ALGO
MÁS QUE PALABRAS
MUNDANIDAD TRIVIAL Y MENDICIDAD
COMPLEJA
14-02-04
Soy de los que pienso que esta sociedad mediática en la
que vivimos nos ha vuelto a la mundanidad trivial, con su fermentada
dosis violenta de tomar la justicia como a cada cual le venga en gana, a
los sueños frívolos y a los pensamientos vacíos de ideas. Hemos perdido
civilizados ideólogos y ganado inciviles brutos que pretenden adoctrinar
sin conciencia histórica y sin capacidad alguna de honesta crítica. Con
estas miras de inutilidades, resulta bastante imposible afrontar el
diluvio persistente de amenazas y chantajes que nos llaman a la puerta
de la vida cada amanecer. El mundo necesita un foro para la toma
colectiva de decisiones y un instrumento para la acción colectiva. Los
fundadores de la ONU intentaron que la Organización cumpliera ambas
funciones. Nuestra tarea es adaptarla y actualizarla para desempeñar
ambos papeles en el siglo XXI, nos ha advertido su Secretario General.
Considero
que no es fácil tomar colectivamente valor de acuerdo en un mundo de
desigualdades, de mendicidad compleja, porque el galopante capitalismo
actual desordena todo orden y promulga, bien descaradamente o de manera
tácita, la ley de la jungla; donde todo se mueve bajo la dominación del
egoísmo y la explotación. El gran peligro actual, al que España tampoco
es ajeno, es que quienes toman las decisiones pertenecen a ese grupo de
mundanidad trivial, insensibles con los problemas de los demás, cegados
por las tentaciones del deseo de poder (para pisotear más que para
servir mejor) o beneficio propio, olvidando que la riqueza es un medio a
usar para el bien de toda la humanidad. No para excluir. A veces estos
endiosados animales, porque de humanos y de humanidad saben más bien
poco, tienen la miopía en el alma, están convencidos o nos quieren
convencer, de que nuestras vidas son lo que son, sin otra significación
última. Todo depende y pende de factores materiales. La espiritualidad
se la ha comido el ratón Pérez.
No sólo es
necesario trabajar por una integración cada vez mayor de toda la
humanidad, es justo hacerlo y rehacerlo con justicia, más de corazón,
que humana. Lo primero que hay que tutelar, y ponerse todos de acuerdo,
es en definir lo que somos y lo que ha de ser el ser humano. Todas las
voces han de ser oídas y escuchadas por igual. Eso de que la vida no
valga nada para muchas personas o de que se comercie la carne humana
como un producto más de mercado, debiera atajarse de raíz; sin
ambigüedades posibles, ni juegos de palabras sin sentido. La vida es
para vivirla en dignidad. Cuando se pierde toda conciencia de bien hacer
por el bien común, resulta bastante absurdo hablar de solidaridades.
Desde
luego, la mundanidad reinante, genera una creciente falta de
credibilidad grandiosa. Nadie cree a nadie. Todo se mueve en el terreno
de la duda, personas e instituciones. Cuestión gravísima. Ahí está el
desasosiego que percibimos por doquier rincón, entre comedias y dramas,
rehogado con un pasotismo total: de sálvese quién pueda. Más que
personas con principios humanos, raíces universales de derecho natural,
se avienen intereses personales o de grupo, a la hora de implantar
valores y de plantar acciones. Es el ciudadano político, encargado
profesionalmente de aplacar el avispero con el bien común, el que
debería poner coto a tanto despropósito.
El buen
propósito de Amparo Valcarce, secretaria de Estado de Servicios
Sociales, Familias y Discapacidad, ante la sede de la Organización de
Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, anunciando el compromiso del
Gobierno español de impulsar la lucha internacional contra la pobreza,
nos pone en el camino de la esperanza. Lo de implicarse en operaciones
de canje de deuda externa por iniciativas de desarrollo social y
recordar que reducir la pobreza es una obligación urgente, es una buena
noticia. Que lo sea de verdad, que no quede sólo en el papel o en las
buenas intenciones. Europa puede ser una solución, ha de serlo, para que
la mendicidad y la desnutrición dejen de ser ese escándalo continuo que
destruye vidas.
Lo cierto
es que coexisten en el mundo demasiadas políticas económicas equivocadas
y comportamientos deplorables en el ámbito moral. Diversos comisarios de
las Naciones Unidas para derechos humanos, coinciden siempre en lo
mismo, en su preocupación por hacer extensibles los derechos humanos a
todas las personas. Es la gran asignatura pendiente, el cambio de
actitud hacia la vida. Tendríamos que hacer algo más con el hambre en el
mundo, desde la otra orilla de la opulencia, puesto que un mero
recordatorio, de vez en cuando, no es suficiente para calmar la voz de
tantas personas dolientes. El que centenares de millones de seres
humanos sufran todavía gravemente desnutrición y, que cada año, millones
de niños mueren de hambre o por sus consecuencias, es para preocuparse
aunque nos pille lejos. O quizás ya no tanto. En cualquier caso,
olvidamos que somos ciudadanos del mundo, en un mundo en el que ya todos
nos conocemos, ahora falta comprendernos y ayudarnos, servir antes que
servirnos. Lo de siempre y en lo que caemos siempre.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -