ALGO
MÁS QUE PALABRAS
VENCER MIEDOS
26-06-04
Organismos,
instituciones y movimientos internacionales, nos participan a diario la
comisión de gravísimas violaciones a los derechos humanos. Los medios de
comunicación también nos ofrecen buenas dosis de lamentos, angustias y
terror. Los juicios injustos y las torturas, cada día más a la orden del
día, nos sobrecogen y horrorizan. Ante esta ola de calvarios que el
mundo soporta, uno llega a pensar que tal vez sea mejor que le odien con
tal de que le teman. Puede que no sea fácil enarbolar la bandera en
favor de los débiles, pero tenemos que aprender a vencer el miedo. Hemos
de hacer frente al avispero de inseguridades. Nada es tanto de temer
como el temor.
Entre tantos fuegos se necesitan muchas
manos, cuantas más mejor, para extinguir el océano de llamas que nos
circunda y padecemos. De nada se ha de tener tanto miedo como del miedo
a no ser uno mismo. Corremos ese pavor, mal que nos pese. Por eso, se
precisa de toda ayuda que nos mantenga unidos y fuertes en la
protección a la vida, fuere donde fuere, donde habitase un ser humano.
Ante el estado de crueldad que vive el mundo, es un respiro a la paz,
que se reúnan e involucren dirigentes políticos, académicos,
intelectuales y movimientos sociales, como fomenta el Centro de
Convenciones Internacional de Barcelona. Es todo un ejemplo a seguir.
Más que nunca, con
toda urgencia, se necesita que impulsemos foros de discusión para el
intercambio de ideas. Sólo así podremos favorecer el entendimiento
mutuo, la tolerancia, la prevención de conflictos, o parar las
contiendas. En las guerras no hay vencedores, ni vencidos, sino necedad
cobarde para afrontar los problemas. El resultado siempre es el mismo,
una matanza entre personas que ni se conocen ellas mismas. Ante el
diluvio de atentados contra el género humano que se vienen produciendo,
donde ya nadie está seguro en ninguna parte del mundo, se precisa
fomentar la escucha entre Oriente y Occidente, en base a mucho diálogo,
nada de recelos, que conversar es una forma bella de versar la vida. O
lo que es lo mismo, una medicina para el corazón aletargado en el dolor.
Cualquier encuentro o
motivo es saludable para avivar ideales de convivencia, comprensión y
tolerancia. Esa atmósfera comprensiva la pide a gritos el mundo de hoy.
Y para ello, es importante salvaguardar los derechos más naturales, los
inherentes a todo ser humano por el hecho de serlo. Aquí el mundo no
puede claudicar. Es una vara de medir imprescindible en la vida, tanto
para los culpables como para los inocentes. La negación de juicios
justos es la mayor de las injusticias, una golfería macabra que se
vuelve contra el sosiego. La lluvia torrencial de abusos e hipocresías
poco ayuda a que las tensiones dejen de estar tensas. Una buena noticia
para aflojar nerviosismos, es la patrocinada por Amnistía
Internacional, que se ha comprometido a reavivar y revitalizar la
concepción de los derechos humanos como un poderoso instrumento en la
consecución de cambios concretos. Esa es la línea a seguir, la del
acatamiento a unos principios básicos que nos permitan vivir los unos
con los otros. A veces el lobo no teme al perro pastor, sino su collar
de clavos. Esas claves de convivencia han de ser sagradas para todos, y
como tales, temidas y respetadas por todos.
Decía Alonso de
Ercilla que “el miedo es natural en el prudente, / y el saberlo vencer
es ser valiente”. Hay que serlo, para tirar por tierra las abundantes
casas del horror del mundo, donde se practica la tortura y el genocidio,
la violencia y violaciones, rudezas a mansalva puestas en escena al más
cruel estilo leonero. El desalentador panorama que nos ofrece la tele, o
que vivimos en primera persona, me ratifica en la premura de actuar
desde los derechos humanos, los que nos debieran educar a todo el
planetario. Debiera ser disciplina común en todos los estados y
naciones. Es bueno formarse en ellos e informarse sobre ellos.
Alimentarse de ellos y alentarse en ellos. Seguro que criados a la
sombra de su ejemplo, no haría falta tantos adiestramientos de
ejércitos, ni tantas guerras inútiles para mover al mundo hacia la
concordia.
Retornando a los
muros de la patria nuestra, que un militar se despida del cargo hablando
de mentiras, venganzas y deslealtades; que los políticos se entrometan
en los medios de comunicación dictando sus prioridades informativas; que
la justicia sea más lenta que un tren de vapor; que la sanidad no tenga
habitaciones ni camas suficientes para los enfermos; que los padres no
puedan elegir el tipo de educación que quieran para sus hijos; es una
retahíla de despropósitos que se dan para desgracia de todos. Podríamos
llenar cientos de periódicos con miles de abusos. Por eso, digo una vez
más, hay que vencer miedos, plantar cara y si es preciso dar un puñetazo
en la mesa de algún despacho, reclamando con firmeza los incumplidos
derechos y libertades constitucionales.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -