ALGO
MÁS QUE PALABRAS
RECONOCIMIENTO AL
FLAMENCO
14-07-04
Está
bien eso de premiar lo nuestro y de reconocer un arte, no siempre
valorado en su justa medida, que engrandece nuestras raíces, las de
Andalucía y las de España entera. Con el premio Príncipe de Asturias de
las Artes, al guitarrista Paco de Lucía, se premia toda una vida de
sacrificios y, además, se distingue a un arte andaluz tantas veces
incomprendido y maltratado. Cualquier forma, los cantaores con sus voces
al viento, las olas del baile o el grito del compás de la guitarra,
merecen el más sincero de los aplausos, porque su atmósfera purifica y
provoca un desahogo puro.
El flamenco nos hermana con pueblos
oprimidos y barrios gitanos, a través de un lenguaje, que es todo un
camino de lunas y soles, donde las gentes lo representan con total
entrega. Dejan el alma en ello. El cantaor lleva la voz en el corazón,
el bailarín los oídos en sus pies y el guitarrista los acordes del cielo
en sus manos. Unas destrezas que Paco de Lucia las acrecienta, hasta
sentar cátedra, bajo un modo propio e inconfundible. Lo ha dicho el
jurado en el acta: Este gaditano, de Algeciras, ha trascendido fronteras
y estilos y es hoy un músico de dimensión universal. A partir de la
guitarra flamenca ha profundizado también en el repertorio clásico
español -de Albéniz a Falla- , en la emoción del bossa nova y el
sentimiento del jazz. Todo cuanto puede expresarse con las seis cuerdas
de la guitarra está en sus manos, que se animan con la emocionante
hondura de la sensibilidad y la limpieza de la máxima honradez
interpretativa.
Toda esta atmósfera flamenca, cultivada de
gracia y dones que nos empapa de versos, bajo un clima de fuerza
creadora y duende, es algo tan sublime, como la contemplación del mar
desde la luna. Por ello, debe considerarse como arte. Te enciende y
asciende, te pone alas y vuelos, hasta olvidar tristezas y recordar
alegrías. Los premios Príncipe de Asturias, considerados como evento
serio y cultural, de alto interés informativo por todos los medios de
comunicación del mundo, han dado en el clavo al premiar a uno de los
cultivadores más puros del flamenco. Es una buena noticia para todos. El
flamenco ha de avivarse y vivirse, no es cosa de pocos, forma parte de
nuestra identidad, de nuestra historia y nuestra vida.
Y así considerado, como algo nuestro, debe
también integrarse en los planes educativos, puesto que el flamenco es
una de las más genuinas manifestaciones del arte andaluz, y por ende de
nuestro arte español, la que más lo define y distingue en relación con
otros pueblos. Por desgracia, todavía seguimos sin reconocernos en el
flamenco, y cuando no se conoce la realidad de este arte, difícil lo
tenemos para apreciarlo y menos para transmitirlo. Este premio, pues, es
todo un respiro y una consideración al universo de colores y calores, de
gozos y virtudes, de poesía en movimiento y de claridades que nos
conmueven. Es todo un jardín de belleza, en él todo es inspiración,
porque donde mueren los silencios, nace el alarido desgarrador de una
guitarra y donde brotan las soledades, crece una voz que despierta.
Hoy, bajo el estado del gozo, pido que los bailarines bailen como las
estrellas siderales, porque el flamenco ha sido alabado y elevado. Yo
pongo las palmas.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -