ALGO
MÁS QUE PALABRAS
REY
ES EL AMOR, Y EL DINERO, EMPERADOR
11-12-04
Ya
se sabe lo importante que son el amor y el dinero en la vida, con
primacía de lo segundo. Tanto tienes tanto vales. Por eso, quizás
resulte tan difícil poner coto a negocios lucrativos sucios, como es la
continua expansión descontrolada de armamento y explosivos diseñados
para matar y mutilar seres humanos. Detrás de todo este comercio
bochornoso, que mueve un aluvión de pasta, hay corrupción y soborno,
violaciones a los derechos humanos y violencias salvajes. Creo que la
situación en España se encuentra en un punto fustigador. A juzgar por
los sucesos diarios, todo el mundo va armado. En cualquier esquina,
alguien puede colocar una bomba y bombearte al otro barrio, rajarte con
una navaja de lengua larga, o acribillarte a balazos. Pienso que los
diversos gobiernos españoles, tanto el estatal como los autonómicos y
locales, debieran tomar algún tipo de precaución antes que el fuego abra
más brechas de odio.
Por lo pronto, es una buena noticia que el Ministerio del Interior haya
ordenado a las Delegaciones del Gobierno que pongan en marcha, a través
de sus áreas de industria, una campaña de inspecciones en el interior de
las explotaciones de carácter minero o industrial que utilicen
explosivos en sus actividades. Nunca es tarde si la dicha es buena; no
obstante, una vez más, para poner remedio muchas vidas se han quedado en
el camino, sesgadas para siempre. Las permanentes irregularidades en el
control de explosivos han sido tan descaradas, aunque en este país nadie
pague por las irresponsabilidades de un mal gobierno, que parece
sumamente viable acceder y traficar con este tipo de artefactos temibles
y tremendos. En vista de lo visto y de lo que pueda venir, la prevención
e intensificación del control sobre las fábricas, depósitos, transportes
y consumo de explosivos, así como de otras armas ligeras, es saludable
para que la vida prosiga y se deje vivir al que quiera vivir.
Considero, pues, que debemos lograr reducir la petición de armas a lo
más mínimo, ofertando más seguridad institucional. Eso de tomarse la
justicia por la mano es un mal juego para la paz. Somos testigos a
diario de cómo las armas se utilizan para perpetrar atentados, actos
criminales, violencia doméstica, abusos y más abusos. La inseguridad a
la que estamos sometidos en ocasiones, debiera hacer reflexionar a todo
aquel gobierno que se precie de actuar en coherencia con el compromiso
de fomentar la paz. Para ello, hay que demostrar con actuaciones
transparentes en el comercio de las armas, que las personas nos importan
más que otros intereses económicos y políticos. Esa es la cuestión. Amar
cada uno la paz del otro es una buena medicina, porque la obtenida con
armas, no es más que un calmante; una tregua que calma en falso, sin
llegar al alma.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -