ALGO
MÁS QUE PALABRAS
NO HAY
MÁS NACIÓN QUE LA HUMANIDAD
07-01-04
Lo
de unirse y reunirse como lo de integrarse y reintegrarse, es cuestión
que no debe cuestionarse, porque la vida es comunión de equilibrios y
camino de manos enlazadas. La humanidad, toda ella, es la única
nacionalidad verdadera, la razón de la existencia. Por ello, para
hallarse con los demás, al igual que con uno mismo, hay que aprender a
convivir y conversar sin chantajes, ni amenazas, con la libertad de
pensamiento y la ciencia del alma en los labios. Uno que está por el
respeto más absoluto a todas las culturas y cultivos, a todas las
historias y vidas, la pertenencia a la humanidad es un reino de unidades
y debiera ser una unidad unida.
Cuesta entender, por
tanto, que se ponga en entredicho la indisoluble unidad de la Nación
española y su fundamento constitucional, suficientemente garantizadora
de un derecho a la autonomía de las nacionalidades, advirtiendo el deber
de la solidaridad entre pueblos. Arrecian unos desaires de división
temibles, puesto que generan un cociente que nos crispa y un resultado
que nos disgrega. Ya se sabe, las fronteras siempre nos enfrentan, por
puro egoísmo y necedad. En la era de las apariencias y del barniz
corporal Express, todo el mundo quiere ser el centro de algo, aunque sea
todo un despropósito, como es el caso de que algunos hijos de la Gran
Bretaña se vanaglorien de ser la capital del orgullo gay u otras
marionetas
maltratadas por un titiritero se resignen al calvario. Eso de que las
minorías sean dueños de llaves capaces de abrir o cerrar puertas a la
convivencia, según su interés de poder apoderarse, tiene difícil
avenencia.
Es cierto que cada
vez somos más diversos. Sin embargo, las distintas nacionalidades, en
cuanto raíz cultural distintiva de los pueblos de España, lo que han de
propiciar sobre manera aquellos que concurren a la formación y
manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para
la participación política, en todo caso, ha de ser el encuentro, no el
encontronazo, y la lealtad hacia valores de peso natural, como puede ser
la libertad, justicia e igualdad. Toda opción cerrada y que encierra,
deshumanizadora y fanática en levantar muros, es incompatible con la
misma humanidad a la que tendríamos que amar más todos y mejor, porque
de ella somos parte en partes iguales según reza en el parte natural de
todo nace y todo se muere.
A Tristan Bernard
había dos cosas que le admiraban: la inteligencia de las bestias y la
bestialidad de los hombres. Movido en ese mismo paralelo del
discernimiento asombroso, hay dos cosas que actualmente me afligen: el
separatismo de los rebaños y los rebaños de lobos parcelando estados de
miedo para su estatus de nación. Por lo demás, que nuestros líderes
políticos profundicen a fondo, y también con buenas formas, sobre la
manera de aglutinar voces en favor de una sociedad más hermanada y
fortalecida democráticamente, debiera sosegarnos porque en su horizonte
sólo ha de haber un deseo: el de garantizar la concordia de todos con
todos.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -