ALGO
MÁS QUE PALABRAS
LOS DERECHOS COMO
NEGOCIO
22-07-04
El
arte de vivir bien y ser dichoso también vale su precio en oro. Los
derechos humanos se pierden sepultados por intereses de mercado y por
oportunistas sin escrúpulo alguno. Hablemos de España. Aquí también la
persona se devalúa, se vende por unas migajas, y hasta se pone a la
reventa. Tampoco las leyes se respetan como se debiera, entre otras
cosas, porque de la noche a la mañana cambian. La seguridad jurídica
deja mucho que desear. Asimismo es más triste que la propia muerte, la
manera de morir en vida seres humanos, en un mundo de ricos, donde se
permiten experiencias laborales próximas al esclavismo y a la
indefensión más absoluta, condiciones de infravivienda y de pobreza
severa, experiencias de marginación y de exclusión social, sobre todo de
inmigrantes abocados a un horizonte sin futuro.
Todo se compra y se vende. También los
derechos, para desgracia de la vida. Los encuentros y diálogos suelen
ser más tolerantes para aquellas personas con más recursos económicos.
La hospitalidad a veces no es tan auténtica como se expresa. Muy pocos
suelen compartir algo con los necesitados. Cada día son más y reciben
menos. Algunos prefieren mimar a un animal antes que a un indefenso
niño. Tampoco la ley es igual para los ciudadanos. El que más tiene
busca mejores abogados. Existen injustas discriminaciones que adulteran
el horizonte del respeto ético de la naturaleza y del ser como tal; como
persona. Se han perdido tantas conciencias en el camino, que se
precisan nuevos cultivos que nos lleven a escuchar la voz del alma.
Esa sí que sería una verdadera transición cultural y no la que vociferan
algunos mediocres vestidos de intelectuales, con más odios y venganzas
en el cuerpo, que sabiduría en el corazón.
Una cosa es hablar y otra dar trigo.
Predicar moral y tolerancia, como lo hacen algunos políticos con un
cinismo descarado, es de lo más fácil; otra cosa es ajustar esa moral
que se sermonea, desde todos los bandos gubernativos, a la vida diaria.
Ahora comprendo que los Obispos alcen su voz porque, algunos dirigentes
de la política con sus apostolados protectores, aunque suelen llevar
gato encerrado (compromisos contraídos), acaban quitándoles el puesto.
Ya se sabe, la mentira en un principio, suele ganar la batalla a la
verdad. Lo cierto es que hay mucho sermón absurdo y poca ponderación.
Los mares de impudicia se han vuelto irrespirables, mientras la
auténtica liberación del hombre está por llegar. Algunos son tan necios
que se frotan las manos pensando que nos hemos creído que somos libres.
Otros sermonean derechos a la vida y, a renglón seguido, hacen palmas
con las abultadas estadísticas de abortos, como si la existencia fuese
un tablao de instintos y una juerga de poderes.
Nada va bien cuando los hechos contradicen
las palabras. La realidad es muy distinta. El trabajo, que es un derecho
y un deber, prosigue en precario. En nada hemos avanzado a pesar de que
los sindicatos se callen. Continúa siendo el principal problema de los
españoles. La vivienda, otro de los derechos convertido en negocio, al
que los poderes públicos hacen oídos sordos. Igualmente es otra
preocupación para los españoles, sobre todo aquellos que menos poder
adquisitivo tienen. No pueden hacer frente a las hipotecas. Las drogas
campean a sus anchas, don dinero es como la furia del mar en movimiento.
La violencia contra la mujer prosigue en su crecida, porque una cosa es
legislar y, otra muy distinta, educar para la paz y para la vida.
Además, por si eran pocas cuestiones de derecho fundamental, la sanidad
también se resiente. Es la misma cantarina de todos los veranos. Mucho
reconocer el derecho a la protección de la salud, pero luego si quieres
un buen servicio, paga. Los seguros privados se están poniendo las
botas.
Verdaderamente los tiempos han cambiado,
para unos más que para otros. En cualquier caso, la atmósfera del caos
es impresionante. Nada funciona. La confusión es total. Para tenernos
entretenidos y que el despiste nos alcance, algunos mandamases han
optado por hacer responsable de todo este desorden a la iglesia católica
(más en minúscula que nunca). El ataque es continuo. Sin embargo, miren
por donde, a pesar de la callada por respuesta, es cuando más
manifestaciones públicas de fe están sucediendo. El que miles y miles de
jóvenes vayan de peregrinos a Santiago, participen en proyectos de
Cáritas o movimientos de iglesia (sigo con la minúscula), no es noticia.
Sólo es noticiable lo escandaloso, lo fuera de lugar, lo salvaje. La
historia universal lo confirma: ninguna sociedad ha dado a las
relaciones homosexuales el reconocimiento jurídico de la institución
matrimonial. En España somos más chulos que nadie. Hagámoslo contra
viento y marea. Y que salga el sol por Antequera. Que lejos queda
aquella enseñanza del viejo profesor Tierno Galván, cuando dijo: que el
triunfo político es la suma del sentido común. Ahora faltan tantos
sentidos, que cualquier borrego puede triunfar.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -