ALGO
MÁS QUE PALABRAS
OTRA VEZ CON LA
EUTANASIA
15-01-04
Somos
de un arcaico improcedente e impertinente. La muerte y la posibilidad de
decidir sobre ella vuelve a estar en el debate mediático,
convirtiendo de nuevo a la
eutanasia en un problema social. Estos tiempos nos recuerdan otros en
los que ya se practicaba la eliminación de vidas consideradas inútiles,
costumbre que estuvo admitida respecto a los recién nacidos con
malformaciones, minusválidos o ancianos. Más allá de esa muerte dulce a
la que todos aspiramos, se encuentra la complejidad de la vida humana,
con sus variadas concepciones antropológicas, culturales, éticas y
biotecnológicas. Cuestiones que son necesarias abordar antes de
responder, desde posiciones enfrentadas, puesto que la realidad es más
poliédrica y ardua de lo que se estima a través de una simple respuesta.
Pienso que gestionar el final personal de
cada cual resulta sumamente difícil en un mundo de contrariedades. La
complejidad de la respuesta sobre la eutanasia, conlleva a un laberinto
de pensamientos, en cuanto a solución o problema. Precisamente, hace
unos días asistí a una brillante conferencia pronunciada por uno de los
teólogos moralistas más distinguido del momento actual, Francisco J.
Alarcos Martínez, el cual planteó salir de lo dilemático, reconfigurar
un concepto de salud sostenible, mediante un modelo más deliberatorio,
puesto que la dignidad –según sus propias palabras- pasa por el respeto
a la biografía de cada persona. En este sentido, criticó la
radicalización liberal que nos inunda, poniendo especial énfasis en que
a la libertad hay que incorporarle un sentido.
Porque detrás de esa fiebre modal que se
vocifera nuevamente, el derecho a morir como cada cual lo estime, se
esconden más locuras que afectividades y ternuras, más amor interesado
que donación desinteresada. Por amor nunca se tira la toalla, se
persiste en la asistencia y se resisten todos los calvarios. El que ha
amado bien lo sabe. No confundamos términos, ni tampoco enaltezcamos
falsas dignidades que para nada dignifican la muerte. Abrir los
micrófonos a personas dispuestas a relanzar vientos mortecinos,
intoxican más que vivifican. Yo que estoy por el respeto a todas las
voces, considero una bestialidad dar luz a planes, que nos plantan en
que, más tarde o temprano, alguien decida por nosotros nuestra propia
vida. En todo caso, de ninguna manera se pueden alentar, de manera
simplista, falsas liberaciones como se hace desde algunos medios
televisivos.
La verdadera compasión está muy por encima
de quitar la vida a nadie. Cuestión innata. Todo se deja por la persona
amada. Creo que tras la eutanasia se esconde más malicia que bondad,
deshacerse del problema sobre todo lo demás. Por ello, pienso que sería
más saludable oír a las familias que se dejan su propia vida en el
cuidado de ancianos y enfermos, a los que el Estado debería prestarle
mucha más ayuda por cierto, antes que a matarifes salvavidas que se
lavan las manos con prescripciones de norma humana. Se olvidan que en el
alma, como en la ley de la vida, jamás prescribe la ley natural: el
derecho a vivir y a dejar vivir.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -