ALGO
MÁS QUE PALABRAS
LA RUINA A MÁS... Y MÁS
16-09-04
El
romance de doña Paciencia en casa de los Afligidos, víctima del continuo
coqueteo crediticio, tras negarle la visita don Regalado, -titular del
departamento de causas imposibles- para que los niños tuviesen libros de
balde este curso, echa humo. A última hora, sabedores que falta mucho
para que las ilustrísimas urnas hablen, pensaron que lo gratuito no se
valora. Y toma mazazo: ¡a pagar libros! La verdad es que, el mencionado
hogar, son los únicos que compran durante todo el año. Aún así, el papi,
con más fe que doña Paciencia, espera el milagro de alguna alma
caritativa. Sobre todo desde que llamó a la tele y una de esas brujas
televisivas, le confirmó, afirmó y reafirmó por activa y pasiva, para
que la cuenta telefónica también creciera, que su plegaria de lloros
sería tenida en cuenta por la corte lotera. Dicho lo cual, tomó la calle
de las loterías, y se puso como don Quijote, - citado y recitado como
signo de distinción por la clase política - a buscar y rebuscar la
Dulcinea del número de la suerte.
Ante tantos
desembolsos, los del juego de azar y los colegiales, el embolso a los
bancos y el reembolso a las agencias de viajes, la cuesta de septiembre
cuesta subirla y pasarla. Cada curso son más los libros, los cuadernos
de actividades impresos y más dispendio para extraescolar y deporte. Más
para saber menos, en actitudes y conocimientos, en decir que ¡no! a las
drogas y en desdecir a los dioses que imponen más que proponen, compran
más que donan, odian más que aman. Nos arrasan ruinas que nos arruinan.
Ahora comprendo lo de la depresión de las familias. Con tantos débitos
en casa cualquiera ríe la gracia. Ese goce de endeudarse hasta los
dientes, y pasar de todo, sólo queda para los ayuntamientos, o para
esas autonomías, que se saltan a la torera lo de la estabilidad
presupuestaria.
Pienso que nos hacen
falta huchas fraternas para todo y para todos. Alcancías de humanidad y
arcas en comunión, capaces de avivar la cultura de la donación y del
amor, sin letra de cambio, a las personas que se encuentran en
dificultades o enganchadas al consumo. Otra droga más. Qué lejos quedan
aquellas cajas crediticias apellidadas como montes de piedad, verdaderas
arboledas de aliento. Todo ha cambiado, menos el interés por el interés,
la arrogancia, la avaricia y otros desórdenes que debemos atajar lo
antes posible. La moral está por los suelos, sin ecologistas que pongan
orden y sin autoridad que ponga ética.
La cuenta de
resultados es preocupante. El balance de sumas y saldos se salda con
ciudades sin alma, comunidades sin vínculo solidario, estados sin estado
de buena esperanza, estadios sin humanidad. Ante la Europa sin raíces,
el árbol del mundo se seca. Hacen falta multitud de aguadores, unidos y
reunidos, para amarse y animarse, comunicarse y crecerse. Sobran los
mercados de los mercaderes. Todo se sale de madre y la madre, doña
Paciencia, está al borde de la locura. Esto es una ruina –insisto- que
nos destroza la rima de vivir. Se necesitan juglares del amor, para que
nos rediman el dolor del alma y nos liberalicen el cuerpo de los mil
desconsuelos sin consuelo.
Añado esta posdata:
en la casa de los Afligidos, me han pedido un S.O.S., precisan algún
mecenas que les compre los libros a sus hijos, todos en edad escolar.
Acérrimos seguidores de la semántica de ZP, se han fiado de sus sílabas
(y de su silabario) y se creyeron a pies juntillas, como dogma de
palabra verdadera, que este año lo de ir a la escuela salía gratis. Por
ello, se han dejado todos los ahorros en tomar el sol a cuerpo de rey.
Finalizado el reinado de disfrutes, no encuentran avalista que les
libere de los números rojos. ¡0jú, qué calor!
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -