ALGO MÁS QUE PALABRAS
EL
DERECHO A SOÑAR
19-02-05
A
estas alturas de vida, creo más en la pasarela Cibeles como canto a la
seducción que en el espíritu europeísta de algunos de nuestros
políticos. Vamos, que no me ponen europeo por muchos encantos que me
muestren. Con estos chicos, mayoría asalariados de la política, cargados
de asesores de imagen, no acaban de apasionarme sus decires, posturas,
ni ademanes. Suelen quitarme el sueño, más que otra cosa. Los hechos
están ahí, solo hay que mirar y ver. Cada día tenemos una España más
dividida y una Europa menos acogedora, insolidaria, nada respetuosa,
incomprensiva e incapaz de integrar a nadie, ociosa y vendida al Euro,
injusta hasta la médula, tan alocada como ciega. Pasamos de la historia
a la histeria colectiva y de la responsabilidad a la irresponsabilidad
mayúscula. Con estos bríos, resulta más que difícil, hasta en el sueño,
reencontrar una Europa fundada sobre los valores de la generosidad y del
don de sí, de la interioridad y búsqueda sincera de una alianza
efectiva.
Europa, por desgracia, aglutina a muchos tipos de ciudadanos. Todos no
somos iguales, ni ante la ley, ni ante la vida. Las desigualdades de
unos y otros producen las mayores injusticias y discriminaciones
posibles. La realidad supera a la ficción. En España pasa lo mismo, por
mucho programa de actuaciones para el Buen Gobierno que nos quieran
meter a presión por los ojos, estos chicos de buen ver y mejor vivir,
fijando principios éticos que nadie se los cree. La pela es la pela,
como el título, es el señorío. En vista de lo visto, sólo se me ocurre
proteger el sueño. No es fácil vivir en este mercado de mentiras.
Prefiero dejarme llevar por el ensueño y visionar otro mundo más
cercano. Desprenderse de una realidad tan negra, bien vale una ilusión
blanca. Reivindico, pues, el sagrado derecho de soñar y de dejarme que
sueñe sin guiones impuestos por los ilustrísimos señores y
excelentísimos borregos. Prohibido matar al soñador, prohibido prohibir
la utopía. Nos alivia por dentro y por fuera se rejuvenece la tristeza
del aire.
Quizás sea bueno lo de fantasear mucho, por aquello de soportar mejor la
situación y vivir más en la alegría. ¿Qué es vivir, sino soñar? El
ambiente, como el escenario a soportar, es una triste estolidez que se
sobrelleva mejor con los castillos del espejismo. Eso sí, cuidado con la
caída, –decía don Quijote de la Luna- , que la vida es muy corta para
olvidarse y no despertar a tiempo. Puede que sea el sueño, lo único
independiente que nos queda todavía, la propiedad a la que me niego se
expropie. Hipotecada la vida por bocazas sin alma y a poderes injustos,
perdemos nuestra propia identidad (ya no nos conocemos), el interés por
el pensamiento y hasta el deseo a un sano aseo personal, el de hacerse
un ser humano (humanista) bajo el cultivo de ideas fermentadas en la
verdad. Con estas docencias mercantiles, es imposible el discernimiento.
Así tragamos como ranas, mentiras tras mentiras. ¡Qué dolor! La vida
comienza a ser un problema y soñar un privilegio, en esta Europa de
ciudadanos tan clasistas como cretinos.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -