ALGO
MÁS QUE PALABRAS
¿EL
BOLSILLO O EL CORAZÓN?
22-12-04
Todos
los años, por estas fechas y desde que tengo uso de razón, me hago la
misma pregunta: ¿La Navidad es más de corazón o de bolsillo? Yo tengo la
sensación de que nos alejamos del verdadero sentido de la fiesta, de la
autenticidad del momento, que no es otro que el gozo del nacimiento de
Jesús. Aunque misteriosamente son días de encuentros y reconciliaciones,
la calle es un avispero de luces, que nos lleva al consumo antes que a
la reflexión. Nada nos sacia porque el baño de mentiras, epidemia del
actual siglo, es uno de los cánceres mayores del corazón. Hemos perdido
el alma de lo que es el portal de Belén.
Sin embargo,
necesitamos más que nunca la sonrisa del Niño Dios para que el monte del
manto negro que nos aprisiona, libere nuestra triste mirada clavada en
la tristeza que tanto nos tortura el tipo. La procesión hoy va más por
dentro que por fuera. Ciertamente, de cara a los ojos de la sociedad
cuidamos la imagen de un figurado figurín, hasta el extremo de volvernos
esclavos de las formas. Es la miga de lo superficial la moda, bajo modo
indicativo de usar y tirar. Por ello, considero que puede ser un buen
momento para hacer zafarrancho en las habitaciones interiores de cada
cual con su cada uno, ordenar abecedarios desbocados y estéticas
borradas por el maquillaje de las apariencias.
En esta sufrida nación española, donde la patria se
confunde y el egoísmo altanero nos impide servirla hasta morir, (la
orden de retirar el lema: “A España servir hasta morir”, que lucía
pintado con cal blanca en la montaña situada junto a
la Academia Militar
de Suboficiales de Talarn, es un ejemplo de la vergüenza que les
avergüenza a algunos), peligrosamente crecida por falsos dioses de poder
dispuestos a dividir crispando más que a unir serenando, apoderada a su
antojo por bandadas de sumisos, vilmente jerarquizada, viciada en
derechos y deberes, con la balanza de la justicia en vendaval como
guinda de despropósitos, olvida de que Jesús nació en un establo, pobre
entre los pobres, para donarnos el mensaje más verdadero, de que nadie
es más que nadie en el servicio a la vida y en el cumplimiento de la
tarea asignada.
Quisiera dirigir un abrazo y pedirles cobijo a las gentes
que duermen entre cartones. Son de la estirpe de Jesús de Nazaret. Me
apetece salir al encuentro y hacer familia a su lado, reencontrarme con
el verbo, conjugar el verso con la vida, avivar la palabra del corazón
y reavivar la voz de los sin voz. Ser poesía que calme y colme, porque
el Emmanuel, el Dios con nosotros, nos llama a vivir hermanados en el
gozo del camino. ¿Quién podrá saciar esta hambre de justicia y
libertades de todos y para todos, si no es el Niño Dios? La familia
humana, toda ella, necesita ese corazón, para hacer un corazón, en el
corazón del mundo. Europa tiene el mejor patrimonio para la paz, sus
raíces cristianas, para que la arboleda del amor florezca a pleno cielo.
¡Feliz Navidad!
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -