, los ciudadanos
votantes han pensado en propinarle a la clase política la mayor
abstención de la historia de la democracia en el referéndum europeo, que
reduce hasta un tercio del electorado su apoyo. No hay más ciego que el
no quiere ver. Este minúsculo respaldo no debiera darle satisfacción a
partido alguno. Ha sucedido todo lo contrario en esas primeras
valoraciones. El resultado ha sido para todos ellos magnífico y
esperanzador. Mezquino análisis el que no piensa en aquellos que le han
pegado un corte de mangas a las urnas, puede que movidos por el
euroescepticismo y la apatía del cansancio. Siempre se está a tiempo de
rectificar, lo nefasto es obstinarse en victorias absurdas. O en ver luz
donde todavía hay muchas sombras. Ya se sabe que los grandes
conocimientos engendran las grandes dudas. Tenemos que seguir
conociéndonos, sin prisas, pero sin pausas, haciendo una Europa para
todos, y si acaso, más para los últimos. Un espacio más realizable para
la vida, que pasa porque sea más habitable, más justo, más libre, más
humano. Séneca nos dio los elementos de la dicha: una buena conciencia,
la honradez en los proyectos y rectitud en las acciones. Atmósferas que
aún escasean entre nosotros para desgracia de nosotros. Dejad que el
pueblo dude, delibere y se libere.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -