ALGO
MÁS QUE PALABRAS
DE CORAZONES VIVE LA VIDA
Servidor
pensaba, lo difícil que sería encontrar un voluntario de los que se dona
a corazón abierto, con interés cero. Lo de emplearse en los demás a
fondo perdido, sin beneficiarse de las desgracias ajenas, me parecía un
imposible hasta ayer, que tuve el auxilio de un grupo de voluntarios de
la Fraternidad Cristiana de Enfermos y Discapacitados, a los que pedí
ayuda para que un joven sin recursos, y en silla de ruedas, pueda
conocer el mar. Su gran deseo. El sueño será una realidad próximamente,
gracias a la generosidad del voluntariado de esta Asociación, portadora
de la mejor medicina, la voluntad y el ánimo gozoso.
Después de la lección que me dio este grupo de solidarios, ansiosos por
proveer de felicidad a un ser humano, sin pedir nada a cambio,
recapacitaba sobre el valor de su valor. Quizás todos nosotros,
debiéramos valorar más las múltiples formas de voluntariado, que
representan un factor de crecimiento y civilización. A posteriori me
enteré, lo frecuente que son estas intervenciones, de suplir o
anticiparse a las instituciones públicas. Con ellos, no hace falta
papeleo alguno. Les mueve una fuerza innata del corazón, el de ayudar a
todas las personas. Son como un sol de vida en la noche.
Motivado por la curiosidad de la entrega del tiempo, que tanto nos
escasea a todos hoy en día, perplejo por tanta donación sin recompensa
alguna, le sonsaqué al interlocutor sobre el ejercicio de su
voluntariado. Al tiempo, que no cesaba de preguntarme: ¿Les habré dado
tanta pena y compasión, que no han podido decirme que no? La duda quedó
salvada con su respuesta: “Aquí todos hemos decidido de forma libre,
por principios altruistas y solidarios, con motivaciones diversas,
actuar de forma organizada, sin recompensa externa, en situaciones de
interés general, con el objetivo de beneficiar, efectivamente, a otros,
directa o indirectamente. En este caso, a tu amigo, que le presentaremos
a nuestros amigos, y así pasaremos un día redondo en la playa”.
Desde ahora, y para siempre, pensaré que los voluntarios son los mejores
médicos del mundo, tienen la docta virtud de asistir y el docto encanto
de ayudar. No encuentro mejor nombramiento, que nombrarles titulados del
Doctor Alegría. Mi amigo ha rejuvenecido, vive de otra manera al saber
que podrá besar el mar con los ojos del corazón, abrazar sus olas,
respirar sus perfumes y acariciar sus melenas de aire. El mar es su
nueva vida, gracias al amor que ponen estos voluntarios; un amor
desconocido que, al conocerlo, es invencible.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -