ALGO
MÁS QUE PALABRAS
NARRAR LA VIDA EN LA ESPAÑA EUROPEA
13-06-04
Se
han perdido tantas ilusiones, por más paraísos que nos vendan, que
echamos humo por la boca. La quema del ser humano se percibe en doquier
atmósfera, a poco que nos pongamos a vernos los unos con los otros. Los
que trabajan tienen el síndrome del estrés o del desgaste profesional.
Los que no lo hacen tienen el del aburrimiento. La tendencia al
abatimiento depresivo está a la orden del día. El uso de un lenguaje
deshumanizado, cínico o sarcástico, nos deja sin poesía que nos aliente
(y alimente), que es como decir sin aire para la vida.
Contaminada la
atmósfera de tantas viles irritantes, cuesta vivir a corazón abierto.
Aparecen las palpitaciones, y no son por el efecto del afecto al amor,
las hipertensiones de tanto tensar ceños y cosechar cismas, las crisis
asmáticas por emborracharse de angustias, los dolores del alma, las
cefaleas y demás aditamentos de no pegar ojo. La quema nos afecta a toda
pastilla, por más pastillas que nos bebamos para apagar el fuego del que
somos portadores (y sufridores). Los cuerpos se ponen a prueba. Unos se
quedan como fideos, otros como botijos. Los corazones se paran en seco.
El frenazo nos irrita hasta el duodeno.
En vista de lo
visto, reivindico el derecho a ser yo, aunque me equivoque. La
literatura puede ayudarnos a ver la vida con distintos ojos, porque como
ha escrito el flamante Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2004,
Claudio Magris, las letras nos narran, sin predicaciones, ni sermones,
realidades vivas que nos avivan por dentro. Refrendo su deseo, aquel que
“tras cada realidad, hay otras posibilidades que hay que liberar de
la cárcel de lo existente”. Jamás hemos estado tan encarcelados como
en el momento actual. Necesitamos romper rejas sin sentir culpabilidad,
liberar potencialidades sin violar los derechos de los demás, juzgar
conductas propias, pensamientos y emociones, por nosotros mismos. Ser,
sobre todo en el ser, para ser en los demás.
El lenguaje del
futuro, para que la quema disminuya, debe fugarse de pensamientos
absolutos, como el todo y la nada, de la descalificación, de
conclusiones arbitrarias, de etiquetas preconcebidas, de razonamientos
emocionales. El mundo es una llama difícil de achicar, porque los labios
del ser humano se mueven por el aire de los desaires. La sociedad
debiera no estar encerrada en sí misma, con los brazos de la
autocomplacencia, acunada por el pensamiento único.
Mal nos irá, por
mucho que se nos llene la boca de europeos, sino aceptamos la pluralidad
y la diferencia, si la prosperidad deja de repartirse entre los
necesitados, haciéndolo con total descaro y despilfarro
vividores/bebedores de políticas que le importa un rábano que la casta
de pobres exista, (las estadísticas de Cáritas debiera ponernos la carne
de gallina), si el universalismo lo achicamos en provincialismo o en
serenatas de autodeterminaciones absurdas, si miramos hacia otro lado
ante los problemas del mundo. Para colmo de males, cada día somos menos
fiables y más navajeros, más manipuladores y menos sensatos. Dicho lo
cual, narrar la vida hoy, se ha convertido en una farsa sin precedentes;
tan chabacana y grotesca, que el enredo es lo más parecido a una selva.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -