ALGO
MÁS QUE PALABRAS
¿FRENO A LA PIRATERÍA?
23-10-04
Justicia
sin benignidad no es justicia, sino crueldad. Lo decía ya el famoso
adagio latino: “Exceso de justicia, exceso de injusticia”. Y la
benignísima Concepción Arenal lo repite en bello verso: “Casi siempre es
injusticia/ la austera severidad,/ y la dulce caridad/ es casi siempre
justicia”. Después de haber vivido la atmósfera de la prisión, como
voluntario y ejerciente activista cultural, me reafirmo en que la
justicia debe ser siempre comprensiva con el delincuente y no excederse
en salvajismo, pues de esa forma mezquina se pierde su papel recuperador
y por ese fondo absurdo se ganan represalias vengativas.
La reeducación más que con la abundancia de leyes, se consigue con
diálogos activos que propicien la reconciliación. A veces pienso sobre
la necesidad de legislar menos y actuar con más humanidad y cierta dosis
de prudencia, apostando por alternativas menos dolorosas que la cárcel,
que no tienen porque ser menos efectivas. Antes habría que priorizar la
prevención social de la plaga de exclusión que soportan algunas
personas, totalmente inhumanas, a causa de injustas políticas
redistributivas.
Esto viene a cuento de algunas palmas oídas en relación a los delitos
contra la propiedad intelectual e industrial que se han convertido en
delitos de carácter público y, como tales, serán perseguibles de oficio
sin necesidad de denuncia, por parte de la persona agraviada. Aquello de
que el que la haga que la pague está muy bien, pero cuando se tienen las
necesidades cubiertas. Más que perseguir a los últimos de la red, casi
siempre personas que habitan en la marginalidad, el castigo habría que
imponérselo a las organizaciones mafiosas que acostumbran a estar
escondidos, como ratones en la madriguera, a la sombra de sus esclavos,
embolsándose grandes caudales monetarios sin apenas arriesgar nada, con
imbricaciones incluso internacionales, verdaderos causantes de la
ingente ola de piratería intelectual e industrial que padecemos.
En consecuencia, esta reforma encuadrada dentro de un proceso
legislativo, impulsado por la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM),
organismo autónomo del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, en
el marco de la Comisión Interministerial de lucha contra la piratería, y
encaminado al reforzamiento de la protección de los derechos de
propiedad industrial y a su equiparación, en cuanto al tratamiento
legal, respecto de los derechos de autor y afines; tendrá que tener muy
en cuenta a la hora de agravar las penas, quién es quién a la hora de
juzgar, y llegar a la raíz (o al laberinto de raíces) que sostienen el
árbol de la piratería que es más difícil su control de lo que se piensa.
Dicho lo anterior, se me ocurre que el destino posterior de las
mercancías incautadas, podría ir en beneficio de programas de
reeducación y apoyos alternativos hacia esas personas, generalmente
inmigrantes, que ejercen la venta ambulante ilegal, puesto que son el
primer canal de distribución de productos falsificados y piratas. El
mundo moderno, por escasez de amor, suele excomulgar con dureza a los
marginados, los sentencia a la ligera, como si ellos fuesen el espíritu
del mal, la violencia, el terror, el hedonismo, la pornografía y las
distintas formas de inmoralidad profesada, sin acudir al meollo de la
cuestión, que generalmente está anidado en otros mundos, en los del
poder y el vicio. En vez de tanta siembra de leyes, tendríamos que
proclamar menos poderes y más corazón, el auténtico proceso de curación
para vivir y dejar vivir.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -