ALGO
MÁS QUE PALABRAS
ESPAÑA COMO DESTINO PREFERENTE
21-11-04
Ya
lo dice la copla: como en España, cada día más nación de nacionalidades,
ni hablar. Según datos estadísticos, durante el pasado mes de octubre se
han recibido 4,8 millones de turistas internacionales en España, lo que
supone un crecimiento del 8,8% en relación al mismo mes de 2003. O sea,
que entre enero y octubre se recibieron 47,5 millones de turistas, un
2,5% más que en el mismo periodo de 2003. Tras lo reflejado en los fríos
dígitos, el regocijo de sentirnos visitados y la lección que nos indica
lo pequeño que es el mundo. Las distancias ya no existen para los
viajeros andantes. Teniendo en cuenta, lo que predijo Cervantes, de que
no hay ningún viaje malo, excepto el que conduce a la horca, estamos de
enhorabuena.
En verdad, pienso, que esto es bueno para mundializarnos,
ya no sólo para el comercio, también para el acercamiento a culturas
distintas, puesto que las actividades que puedan realizar las personas
durante sus viajes y estancias en lugares distintos al de su entorno
habitual, por un período de tiempo consecutivo inferior a un año, con
fines de ocio, por negocios y otros motivos, son fuerzas vitales para la
cultura de la comprensión mutua y el desarrollo de mentalidades
expansivas y tolerantes. Siguiendo la misma estela cervantina, de que el
andar en tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres
discretos, bien vale un ¡olé! de los nuestros. Lo de españolear y hacer
patria nunca está demás. Cada cual con sus raíces y todas ellas formando
el árbol de la vida.
Ciertamente, que España sea destino preferente hay que
mimarlo. Por muchos motivos: para dejar de ser pueblerinos, en el
sentido de atrasados claro está, puesto que dialogar con otras maneras
de ser y vivir, siempre es enriquecedor. Nos da vida. Y también el
visitante descubre otros lugares, otras luces paisajísticas, nuevas
formas de sentir y pensar. Para todos es saludable viajar, adaptarnos a
diferentes miradas y admirar horizontes diversos. Es la mejor escuela.
El mundo no es nuestra casa y poco más. A poco que viajemos nos daremos
cuenta de que todos somos necesarios y que la ocasión de un útil
intercambio de experiencias, nos ayuda a crecer más en humanidad. El
roce de conocerse ayuda a tener la fiesta de la vida en paz, que ya es
bastante.
Por ello, el turismo, es una
actividad que nos hace crecer la economía, pero también es una manera
privilegiada para progresar como personas abiertas a todos los cultivos
y cultos. Está demostrado que la apertura siempre ayuda a la
construcción de una sociedad más solidaria y fraterna. Creo, pues, que
se deben estimular, desde todas las instituciones, convivencias
culturales, deportivas, y doquier encuentro que nos sirva para hacer
familia en familia. De igual modo, como diría un matemático haciendo uso
de la propiedad biyectiva, también es saludable que los españoles salgan
a otros mundos y se empapen de otras vidas en su hábitat.
Pienso que con gran acierto, algunas
ONGs ofertan viajes solidarios, asociaciones culturales y religiosas
hacen lo mismo con peregrinaciones a lugares santos o pueblos de calado
patrimonio histórico. Sin duda, es sana medicina para comprender otras
culturas, toparse en vivo con realidades tan dolorosas como la falta de
libertades, las injusticias de pobreza y hambre, y otras estampas
crueles. No es lo mismo verlas pasar desde el islote de la felicidad que
podamos vivir, como respirar el horrendo dolor ante las pupilas del
alma. Hay que comprometerse, y prometerse así mismo, para evitar que el
bienestar de unos pocos privilegiados se consiga en detrimento de la
calidad de vida de muchos otros. O sea, que la economía alcance a todas
las mesas de la humanidad, que no alce a unos en el tenerlo todo y baje
a otros en no tener ni un trozo de pan que llevarse a la boca.
Ahora que somos destino preferente
para el turismo, sería fantástico que lo fuésemos también como valor de
concordia y amistad. En efecto, muchas de las situaciones de violencia
que padecemos a diario tienen su raíz en la intransigencia, en el
rechazo a culturas ajenas. Sin embargo, cuando existe un clima de paz y
comprensión estamos favoreciendo a que el turista vuelva, puesto que el
destino depende de muchos elementos relacionados de forma más o menos
directa con la actividad turística, instituciones, empresas,
organizaciones.... En el turismo, al fin y al cabo, todos contamos para
bien o para mal. Reconocerse bajo el sello del buen estilo, contribuye a
ser visitados. Por consiguiente, que hoy seamos lugar predilecto, es un
mérito de todos los que habitamos en la piel de toro.
Estoy convencido de que una buena
manera de permanecer acogiendo esa positiva riada de visitantes, pasa
por hacer de los destinos turísticos, paraísos de auténtica
tranquilidad, donde se llegue fácilmente y se posean infraestructuras
aceptables, sobre todo para los discapacitados y personas mayores. Es
necesario que nadie tenga reducida sus posibilidades de ocio y se pueda
disfrutar de un turismo sin barreras, cuidando muy mucho los posibles
desórdenes urbanísticos. Mal negocio para el ocio son los colmenares de
la masificación, repelen al turismo y atraen a los especuladores. Se
pierde todo el encanto de no tener aire para respirar, sol para
solearse, ni luna para enternecerse.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -