ALGO
MÁS QUE PALABRAS
UN
AIRE DE ESPERANZA
Nos
desvela el padre de la criatura, el afamado artista Antonio López, que
será una estela de esperanza, la escultura que se alce en Atocha, como
recuerdo de las víctimas del once de marzo. El arte es un aire de
esperanza, un goce por sí mismo, una atmósfera que nos enciende los
pétalos del alma. El creador nos describe el conjunto escultórico que
llevará por título “El día y la noche”, como “la inocencia, la limpieza
que puede transmitir un rostro”.
Realmente nos hace falta esa luz ante tantas sombras. El arte es un buen
sol para iluminarnos en la defensa de los derechos humanos, creciendo
más por dentro, porque la salvajada del terrorismo, no es cuestión de
unas naciones frente a otras, sino de todo el planetario, incapaz de
fomentar alianzas estéticas y bonanzas éticas. Hemos quitado de nuestras
vidas, la moderación y la mesura, el sentido común y la universalidad
del ser humano. Nos envidiamos como buitres carroñeros. Olvidamos que,
en cada soplo de arte, hay cristalinos amaneceres y cuantiosas crecidas
de árboles, que tras los duros inviernos, florecen palpitantes en
primavera.
El
admirado escultor, apuesta por la magia y el sueño, por el encantamiento
y la quimera. La laboriosa trenza de su destreza artística siempre tiene
miga. Esta obra no iba a ser menos. Así lo comenta: “ver una cabeza de
niño es siempre algo bueno, libre de pesadumbre, de todas esas cosas que
después nos ocurren, oscuras, negras”. Aspira a que respiremos, mediante
la genialidad de su efigie, la ilusión de la vida, y que los viandantes
que paseen por la estación, se liberen de la pesadumbre del tormento de
los tristes recuerdos. Ya lo dice la copla popular: “Quien espera
desespera; / quien desespera no alcanza; / por eso es bueno esperar.../
y no perder la esperanza”.
Y es
verdad. No podemos malograr la esperanza de reencontrar encuentros
perdidos. Precisamos volver humano, lo inhumano; fraternizar religiones
y hermanar culturas. El arte es la mejor de las leyes, reanima el perdón
y anima la vida. Su senda nos encamina a mejores horizontes y nos torna
un corazón que vibra. Sin duda, la obra escultórica de Antonio López,
nos dará ese alimento espiritual que tanto necesitamos para vivir, nos
pondrá alas en el alma, y consuelo al luto que la brisa lleva consigo.
Una vez más el arte, nos salva de la muerte que vivimos a diario, en
nuestro diario, fe de vida.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -