ALGO
MÁS QUE PALABRAS
EL LENGUAJE DE LOS ÁRBOLES
15-11-04
Hay
aromas que permanecen para siempre a nuestra vera, paseos inolvidables,
caminos imperecederos, árboles en los que hemos recostado nuestras
penas, nubes de bosques que nos han sellado el mimo del aire en la
mejilla, campos por donde campean copos luminosos que nos avivan por
dentro, lenguajes que forman parte de la vida, lenguas que son versos de
nuestras raíces, latidos que acentúan vivencias y convivencias. Quizás
por nacer entre tupidas arboledas, haber escrito el primer pensamiento
para el día del árbol a la sombra de ancestrales sotos, o haber
despertado al amor entre mares de amapolas silvestres, uno sienta
gozosa predilección por esas atmósferas limpias, que tan níveamente me
arroparon de niño y después de joven, donde escuchar el silencio,
prendido a los labios de soledad, era más que un ocio, un acto de
encandilarse a los días.
Las
frondosidades de los montes, con sus variados mantos, aquel nogal
solitario que todavía hoy ronda la ventana del patio de la vieja escuela
del pueblo a la que ya no acuden niños, el enramado boscaje con el que
dialogaba a ser mayor, suscitó en mí los más profundos poemas. Siempre
recordaré el poético baile de los árboles al son del viento, una
orquesta de sensaciones difícil de narrar. A raíz del último encuentro
con la arboleda perdida, sentí desolación por el viejo nogal, los
achaques eran palpables, debido al diluvio de aires contaminados que le
circundan. Percibí su lenguaje triste y hube de apercibir a los
parroquianos. Por conciencia, prometí resucitarlo con una fiesta de la
poesía, que los poetas dejasen el corazón por su vida y que los vecinos
declarasen el luto desde el campanario del cielo.
Realmente
la llamada surtió efecto y los afectos no se han hecho esperar. Esta
semana me participa el alcalde del pueblo que el nogal, tras unos
cuidados especiales, más de cariño que de alimento, vivirá otros cien
años más. Estoy, pues, con el alma en pleno olmo de felicidad. Por si
fuera poca la alegría, leo que mejora la salud del reino vegetal, unos
resultados obtenidos tras el Inventario de Daños Forestales (IDF) de
2004 indican que el 85 % de árboles estudiados presentan un aspecto
saludable, con una pérdida de volumen foliar entre el 0 y el 25%. Esto
significa que este año se ha producido una mejoría en el estado general
del arbolado español respecto a 2003, año en el que el 83,3% aparecía
con daños, como el nogal de mis lágrimas.
Es un signo
de esperanza, pues, el respeto a la naturaleza y la conversión
ecológica. Esto es para celebrarlo y aplaudirlo. En ocasiones,
absurdamente, se han devastado, sin vacilación alguna, llanuras y valles
boscosos, contaminado aguas, desertizado espacios verdes, en beneficio
de una industrialización salvaje que cava nuestra propia fosa. Este
calvario también ha llegado a los más recónditos lugares, con la farsa
de un falso turismo rural. Por ello, pienso, que tan necesario es
activar la forestación como cuidarla de atropellos, enaltecer su hábitat
y esclarecer conductas asesinas. Las amortajadoras manos del hombre
hacia algunos paisajes irrepetibles, rincones más del cielo que de la
tierra, son para temerle, cuando le mueve el afán de la especulación y
el desvelo por levantar rascacielos donde hay jardines naturales creados
por la vida para donar poesía y sosiego al caminante. ¡Ay si el reino
vegetal pudiera demandarnos para enmendar acciones desviadas de lo
natural! No habría jueces disponibles, ni cárceles para tanto
desaguisado consentido.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -