ALGO
MÁS QUE PALABRAS
¿CÓMO
DISCERNIR LO QUE DESLUMBRA?
15-11-04
De
la vida brotan a diario un borbotón de lenguajes que nos fascinan,
seducen, ilusionan, hipnotizan, magnetizan, ciegan, asombran, pasman,
emboban..., lo espinoso es atinar a discernir lo que nos deslumbra por
su pureza de lo que nos alumbra por su desenfreno. Pienso que una buena
historia, bebida por los labios del alma, puede ciertamente salvar vidas
y reparar daños. Cuánto más se conoce, mejor nos conocemos. Tenemos la
más universal lengua, los más hondos pensadores, y una legión de
notarios dispuestos a recrearnos en su arte, para que descubramos la
autenticidad de la belleza, esa que reverbera del espíritu de la propia
existencia, que no vemos o pasamos de ella. Ahí está la humanidad, toda
ella amenazada, unos enseñando las uñas y otros mordiéndose la lengua,
atrapada por lo que produce e induce, por las voluntades corrompidas.
Ante ese estado de ultimátum continuo y de chantaje constante que
vivimos, creo que nos falta esa docta conversación interna, entre lo que
somos y lo que podemos llegar a ser. La plaga de explotadores y
destructores de luz, amén de cegarnos, nos ensordecen el encanto del
canto sideral. Habría que pensar, cómo expresar la verdad y cómo
separarla de la mentira, cómo decir lo que se admira, que fuese bueno
para el bien de todos.
Nuestra territorialidad se acrecienta por la lengua en común con América
latina, y con ella, un cúmulo de lazos históricos ha de considerarse
para contribuir a un clima de mayor entendimiento. Podemos ser esa luz
que de luz a otros mundos, en la búsqueda de las realidades últimas,
enraizadas en vínculos profundos del espíritu humano. Esto es vital, a
mi juicio, para que en esta atmósfera global en la que ya vivimos, el
respeto gane la batalla a las contiendas. Habrá que cuidar mucho la
forma de expresarse de cada cual, su fe y la libertad religiosa de cada
uno, para que puedan ser vividas y consideradas como un valor positivo
para la convivencia. La manipulación en los lenguajes, tanto a nivel
individual como social, puede causar trágicos sufrimientos y una vuelta
atrás a la concordia, con revueltas y persecuciones absurdas. Por ello,
considero de suma importancia para la vida que se vive, la proliferación
de exposiciones y debates entre culturas diversas o hermanas, eventos
que subrayan apellidos comunes con nombres distintos, como puede ser el
III Congreso Internacional de la Lengua Española, del que no tengo duda,
fortalecerá los lazos de la amistad con Hispanoamérica.
Lo
arduo también es alumbrar aquello que nos deslumbra para un mejor vivir
todos con todos y entre todos, sin herir sensibilidades y sin lapidar
corazón alguno. En el equilibrio radica la conciencia de la ciencia o la
virtud de todas las virtudes. Cuando se pone el corazón en lo que hacen
las manos y el alma en lo que dicen los labios, como los verdaderos
clásicos de la literatura o de las artes, su presencia se enraíza en el
árbol de la vida como un espejo de nuestras andanzas actuales. En la
Celestina, por ejemplo, la vida es el espacio de tiempo que media entre
dos actos sobre los que nunca tenemos control alguno, por muy dios que
nos creamos: nacimiento y muerte. Las últimas palabras de Pleberio, ante
el cadáver de su hija, son: ¿Por qué me dejaste triste y solo en este
valle de lágrimas? Es una interrogación que todavía hoy nos interroga a
los presentes y que también interrogará a las generaciones futuras. Nos
vemos en los clásicos como en esos libros del universo deslumbrante. Lo
vital es tomar su luz y apagar sombras. Es un camino andado del que a
veces nos salimos por ignorancia y necedad.
Naturalmente, para expresar lo que se admira, antes hay que vivirlo,
renacer a su lado, iluminarse de su sabor y saber, abrir fronteras y
cerrar frentes, airearse de justicia y orearse de libertad, antes que
esta sociedad permisiva y frívola, que recluta adictos a golpe de talón
publicitario por doquier medio comunicativo, adinerada y sin corazón, se
adueñe de nuestro silencio. Sólo hay que leer los anuncios por palabras
de periódicos, mirar la tele, oír la calle, olfatear carteles, degustar
cotilleos, o explorar contactos sin tacto alguno, para darse cuenta de
que la publicidad nos gobierna, tanto o más que el desgobierno de
algunos gobiernos que presumen de lo que no tienen en cartera, puesto
que son incapaces de poner remedio a grandes males, como es el comercio
de carne humana y hacer la vista gorda ante los baños de alcohol y demás
vicios añadidos, que adolescentes con cara de niño triste, practican en
la universidad del asfalto.
Nos quieren hacer ver que todos los seres humanos somos iguales, como si
todos los hombres sintieran más por sus partes bajas que con el corazón
y que todas las mujeres eligieran por el deseo genital como la
caprichosa ratita del cuento clásico que pregunta: ¿Y por la noche que
harás? ¿Cuánto te mide? Los efectos del despelote ya están ahí.
Sin entrar a
juzgar las conciencias, ateniéndonos a los hechos que se ven, hemos de
reconocer la crecida, en cuanto a enfermedades de la mente, fruto de las
fantasías que nos inyectan a poco que nos dejemos llevar por la fiebre
del deseo de desearlo todo, como si ese todo fuese a envolvernos en el
gozo de la eternidad, cuando sólo la
capacidad de la razón puede ayudarnos a salir de la oscuridad en la que
cada día, por desgracia, son más las personas que se encuentran. La
receta de que sueño sosegado, no tiene nublado, nos puede servir para
pensar que una buena conciencia es la mejor de las almohadas, y así
evadirse, con un saludable corte de mangas, de esta sociedad tan
pastillera como petillera.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -