ALGO
MÁS QUE PALABRAS
EL DÍA DE LA HISPANIDAD
11-10-04
El
descubrimiento de América, como el hallazgo de la vida, lleva el sello
del asombro y la identidad de cada cual en su universo, donde siempre es
posible reencontrarse con la voz del silencio y el abecedario de un
corazón que habla. La humanidad, más enraizada que nunca a las distintas
razas, escribe su singular poema con los labios del sentimiento. Nadie
borre los esquejes de la pasión en el jardín del mundo. Para ser hay que
ser con los otros y los otros con el ser. Sólo así seremos un tallo
esplendoroso de versos y una raíz fecunda, capaz de acrecentar la poesía
diferencial que cada cual llevamos consigo. Las níveas esencias de los
abrazos, cuando se donan de alma a alma, florecen y despejan los cielos.
En los horizontes abiertos, donde no existen fronteras, ni frentes en
conflicto, el aire es un continuo aleteo de besos que reaviva esperanzas
y aviva a vivir.
Hoy es el día del encuentro sincero. Con más latidos que
palabras, el poeta nicaragüense, Rubén Darío, hijo de la nueva España,
resume todo lo que significó el momento: “...Mientras el mundo aliente
un sueño, / mientras haya una viva pasión, / un noble empeño, / una
imposible hazaña, / una América oculta que hallar, / vivirá España.”
(Del canto: “Al rey Óscar”). El tiempo no puede suprimir gratitudes
vertidas, ni gratuidades donadas, que hicieron brotar vínculos de
hermanamiento. La festividad será tanto más saludable, cuánto más nos
escuchemos en mutua y recíproca confraternidad. Siempre será bueno estar
todos con la madre patria, y todas las patrias con la madre, poblando y
repoblando historias que nos unen y convivencias que nos ensamblan.
Bienvenidas, pues, todas las ofrendas de luz y vida en
este doce de octubre, en el que todo sabe a concordia y paz, y donde la
España descubridora y conquistadora –según reza en un decreto- volcó
sobre el continente enigmático el magnífico valor de sus guerreros, el
ardor de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de
sus sabios, la labor de sus menestrales, y derramó sus virtudes sobre la
inmensa heredad que integra la nación americana.
En todo caso, la fecha puede servirnos en estos momentos,
cuando el mundo es más chico que nunca, para comprender que esta tierra
es de todos y que la construimos juntos, todas las razas y linajes, las
diversas castas de hispanos con sus culturas de aquí y de allá. Nadie
sobra. En suma, la celebración de un gozoso doce de octubre, debe
encaminarnos a una mayor comprensión hacia las migraciones, desde un
espíritu de entendimiento, con vista a esa fraternidad de la familia
humana tan necesaria para convivir y vivir en armonía. En lugar de
mantener la confusión de lenguas y el desprecio hacia algunas razas,
celebraciones así han de ayudarnos, en definitiva, a descubrir, como los
descubridores de antaño, esa innata voz común, inteligible para todos, y
que no es otra que el lenguaje del amor. Hay que reconocerse en ese
silabario de ternuras y enternecerse, hacerse más de la fiesta del
hermano, al que tantas veces dejamos dormir en los soportales, a la
intemperie, como si fuese una piedra en vez de un ser humano que ya es
decir.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -