ALGO
MÁS QUE PALABRAS
LA VIDA ES
PARA VIVIRLA
04-05-04
Los tiempos actuales, gestados por el ser humano, son de
una crueldad cretina como nunca lo han sido y de una incoherencia
mayúscula. Apenas nos suscita alarma social nada, que no sea productivo
para nosotros. Ni que cada día tengamos más pobres en las esquinas,
tampoco que nuestros jóvenes vivan en el vicio, y todavía menos, que las
personas mayores lloren nuestra indiferencia. Luego, para más necedad,
instaurados en el estado del bienestar, pasamos de todo, hasta de hacer
valer la vida.
El desespero me puede, hasta perder la paciencia, cuando
uno observa la siega de tantas vidas indefensas. A mansalva. Nos importa
un pimiento. Ya ven lo poco que se comenta, se dice y se patalea, sobre
el incremento en España de abortos provocados. ¿Cuántos se alzan en
valedores de los no nacidos, que la ciencia nos dice que ya son vidas
humanas? Para empezar, el Estado, con sus legisladores y garantes de la
justicia, con sus gobiernos y administraciones, son responsables
directos de tanta masacre. Yo así lo pienso, puesto que, todos ellos,
unos en una medida y otros en otra, han de proteger y promover la vida
de todos, una cuestión básica de derecho, de elemental principio de
humanidad. O de urbanidad de alma. No somos bestias.
También la ciudadanía andamos faltos de sensibilidad y
ternura. A veces las piedras son menos duras que nuestro corazón. Una
sociedad que vive, más a lo loco que en la vida, y que para colmo de
males no deja vivir, acaba mal. No tiene futuro. Porque la propia vida,
su propia existencia, se la cepilla. Ya me dirán qué hacemos sin niños.
Por eso, es tan importante el apoyo económico a la familia como tal, de
la que se habla mucho, pero se hace poco.
Por si era insuficiente lo anterior, la ferviente
eliminación de embriones, alegando sueños más que sapiencia, aunque nos
vendan ciencia, de los que por cierto habría que llevar un registro
fehaciente, es otra forma de matar. De seguir así, nos será muy difícil
vivir en la tierra. Quizás, por ello, los poderosos están buscando vida
en otros universos. En cualquier caso, yo me quedo, y se la ofrezco al
lector como reflexión última, una frase de Joseph Joubert: Dios hizo la
vida para vivirla y no para conocerla. Dejémonos, pues, que la vida nos
viva.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -