ALGO
MÁS QUE PALABRAS
POR
UNA NUEVA ESTÉTICA MUNDIAL
06-02-05
Convencido
de que todo arte, por el hecho de asombrarnos con la siembra de la
belleza, es el mejor alivio para olvidar preocupaciones, y especialmente
la música, propongo reinventar conciertos que nos unan, reordenados por
identidades culturales, (no por identidades de poder), para hacer
frente, sin enfrentamientos brutales, a las diversas penurias del
terrorismo y chantaje mundial, a los cambios atmosféricos generadores de
epidemias alarmantes, a las riadas migratorias ahogadas por el hambre.
Son cruces indivisas para el ser humano, que al mundo entero dividen y
crucifican. Por eso, requiere de respuestas globales lo que es un
problema global. Considero, pues, que todo aliento y alimento
espiritual, emanando sobre todo de la música, nos conmueve y mueve hacia
gozos del corazón que la razón no tiene.
Sólo la música es
poseedora del verdadero lenguaje del universo, tono que nos universaliza
y timbre que nos humaniza. Cada momento, cada circunstancia vivida en la
historia de nuestra historia humana, adaptó y adoptó un tipo de creación
musical, quizás para hacernos ver la belleza sonora que anida en el
tiempo y mejor vivir la autenticidad armoniosa de un espacio invisible
que buscamos. En consecuencia, que el Centro de Documentación de Música
y Danza, aprovechando el motivo del IV centenario de la publicación del
Quijote, haya concluido la elaboración de una base de datos donde se
recoge información sobre obras musicales relacionadas con el Ingenioso
Hidalgo de todos los géneros, de todas las épocas y países, es una buena
noticia para redescubrir nuevos horizontes y formas de vida, fusionando
los caminos recorridos con otros que quedan por andar, en los que se
vean reflejados los signos de identidad actuales de todos los pueblos.
Alguien dijo que la música es la fe de un mundo en que la poesía no es
sino la alta filosofía. El mundo necesita vacunas de esperanza y sueños
de luz para un tiempo, como el actual, en el que demandamos espacios
seguros y energías verdaderas. Ahora se nos dice que Europa nos quiere
brindar, a través de la Constitución Europea, las mejores posibilidades
de proseguir, respetando los derechos de todos, y conscientes de su
responsabilidad para con las generaciones futuras, en esta tierra donde
todos hemos de caber. Ya nos gustaría esperanzarnos y no sumar
fantasías. Se nos va nada menos que la vida; una vida que no vuelve
atrás y en la que todavía no sabemos vivir en rebaño.
Detrás de la partitura constitucional está el eco de lo real, la
literatura viva y, en ella, la ley natural del homo sapiens-sapiens al
sapiens homo-homo, que dijo Cristóbal Halffter. Decir lo inverso es
mentir, vivimos unos tiempos en los que hemos perdido lo que el arte ha
generado, y así es difícil comprenderse, la observación de la naturaleza
y la meditación de lo etéreo. El ejercicio de la autoridad de no guiarse
por ley estética alguna, conlleva a la publicación de leyes contrarias a
la dignidad de la persona humana y a perder conciencias de raciocinio
ético. Y cuando una ley nada concierta, deja de ser ley humana y se
convierte en una ley salvaje, donde hasta imposibles salvajadas se
convierten en posibles realidades, de un mundo a la deriva, a pesar de
tantas sapiencias endiosadas convertidas en demonios para sí.
Decía Aristóteles que la música purifica las pasiones y provoca en los
humanos una alegría inocente y pura. Estoy de acuerdo. Precisamos esa
pauta purificadora. Sin duda, es una sana medicina, la de ensamblar la
diversidad humana, que trajina de un sitio a otro, con las raíces
musicales que cada cual lleva consigo, con el sentir de su corazón, el
consentir de la mente y el asentir por complacencia a la belleza y a la
virtud por singular alteza. Sólo la música, esencia y soplo de verso,
puede regenerarnos hacia la comprensión de la diversidad y generarnos
vivencias creativas de convivencia. Si podemos ser dos y un solo
corazón, ahora hemos de aprender a ser varios y una sola voluntad
concertada, desvivida por la paz, en el gran concierto que es la vida.
Es cierto que nuestras músicas son cósmicas y nuestra literatura
cervantina abarca varios continentes, sin contradecirse unos lenguajes
con otros, por su variedad de esencias y estilos. Todos tienen su hueco
y respeto. Debiéramos considerar la lección y retornar de vez en cuando
a su página. A lo mejor, si pusiésemos más oído en escuchar músicas como
esta de Salinas de que “para vivir no quiero/ islas, palacios, torres”,
sino la alegría de “vivir en los pronombres”, seguramente las tensiones
dejarían de existir y las atenciones de donación serían actos corrientes
de caridad agradecida.
Tras ese sabio poema de Salinas, versos que nos invitan a la
confraternidad de igual a igual, abiertas las ventanas hacia el desapego
de los bienes materiales y la aceptación de las necesidades de los
demás, la vida volvería a ser ese poema primero de creación de albas y
esa música naciente de recreación de almas. Merece la pena rebuscar este
mandamiento vital y buscar concertistas que armonicen los contrastes
entre la pobreza de unos y la opulencia de otros, sino habrá que ir
pensando que el hombre es un animal insociable que detesta a sus
semejantes y apesta cuando pierde el espíritu, por mucho
constitucionalismo reconstituyente que nos llevemos a la boca. En todo
caso, me reafirmo, que el corazón es la única partitura que su eco nos
pone en camino del verso, con pulsos que son ritmos de vida y con pausas
que son músicas del cielo.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -