ALGO
MÁS QUE PALABRAS
LA
ESTRELLA DE LAS BUENAS NOTICIAS
02-01-04
Se
comenta en los labios del aire que la verdad es para el sabio y que la
belleza para el corazón poesía. Los históricos marineros siderales,
ciudadanos del tiempo y para el tiempo, nos evocan que un misterioso
lucero nos pone en el camino cuando perdemos el rumbo de la vida. En el
mismo paralelo, la estrella que conduce a los Magos hacia el Niño Dios,
evoca la rica simbología de la luz que guía el camino de las gentes.
Siguiendo todas esas estelas, yo también deseo encender esa luz de
anhelo en el corazón del posible lector y ver al mundo con el cristal
del sosiego. Hay que recobrar la simpatía por vivir. Los antipáticos no
pueden ganarnos la batalla. Si el mundo se envuelve en guerras, hay que
desenvolver la paz y cultivar el corazón. Sólo así, florecerá una
amistad (en la verdad y en la belleza) que nos hermane.
Desde luego, los españoles somos unos privilegiados. Nuestra singular
piel de toro, tan halagada por el sol y acariciada por las musas,
agasajada por los cantores del universo hasta convertirla en uno de los
hogares ornitológicos más acogedor del hábitat europeo, puesto que tanto
desde el punto de vista de las aves reproductoras como de las migradoras,
visitan nuestro territorio en algún momento de su ciclo vital;
haciéndonos, con sus concertados paisajes de trinos, la vida más
llevadera. Es una gozada tomar baños luminosos, sestear con la etérea
soledad y hacer silencio para sintonizar en vivo los conciertos de las
aves, todos ellos indicadores poéticos de buena salud. No necesita
valedores esta hermosura, persuade por sí misma los ojos del alma de
cualquier persona.
En el año del Quijote, a la vieja usanza de los caballeros andantes de
buen ver y mejor vivir, puede resultar fructífero para el corazón
rememorar rutas inolvidables, caminar por las sendas de los días. A
veces caminamos ciegos y así no vamos a ninguna parte. Hay que hacer,
como deber primero, que las buenas noticias resplandezcan, compendio de
que la esperanza es posible, en un mundo de fugacidades, perdido en
inútiles contiendas y sembrado de catástrofes pavorosas. La calidad de
vida no llega por la cantidad de placer conseguido, sino por la alegría
de unir manos y de sembrar buenas acciones. El que España, por ejemplo,
se sitúe entre los primeros países en prestar ayuda, tanto económica
como humana, a los afectados por el maremoto, acrecienta la grandeza de
los pueblos. Ya el célebre Eduardo Marquina, en su tiempo y para todos
los tiempos, puso el acento en donarse sobre todo lo demás, con estas
estrofas: “Oro, poder y riquezas/ muriendo has de abandonar, / al cielo
sólo te llevas/ lo que des a los demás”. Lo que más nos vivifica,
ciertamente, es la incondicional entrega. Y en esto, decir, que no basta
con hacer el bien, hay que rehacerlo con amor.
Ante las múltiples manifestaciones de terror, que por desgracia golpean
desde todos los puntos cardinales de una manera u otra, la exigencia del
diálogo y el requerimiento de saber perdonar resulta fundamental para
que las buenas noticias reverdezcan la tierra e iluminen el cielo.
Acostumbrados a lenguajes dirigidos a quienes están de acuerdo con
nosotros, hemos de aceptar convivencias con personas que piensan
diferente. Para estos casos, admítase la lección del libro de la
naturaleza misma, la del árbol que no niega su sombra, ni reniega del
leñador. Si prestásemos más atención a estos mensajes prendidos del
ecosistema, tantas veces inadvertidos a nuestro paso, seguro que
tendríamos más ecuanimidad a la hora de juzgar y decidir.
En el umbral del dos mil cinco, bajo el clima todavía navideño, pienso
que es un atinado momento hacer nuestro, y participarlo de este modo, el
sentimiento de alegría experimentado por la estela de gozos que dejan
las buenas noticias. El buen sabor de boca que dice el pueblo. A
propósito, creo que debieran prestársele una mayor atención en los
medios de comunicación y vociferarlas más. La peregrinación que los
Magos realizaron hace miles de años desde Oriente hasta Belén en
búsqueda del Niño Dios recién nacido, no ha perdido interés alguno, más
bien ha crecido como el creciente de la luna, y hoy es repetida por
afanados peregrinos a la búsqueda de lugares santos, con los bolsillos
cargados de fe y el corazón de esperanza. Esa es una realidad que hoy se
omite mezquinamente por no se qué cuestión o complejo. También hay otros
peregrinos que nos visitan, los de las pateras, a los que estamos
obligados a recibir con la buena noticia del calor humano. Al fin y al
cabo, todos somos peregrinos en esta tierra de todos y de nadie, porque
al final de sus vidas nadie se la lleva consigo.
Y
en la tierra de España y de los españoles, tal y como está de revuelto
el patio de pobladores, pienso que sería una buena noticia lo de crispar
menos y calmar más, lo de unir antes que dividir, lo de formar antes que
reformar. Se lo pido a las Reyes Magos. Pongamos la razón de ser, antes
que la de Estado; y la de Estado, antes que la de los intereses; y la de
los intereses desinteresados por su naturalidad, dejémoslos trascender
como razón de vida. Es menester, que la serenidad del constitucionalismo
de 1978 se regenere y nos genere renovados consensos. Justo es defender
este timón, frente a los desatinos, desacuerdos, desánimos,
desconsuelos, despropósitos, despilfarros, desdenes y desdichas que nos
acorralan de manera incivil, petulante y malévola. Cuando ya no se toma
en serio ni la propia patria, la estrella de la concordia entra en
discordia y se produce el estrellazo. Por ello, entiendo, el deber de
poner remedio; remediar las malas noticias y los falsos voceros,
enmendando conciencias.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -