ALGO
MÁS QUE PALABRAS
ANTE EL
OJO DEL ALMA; EL ALMA DE LA JUVENTUD
19-01-04
Las cicatrices en el
alma son más difíciles de curar. Eso de vivir de rodillas, atados a
vergonzosas servidumbres, mata toda paciencia. Difícil arreglo tiene la
crecida de torturas en el mundo si se desprecia la vida y no se aprecia
al hombre por lo que es, ni se salvaguarda la unidad del género humano.
Arduo perdón tiene el menosprecio. La espiral de destrucción requiere,
con urgencia, formación humana e instrucción de respeto recíproco, antes
que la bomba de odio nos explote en la propia mano.
El mundo de las globalizaciones y de los muros está ahí, el de las
uniones interesadas y el de los amores imposibles, por eso nos interesa
recuperar razones que nos ilusionen y abandonar prejuicios que nos
motiven hacia el desacuerdo. El mal de nuestro tiempo es la desigualdad
entre los unos y los otros, la ensortijada superioridad en el hocico de
algunos que no pasan de cerdos y el apego a los palacios del que quiere
ser servidor. Pienso que debemos poner en el centro de todo proyecto a
la persona humana con su dignidad (omitida tantas veces) y derechos
fundamentales (incumplidos otras tantas), replantear la cuestión del
verdadero sentido humano, el del bien común.
Podremos ser capaces de construir el avión comercial más grande del
mundo en Europa, acortar las distancias entre territorios, avanzar
científicamente, pero si perdemos la confianza en la persona humana
somos como un barco a la deriva. De nada nos sirve si la paz mira para
otro lado y la concordia para el desprecio. Menos mal que un informe
reciente presentado por
la Directora General del Instituto de
la Juventud (INJUVE), nos inyecta algo de esperanza. Nuestros jóvenes, aparte de
estar enganchados a las nuevas tecnologías, también lo están a la vida.
Ya se dice: vivir es nacer a cada instante.
Los jóvenes españoles no manifiestan grandes preocupaciones vitales,
salvo las propias de encontrar trabajo y poder comprarse una vivienda,
aunque su grado de optimismo y felicidad ante la vida es alto. Zapatero
no les falles. Está bien eso que la vida para ellos sea esperanza
permanente. Confiesan que las causas de su felicidad se deben,
fundamentalmente, a la armonía de sus relaciones interpersonales con los
amigos, la pareja y la familia. También nos dan otra lección a los
adultos. Se identifican fundamentalmente con su pueblo o ciudad, o sea
con sus raíces, poseen un sentimiento nacionalista dual y moderado, se
consideran en general tan españoles como de sus comunidades respectivas.
Ellos sí que saben. De mayor quiero ser como estos jóvenes: puro
encanto. Son el ojo del alma, en el arte de evitar tristezas, porque el
alma de la juventud, todo lo aviva, mientras vive. Que dure mucho.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -