ALGO
MÁS QUE PALABRAS
UN ESLOGAN SIN VERDAD, NO ES GARANTÍA
DE NADA
30-05-04
Los baños de
eslóganes que a diario recibimos por tierra, mar y aire, se han
convertido en formas avasalladoras y déspotas, fondos sin verdad alguna,
expresiones breves que nos impresionan y aprisionan, reprimen y
aborregan. Nos podrán decir mucho en pocas palabras, pero nada nos
garantizan. El aval, en la mayoría de los casos, carece de autenticidad;
y, lo que no es verdadero, nunca es benigno, por más que nos quieran
transmitir y retener. Al igual que una cultura sin verdad, no es una
garantía para la libertad, tampoco las palabras bellas encauzadas, a
golpe de engaño, serán caución para la vida. Un ejemplo ilustrativo
podría ser, ahora que todos tenemos la fiebre del amor europeo, la
prepotencia de esa vuelta a Europa, contigo o consigo aunque sea lo más
engañoso, pero fuertes, sin actitud humilde alguna. Ya me dirán, ¿cómo
resolver el problema de la Europa unida si se parte de planteamientos
falsos? Serán amores imposibles para desgracia de todos.
Demasiada
literatura nos venden y pocos compromisos reales se cotizan. Los
ambientes empiezan a estar hartos de frases que, nos dejan frescos, para
calentarnos a tortas, los unos con los otros. Nos falta esa perspectiva
de la verdad, capaz de hacernos trascender en las ideas, de
esperanzarnos, más que como ciudadanos, término puesto de moda por los
políticos en los últimos tiempos, como personas; el único ser del
universo visible capaz de tomar conciencia de sí. Tomada esa razón de
verdad, los eslóganes dejarían de entrar en conflicto. Un raciocinio que
debe ser cultivado en todos los centros educativos, para que seamos
capaces de discernir el diluvio de lemas que nos bombardean. Entre todos
los recursos materiales y humanos de escuelas y universidades, se
precisa una cátedra de laboratorio cultural, que nos cultive en el
pensamiento. Esto sería bueno para crecer en diálogos constructivos. De
lo contrario, las letras serán sólo letras sin semántica, ni armonía
alguna; las ciencias perderán conciencia y sentido de vida; el
pensamiento educado filosóficamente, olvidará la trascendencia del ser
humano.
El espectáculo de
eslóganes ha dejado de ser creíble por su increíble necedad y torpeza.
Luego, los hechos son los que son. En un ámbito de disgregación, en el
que todo se mueve por intereses económicos y de partido (marcas),
resulta difícil tragarse historias que, aunque estén bien servidas, nos
indigestan. Por muy cultivados que nos veamos, tal vez más de cara a la
galería, y reflexionemos sobre la cultura europea, lo cierto es que en
nuestra propia casa, todavía somos incapaces de ponernos de acuerdo en
temas que son derechos fundamentales, como el educativo, donde una
actitud partidista está produciendo confrontaciones sin precedentes.
Este espectáculo bochornoso de unos políticos incapaces de ponerse de
acuerdo, sí que debiéramos fijarlo en la memoria, más que ese árbol de
recetas eslogan, por muy frondoso que sea. Hay ciertos abonos que a las
plantas vuelven artificiales, como hay ciertos pensamientos que a los
seres humanos nos vuelven cretinos.
La impresionante
red de eslóganes y marcas que nos circundan, requieren instituciones
educativas serias y profundas, dispuestas a enseñarnos la verdad del
horizonte, de hacernos ver las profundas necesidades y aspiraciones de
una sociedad que corre cada vez más el peligro de olvidar sus raíces de
vida, sometida a una visión sin alma, de culto al cuerpo, viciada por el
sexo y enviciada por la material. Afrontar este desafío exige
desempolvar tantas falsedades de eslóganes, que son bandera de algunas
mentes perversas. Urge, a mi juicio, desarrollar una presentación
persuasiva de la auténtica verdad, sin condiciones, ni condicionantes
alguno, porque de seguir con la mentira, la vida también dejará de ser
ella misma; será una condición, condicionada a ser productivo. El que no
lo sea, que se olvide de vivir, ofertándosele una muerte solapada, una
muerte dulce. Algo tremendo, tremebundo, pero que está ahí, y que muchos
pensadores han bautizado como la cultura de la muerte del nuevo siglo.
Frente a tantos
desajustes, pienso que un buen auxilio para la reflexión, no pasa por
beber eslóganes sin más, sino por analizar situaciones. En este caso, el
Sitges Teatro Internacional al adoptar el compromiso de presentar
espectáculos sobre la intolerancia, el drama de los emigrantes que
mueren en pateras, la prostitución o la guerra de Irak, contribuye a que
el pensamiento florezca desde la puesta en escena de imágenes que han de
conmovernos, porque es la realidad viva la que se nos ofrece, la verdad
de tantas circunstancias horribles, que debemos repeler con el corazón
de la unidad. Eso si es garantía de paz en el futuro; como garantía de
vida, será ofrecerles posada a los que nada tienen; y, descanso de luz,
a los que viven en tinieblas.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -