ALGO
MÁS QUE PALABRAS
EL LETARGO DE LA
UNIVERSIDAD
Hace
tiempo que las universidades españolas –sobre todo las públicas- han
dejado de ser instituciones desinteresadas y libres, centros capaces de
universalizar a sus educandos, lugares para el pensamiento y el diálogo,
espacios donde se proponen ideas para la convivencia, aulas de conceptos
y conductas globales para un mundo globalizado, foco de enseñanza
diversa y crítica que nos encamine (y encauce) a un auténtico humanismo,
nos exhorte a interrogarnos sobre nuestra existencia y formas de habitar
en un continuo mestizaje. En suma, valga la duplicación, hace tiempo que
hemos perdido el tiempo. La educación anda por los suelos, porque la
mentira se ha tragado la docencia de la decencia.
Ciertamente, a poco que nos adentremos en
la Universidad, vemos que la figura del pensador universitario, que todo
lo fundamenta, estudia y dialoga, ha desaparecido prácticamente. En
bastantes ocasiones se echan de menos voces autorizadas, intelectuales
claros y hondos, maestros del raciocinio, que pongan en orden tantos
desórdenes. El caso de que el Gobierno español pagase durante años una
sustanciosa beca, con el dinero de todos, para realizar estudios
superiores al jefe de los terroristas del 11-M, refrenda la nula
educación en valores de nuestras facultades, aletargadas en creatividad
e incapaces en irradiar intelectos que nos ayuden a vivir a todos mejor.
Pienso, además, que el problema no es
tanto la selección de los educandos como el fallo educativo. Aunque un
joven universitario, enterado de la beca al terrorista, me recordaba lo
de la caridad que empieza por uno mismo, puesto que él había tenido que
buscarse un trabajo de camarero para proseguir los estudios de
doctorando. En cualquier caso, a mi juicio, una Universidad que no es
capaz de educar para el diálogo y la concordia, para el derecho a
respetar la existencia de los otros, no tiene sentido. Por consiguiente,
entiendo que es prioritario, más que saber, atinar a favorecer la
armonía.
Si antaño se decía
que las universidades eran fábricas de parados, la cuestión no ha
cambiado demasiado, hoy son polvorines de intolerancia, tribunas que
para nada enriquecen interiormente, créditos de burradas configuraciones
que no acreditan humanismo, ni humanidad alguna. Así no se aprende a
razonar con rigor, y menos a obrar con rectitud, para aliviar la vida de
toda vida.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -