ALGO
MÁS QUE PALABRAS
APUESTA POR UNA SOCIEDAD CULTA
21-06-04
Durante
este mes, los actos de clausura de cursos académicos, están a la orden
del día. Los de enseñanza, tal y como está el patio de revuelto,
debieran ser preferentes. Considero que la educación debe recuperar con
urgencia su protagonismo de formación integral, al igual que la
autoridad como transmisora de saberes y valores, desde el consenso de
posturas, en favor de la libertad e igualdad de todos, que conlleva la
aceptación de la pluralidad y la interculturalidad. Para tomar el aire
vivificador educativo, tan vital para la convivencia, decidí empaparme
de juventud ilusionada, que ha decidido ser maestra/o, a pesar de tantas
contrariedades, generadas por los distintos gobiernos de las disgregadas
autonomías. Olvidan los políticos que, con la educación, no se juega a
intereses partidistas. Nadie me negará que los cambios en las sucesivas
leyes sobre la educación, estén produciendo gran incertidumbre y
desasosiego.
Ciertamente, la educación, es
como nuestra brújula para orientarnos en la vida, una necesidad social y
una exigencia para crecer. Por tanto, una diabólica instrucción es
nefasta para la integración del ser humano en esa diversidad que nos ha
tocado vivir y que ha de ser valorada como fuente de enriquecimiento
recíproco. Ante una sociedad, movida en la crispación y descorazonada,
un buen rol de progreso será la de contribuir, todos a una, en proyectos
comunes (no separadores) de convivencia. A mi juicio, además, se han
fomentado aprendizajes educativos, bajo un sistema en el que ha
prevalecido la idea de que el conocimiento debe ser “construido y
recreado”, más que “enseñado y asimilado”, olvidando que una formación
sólida se adquiere con esfuerzo, bajo la continua tarea y el apasionante
trabajo que es el estudio, a través de conocimientos troncales (hetero y
autoeducación reunidas), lo que ha dado lugar a personas flexibles, de
fácil adaptación a los cambios, pero sin capacidad de discernimiento.
Añadido a lo anterior, la
realidad nos dice, que nuestros pueblos y ciudades son puntos de
encuentro con otras culturas, procedentes de los lugares más diversos.
Preservando nuestro rasgo cultural, hemos de dar respuesta a la
problemática social que genera la llegada masiva de inmigrantes de las
distintas nacionalidades, a los que hemos de acoger. Este hecho supone
la necesidad de que los gobiernos se planteen atenciones educativas
especiales a familias inmigrantes, tanto a sus hijos como a los
progenitores, teniendo en cuenta que en la mayoría de los movimientos
migratorios subyace una fuerte depresión socioeconómica, por lo que debe
cuidarse la atención especial. Al respecto, los jóvenes maestros
comentaban entre ellos, el deseo apasionante de la educación, su
vocacional entrega, la aspiración de profundizar en contenidos que
abarquen aspectos tales como aprender a ser, aprender a hacer, aprender
a pensar y aprender a convivir.
Por desgracia, la escuela
española ha perdido muchos trenes, incluido el de la integración que no
se puede llevar a cabo, porque se necesitan más equipos humanos para los
servicios de orientación y apoyo, sobre todo en aquellos lugares con
afluencia importante del alumnado inmigrante. Así el clima de
convivencia no puede mejorar. En esto, como en casi todo, hace falta la
implicación y coordinación de todos los agentes sociales significativos.
Todo lo contrario a lo que se percibe en el área docente, mientras el
Estado camina por un lado, la Comunidad Autónoma lo hace por otro, en
total descoordinación con las demás Autonomías que no sean de su misma
corriente política. En medio de todo este embrollo, están los
Ayuntamientos, incapaces y torpes en el logro de un cierto equilibro
poblacional que evite la formación de bolsas de marginalidad, y así
poder avanzar mejor en la tarea educativa.
Viendo a estos jóvenes
diplomados, escuchándoles hablar, oyendo sus enormes ganas de trabajar
en las escuelas, uno realmente siente pena de que se encuentren con un
sistema de enseñanza que no sitúa la acción educativa como algo
prioritario, con proyectos reales que se puedan llevar a cabo,
estructurados para cada lugar, coherentes y unidos, capaces de cuidar la
educación armónica de todos sus alumnos, haciéndola extensiva (y
comprensiva) a las familias. En contraposición a la alegría de los
nuevos maestros, algún docente mayor en los pasillos, junto a otros
compañeros de su misma quinta, comentaba el
clima de cansancio pedagógico que llevaba consigo, (más de
uno parecía tener el síndrome del quemado), sumado a la creciente
dificultad de hacer compatible lo de ser profesor con ser educador.
Para colmo de males, hoy se va extendiendo la tendencia a
delegar el primordial deber educativo de los padres, alegando falta de
tiempo, para invertirlo en lo productivo, cuando lo verdaderamente
fructífero es la educación de los hijos. Para mayor desdicha, son muchos
los niños que crecen sin familia, o entre otras uniones interesadas,
donde unos ponen verdes a los otros y los otros a los unos, delante del
chaval. Ante tal desolador panorama, difícil lo tienen los maestros para
asentar orden y concierto, en un ser en formación que vive en el
desorden y en el desconcierto. En cualquier caso, la nueva promoción de
jóvenes maestros, dejó refrendada la esperanza, mediante el juramento a
coro: “reivindicar con coraje/ una sociedad culta”. Con ese buen
propósito me quedo.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -